ARMADURA DE DIOS

EL PROBLEMA FEMENINO
III: Estados de la mujer y la sociedad anticristiana
Hemos comprobado en la entrega anterior que existe un problema teológico que obstaculiza a la mujer cumplir con la misión que Dios le ha encomendado.
Y hemos visto que, por su condición más afectiva y dependiente, la mujer sufre más la influencia de la sociedad, y, al mismo tiempo, influye más sobre la misma.
Como la sociedad se ha apartado de Cristo…, y no sólo eso, sino que se ha convertido en anticristiana, las influencias mutuas son malas… e incluso diabólicas.
Consideremos hoy las diversas etapas y los diferentes estados de la mujer, y cómo debe asumirlos para no sucumbir a las tentaciones del demonio, del mundo y de la carne.
1.- La niña: virtud principal = la obediencia
Inmensa importancia tienen la educación, no solamente en orden a la adquisición de la virtud y de la santidad, sino incluso en orden al desarrollo integral de las facultades naturales (sin olvidar el carácter de naturaleza caída).
Para llegar a la cumbre que constituyó la Edad Media, fueron necesarios 1000 años de purificación del paganismo.
Por esa razón, entre el 12 de septiembre de 2011 y el 17 de junio de 2012, hemos publicado una serie de Estudios Doctrinales sobre el tema de la Educación:
* educación religiosa: catecismo, piedad familiar, espiritualidad de la madre.
* educación de la sensibilidad.
* educación de la voluntad.
* educación intelectual: muy importante en esta sociedad deformadora el dar el por qué de las cosas. Lo que perdura en la joven es la IDEA. Tener en cuenta el gran problema de la televisión y de los medios audiovisuales modernos.
* educación del carácter.
* educación de la pureza. Cuidado con las amistades y con los «juegos» entre hermanitos.
Sabemos que el Sacramento del matrimonio da gracias actuales a los padres para la educación acertada de sus hijos.
Si no cuentan con una escuela verdaderamente católica tradicional contrarrevolucionaria, los padres deben suplir.
2.- La joven: virtud principal = la castidad
Con la pubertad y la adolescencia comienza el despertar del corazón.
Es necesario tener en cuenta, como ya lo hemos dicho en la entrega anterior, que la mujer es más afectiva que el hombre.
De allí que sea indispensable conocer y practicar el famoso aforismo de San Agustín: Dos amores fundaron dos ciudades, a saber: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial. La primera se gloría en sí misma, y la segunda, en Dios; porque aquélla busca la gloria de los hombres, y ésta tiene por máxima gloria a Dios, testigo de su conciencia. Aquélla se engríe en su gloria, y ésta dice a su Dios: Vos sois mi gloria y el que me hace ir con la cabeza en alto [Sal. 3, 4]. (La Ciudad de Dios, L. XIV, cap. XXVIII)
Ya que necesita la aprobación de los demás, la joven vive atrapada por la vanidad, que es un orgullo de mala calidad.
¡Atención!
Es la puerta a la impureza: «inocencia» de las jovencitas frente al peligro de escandalizar. ¡Ay de las lindas!
Las modas y el pecado de escándalo.
Las playas y piletas; ciertos deportes.
El maquillaje.
De allí la necesidad de mortificar la vanidad.
Hay que prestar sumo cuidado a las amistades, pues la joven, por ser afectiva, es muy sociable y le influye muchísimo el medio (más que al joven, a quien le influyen más las ideas).
El drama actual es la necesidad imperiosa de buenas amigas, porque la decencia se hace fácil cuando «se pone de moda».
Otro gran problema es el noviazgo:
* concepto actual = es un estado intermedio, en el cual se tienen derechos sin deberes ni responsabilidades.
* problema social = se ha impuesto una grave dificultad para fundar un hogar a temprana edad.
* verdadero noviazgo: las condiciones para iniciarlo son:
– fin = el matrimonio posible y próximo.
– elección = cuidar el corazón. Condiciones espirituales, intelectuales, de carácter, de salud, sociales, etc.
– como hermanos. No estar solos.
Hemos tratado todos estos temas en aquellas series sobre la educación.
3.- La esposa: virtud principal = la devoción
a) la esposa y Dios: alcanzar y practicar la devoción en sus mismas tareas del deber de estado; esto conduce a una gran santidad.
Sus cualidades naturales y la vida matrimonial requieren de la mujer el cuidado del hogar, del cual es luz y encanto, y al cual gobierna como verdadera «ama de casa», como reina.
Es necesario leer y meditar lo dicho por Pío XII al respecto: ver Aquí y Aquí
También es muy instructivo lo enseñado por el Cardenal Gomá sobre la dignidad, los derechos y los deberes de la madre. Ver Aquí – Aquí – Aquí
b) la esposa y el esposo:
1º) y el buen esposo:
Para con él, debe tener un amor generoso y misericordioso.
Debe ser mansa y humilde de corazón.
Prestar atención a la familia del esposo.
2º) y el mal esposo:
Es este caso, es necesario conservar el matrimonio.
Debe ceder en lo que no es pecado.
Ha de tener mucha oración, con una visión de eternidad.
Mucha confianza respecto de su propia influencia sobre los hijos.
Recordar lo que enseña San Pablo: A los casados ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe de su marido; y que aun cuando se separare, permanezca sin casarse, o se reconcilie con su marido; y que el marido no despida a su mujer. A los demás digo yo, no el Señor; si algún hermano tiene mujer infiel [no creyente], y ésta consiente en habitar con él, no la despida. Y la mujer que tiene marido infiel [no creyente], y éste consiente en habitar con ella, no abandone ella a su marido. Porque el marido infiel es santificado por la mujer, y la mujer infiel es santificada por el hermano; de lo contrario vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.
c) la esposa y los hijos (¡la Madre!)
La maternidad:
+ constituye la gloria de la mujer cristiana: Una cuna consagra a la madre de familia, y muchas cunas la santifican y glorifican ante el marido y los hijos, ante la Iglesia y la Patria.
+ es la recompensa del heroísmo de las madres y la fuente de las alegrías más puras.
+ es uno de los tres bienes del matrimonio.
Sus aptitudes se orientan también hacia la maternidad espiritual, cuya belleza reside en la donación total del corazón y de la vida a Dios y al servicio del prójimo.
En cuanto al número de hijos… ¡Grave problema creado por los enemigos de Dios, de Jesucristo y de su Iglesia.
La mujer ha de ser temerosa de Dios y de su salvación, y recibir todos los hijos que Dios quiera enviarle, ni más, ni menos.
¡Atención con los médicos y sus cesáreas, ligaduras de trompas y demás trampas…!
Respecto de espaciar o limitar los partos, es absolutamente necesario seguir las leyes de la Iglesia.
Hemos tratado este tema en el Blog. Ver Aquí
La mujer ha de tener en cuenta que la continencia es más fácil para ella. Aquí se impone un deber, no sólo de justicia, sino también de caridad.
En general, en cuanto a la marcha del hogar, ella debe hacer soportable la vida de familia.
Esto implica:
+ no quejarse.
+ orden.
+ autoridad (no tantos golpes, sino buenos; sin gritos).
+ moderar las preocupaciones (salud, dinero, etc.).
d) la esposa y el mundo. Respecto del trato con el exterior, hay que tener en cuenta tres temas:
* el espíritu de pobreza.
* el trabajo y la vida profesional.
* el cuidado del corazón.
e) la esposa y la Santísima Virgen. Dijo Pío XII al respecto:
María conoció las alegrías y las penas de la familia, los sucesos alegres y los tristes: la fatiga del trabajo diario, las incomodidades y las tristezas de la pobreza, el dolor de las separaciones. Pero también todos los goces inefables de la convivencia doméstica, que alegraban el más puro amor de un esposo castísimo y la sonrisa y las ternezas de un hijo que era al propio tiempo el Hijo de Dios.
María Santísima participará por eso con su corazón misericordioso en las necesidades de vuestras familias, y traerá a éstas el consuelo de que se sientan necesitadas en medio de los inevitables dolores de la vida presente: así como bajo su mirada materna les hará más puras y serenas las dulzuras del hogar doméstico.
Todo más cuanto que la Santísima Virgen no se limita a conocer por experiencia propia las graves necesidades de las familias, sino que, como Madre de piedad y misericordia, quiere de hecho venir en ayuda de ellas.
Felices y benditos de veras aquellos esposos que inician su nuevo estado con estos propósitos de filial y confiada devoción a la Madre de Dios, con el santo programa de establecer su nueva familia sobre este indestructible cimiento de piedad, que lo penetrará todo para trasmitirse luego, como preciosa herencia, a los hijos queridos que Dios les quiera conceder.
Pero no olvidéis, amadísimos hijos, que la devoción a la Virgen, para que pueda decirse verdadera y sólida y por lo tanto aportadora de preciosos frutos y gracias copiosas, debe estar vivificada por la imitación de la vida misma de Aquella a la que os gusta honrar.
La Madre divina es también y sobre todo un perfectísimo modelo de virtudes domésticas, de aquellas virtudes que deben embellecer el estado de los cónyuges cristianos. En María tenéis el amor más puro y fiel hacia el castísimo esposo, amor hecho de sacrificios y delicadas atenciones; en Ella la entrega completa y continua a los cuidados de la familia y de la casa, de su esposo y sobre todo del querido Jesús; en Ella la humildad que se manifestaba en la amorosa sumisión a San José, en la paciente resignación a las disposiciones ¡cuántas veces arduas y penosas! de la divina Providencia, en la amabilidad y en la caridad con cuantos vivían cerca de la casita e Nazaret.
¡Esposos cristianos! Que vuestra devoción a María pueda constituir un manantial siempre vivo de favores celestes y de felicidad verdadera.
4.- La viuda: virtud principal = la pobreza (la virtud probada)
Mc., 12: 41ss. = Estando Jesús sentado frente al arca de las ofrendas, miraba a la muchedumbre que echaba monedas en el arca, y numerosos ricos echaban mucho. Vino también una pobre viuda que echó dos moneditas, esto es un cuarto de as. Entonces llamó a sus discípulos y les dijo: «En verdad, os lo digo, esta pobre viuda ha echado más que todos los que echaron en el arca. Porque todos los otros echaron de lo que les sobraba, pero ésta ha echado de su propia indigencia todo lo que tenía, todo su sustento».
Lc., 2: 36ss. = Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada; había vivido con su marido, siete años desde su virginidad; y en la viudez, había llegado hasta los ochenta y cuatro años, y no se separaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones»
I Co., 7: 7ss. = Quisiera que todos los hombres fuesen así como yo, mas cada uno tiene de Dios su propio don, quien de una manera, y quien de otra. Digo, empero, a los que no están casados y a las viudas: bueno les es si permanecen así como yo. Mas si no guardan continencia, cásense; pues mejor es casarse que abrasarse.
I Tim., 5: 3ss. = A las viudas hónralas si lo son de verdad. Pero si una viuda tiene hijos o nietos, aprendan éstos primero a mostrar la piedad para con su propia casa y a dar en retorno lo que deben a sus mayores, porque esto es grato delante de Dios. La que es verdaderamente viuda y desamparada tiene puesta la esperanza en Dios y persevera en súplicas y en oraciones noche y día. Mas la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta. Intima esto para que sean irreprensibles (…) Como viuda sea inscrita solamente aquella que tenga sesenta años y haya sido mujer de un solo marido, que esté acreditada por buenas obras: si educó hijos, si practicó la hospitalidad, si lavó los pies a los santos, si socorrió a los atribulados, si se dedicó a toda buena obra. Mas no admitas a las viudas jóvenes; pues cuando se disgustan del primer amor con Cristo, desean casarse, y se hacen culpables porque le quebrantaron la primera fe. Aprenden, además, a ser ociosas, andando de casa en casa; y no sólo ociosas, sino chismosas e indiscretas, hablando de lo que no deben. Quiero, pues, que aquellas que son jóvenes se casen, tengan hijos, gobiernen la casa, y no den al adversario ningún pretexto de maledicencia; porque algunas ya se han apartado yendo en pos de Satanás. Si alguna cristiana tiene viudas, déles lo necesario, y no sea gravada la Iglesia, para que pueda socorrer a las que son viudas de verdad.
5.- La célibe: virtud principal = la caridad fraterna
El estado del celibato no es electivo. Dios ha destinado ordinariamente al hombre a constituir un hogar.
Por la vocación, Dios llama al elegido sea para el sacerdocio, sea para la vida religiosa.
Se impone, pues, un deber de fecundidad, sea físicas, en el matrimonio; sea espiritual, en la vida religiosa.
Es una realidad, sin embargo, que hoy en día hay mayores posibilidades de quedar célibe por la condición misma de la sociedad.
Por lo tanto, hay dos extremos a evitar:
* pretender el cónyuge perfecto en todo. Entonces, no pretenderlo ni tan príncipe, ni tan azul… Descartar los defectos esenciales, pero no pretenderlo sin defectos…
* casarse con cualquiera antes que quedar “para vestir santos”… Tener en cuenta el dicho «más vale sola que mal acompañada».
Como para las célibes involuntarias existe el peligro de egoísmo, hay que consagrar parte de su vida al Apostolado, de inmensa utilidad e importancia.
Salvando las distancias, debemos aplicar lo mismo al matrimonio sin hijos.
6.- La religiosa: virtud principal = la humildad
– ¿Qué es? Es la participación de la función de la Santísima Virgen. La religiosa es al sacerdocio lo que la Santísima Virgen es para Cristo.
– Hija predilecta
– Madre de vocaciones («pedid el dueño de la mies…»)
– Cooperadora: suplemento de santidad, ayuda en las obras mediadora de gracias.
– Virtudes:
devoción = horario
caridad fraterna = corazón sensibilizado
castidad = cuidar el corazón
pobreza = desprendimiento
obediencia = sobrenatural
humildad = paz
IV: Deberes actuales de la mujer
Sin entregarse a lamentaciones estériles sobre el pasado, sin adoptar una actitud meramente pasiva, sino tratando de dominar los problemas de la hora presente, ante la crisis que amenaza a la mujer, a la familia y a la sociedad toda, la mujer debe asumir la misión encomendada por Dios a ella.
Esta misión está ordenada a conservar su dignidad femenina y a procurar el bien de la familia y de la sociedad.
Por lo tanto, esta misión debe orientar los esfuerzos de la mujer hacia el perfeccionamiento de su propia vida; así como hacia una acción exterior para la salvación de la familia y de la sociedad, en la medida que las condiciones actuales lo permitan…
1.- En su propia vida la mujer debe oponerse a la corriente de descristianización.
Esto implica una vida de fe luminosa y activa, y una fidelidad inquebrantable al hogar.
a) La hora presente exige de la mujer una personalidad cristiana capaz de resistir y de hacer frente por sí sola a esta corriente; para reaccionar contra la laicización de la vida, para responder al desarrollo material con un mayor afianzamiento en lo sobrenatural.
Para responder a las exigencias morales que impone la crisis actual es necesaria una fe profunda.
De la fe viva debe nacer la pureza, única garantía contra los peligros de hoy, y sostén seguro de la fidelidad conyugal y del heroísmo maternal.
La mujer y la joven deben defender su pureza y la del prójimo con la modestia (conscientemente cultivada), con la firmeza de su conducta y con la práctica de sólidas virtudes (piedad, prudencia, humildad).
Para responder a las exigencias de la fe y de la pureza hace falta la fortaleza y las virtudes anexas, capaces de llegar al heroísmo, y un fervoroso espíritu de penitencia y de sacrificio.
b) La mujer debe oponerse a la corriente para permanecer fiel al hogar, su verdadero reino.
Si la necesidad la aparta del mismo, la mujer debe conservar para él su corazón y redoblar su diligencia en las horas libres para reforzar los lazos de la familia.
La joven debe igualmente aceptar las renuncias requeridas para permanecer en el hogar, apoyándose en la vida interior.
A la madre le toca la educación de los hijos.
La mujer debe poner todo su empeño en hacer agradable el hogar.
La autoridad del marido debe ser no solamente aceptada, sino también amada. La mujer jamás debe usurpar la autoridad del marido, lo cual no excluye recordarle sus deberes y suplirlos cuando sea necesario.
2.- En su acción exterior: las nuevas condiciones sociales han alejado a la mujer del hogar, pero ofrecen la oportunidad para una acción social de máxima importancia para lograr el retorno de la madre al hogar.
Esta acción no debe impedir a la madre el reservar el mejor de sus cuidados a su familia y, por lo tanto, debe cumplir con sus obligaciones con aquellos que Dios le encomendó, relegando estos intereses sociales a las mujeres que dispongan de mayor tiempo para dedicarse a ellos más directamente.
Los objetivos de la acción femenina son:
– la restauración de la familia.
– le educación femenina; es decir, formar mujeres capaces de conservar su dignidad de cristianas y de mujeres.
– saneamiento de las costumbres.
Los medios de acción son:
– el ejemplo de la santidad personal.
– la oración.
– la acción personal en favor del prójimo.
– movimientos y ligas. ¡Atención! No perderse ni corromperse en esta maraña…
Cuando no se puede salvar nada, todavía hay que salvar el alma propia y las de aquellos que Dios nos ha confiado.
