JORGE DORÈ- LA EFICAZ LABOR DE BERGOGLIO

ASEDIO DEL ENEMIGO

Gracias a opiniones compartidas en las redes sociales, se sabe que ciertas personas han considerado la visita de Bergoglio a Irlanda como un fracaso rotundo por la ausencia de fieles a su paso.

Pero, ¿Es esto cierto? ¿Acaso este señor no cumple al dedillo la labor que le fuera encomendada por sus “hermanos mayores en la fe”, aquellos que aún aguardan la llegada del Mesías, ante los que Francisco baja la cerviz y esconde su cruz pectoral y con los cuales ora a pesar de que “Quien reza con herejes es un hereje”?

Porque si en algo trabaja incansablemente Bergoglio es en la evolución de la iglesia conciliar hacia un luciferino culto acepto al nuevo orden mundial y afín a las directrices del mismo.

Es método de la iglesia conciliar –rival de la de Cristo y cada día más antagónica a la fundada por Nuestro Señor– hacer que su grey asimile cotidianamente un cierto incremento de herejía, blasfemia y profanación, propiciando su progreso hacia la apostasía en un lento envenenamiento del espíritu.

Envenenamiento que produce, dentro de su leproso cuerpo místico, una reacción hostil a la Tradición y a las verdades reveladas por Nuestro Señor, sin que sus fieles sean capaces ya de reconocer la diferencia entre lo que fuera y lo que es, entre catolicismo real y espurio, entre verdad y mentira, entre papado y subversión.

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“Celebración eucarística” oficiada por Bergoglio, en cuya “consagración” nadie se arrodilla ante la supuesta presencia de Nuestro Señor Jesucristo sacramentado. Es así como cada día la iglesia conciliar avanza un paso más hacia su total desacralización y adaptación al mundo.

Perniciosos elementos infiltrados desde hace años en la iglesia conciliar para cometer todo tipo de abusos en ella –desde pederastia hasta la apostasía– y llevarla hasta su actual deplorable estado moral, están ya recogiendo el fruto de sus iniquidades: el absoluto desprestigio del catolicismo.

Un catolicismo obligado a arrojarse a los pies del mundo para pedir perdón por las traiciones y abusos cometidos contra su feligresía, que deberá contrarrestar con el imperativo de profundos cambios en su estructura interna. Cambios que la despojarán incluso de aquel ya casi imperceptible aroma a tradición que hasta entonces había preservado para poder seguir engatusando a quienes, seducidos por el olor, olvidaron la sustancia.

Aquellos que han montado la maquinaria del caos mundial que hoy padecemos, no escatimaron recursos y esfuerzos en convertir el catolicismo en una entidad controversial y de dudosa reputación que justifica una evolución de esa fe hacia otra acorde a necesidades globales. Porque lo que se está cocinando es un culto universal para una nueva era donde la corrección política y la tolerancia incondicional son nuevos e inviolables dogmas del mismo.

Es por ello que mientras se continúe sosteniendo a Bergoglio –este taimado y melifluo vocero del abismo– como vicario de Cristo en la Tierra, se seguirán favoreciendo los intereses del lado oscuro.

Es obvio que este paladín de la apostasía –más preocupado por asuntos materiales y una misericordia de bisutería que por los destinos del alma humana– está en la nómina moral de los intereses globalistas y que cada día desmantela una piedra más del espurio catolicismo del que es jerarca supremo, para colocarla a los pies de sus amos.

No queda más remedio que rechazar a Bergoglio para eludir sus blasfemias y sus consuetudinarias y recalcitrantes ofensas a la Santísima Trinidad, a la Virgen y al Cielo, provenientes, no de ignorancia teológica o confusión alguna, sino de un metódico plan para desacralizar la Iglesia de Cristo y transformarla en un teatro de inmoralidades, justificando así la necesidad de purificarla desde abajo, más que a golpes de pecho, a golpes de reformas anticristianas en un aggiornamento sin fin que desembocará en los pies del Anticristo.

Sí. Habrá cambios radicales en la iglesia conciliar, imprescindibles para su convergencia con el nuevo orden mundial, hecho que cada día se hace más patente mientras más mundanal y secular se torna ésta.

Es decir: cada día, esa siniestra entidad que eclipsa a la Iglesia fundada por Nuestro Señor, tiene menos de Él y de su Iglesia y más de Lucifer y de sus inicuas intenciones: destronar a Cristo y perder almas.

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