EL CRISTIANISMO EN LOS CANTARES POPULARES

CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN

Esta poesía popular viene de la España del Siglo de Oro; y en esa tradición hispano-católica encontramos el fondo mismo del alma nacional, que muy poco debe al barbarismo precolombino, tan reivindicado por los revolucionarios.

Los Cantares son trasunto del alma española de la época colonial; todos ellos revelan una tradición poética nacida al arrullo del romance clásico, que los soldados y misioneros de la España grande de los siglos XVI y XVII trajeron al Nuevo Mundo.

El deber de la hora actual es salvar esa cultura y reanudarla.

Por esta razón, entregamos al pensamiento católico estos florilegios, con el deseo de que muchos jóvenes recojan este tesoro poético, y reanuden la honrosa tradición de cultura bruscamente interrumpida por la irrupción de una civilización tan brutalmente material que ha olvidado el significado esencial de la vida cristiana, e incluso ya de la simplemente humana.

NADA DE ESTA  VIDA DURA

32-Matthieu (4, 1-10) - Jésus tenté par le diable
Nada de esta vida dura
Fallecen bienes y males.
Una triste sepultura
A todos nos cubre iguales.


Ya se acaba la lealtad
la avaricia y la riqueza,
la soberbia y la grandeza,
la pompa y la vanidad,
se acaba toda maldad
el garbo y la compostura,
no hay permanente hermosura
de cuantas el mundo halaga
al fin la muerte lo acaba
nada de esta vida dura.


Muere el justo, el pecador,
muere el grande, muere el chico,
muere el pobre, muere el rico,
el esclavo y su señor,
y todo mundano amor,
gustos, honores, caudales,
mueren bienes temporales,
todos por la misma suerte,
porque en llegando la muerte,
Fallecen bienes y males.


Muere el galán más ufano
la dama más reluciente,
muere el joven más valiente,
muere el corazón más sano,
abrid los ojos cristianos,
no pequéis que esto es locura,
esta es clara conjetura
que todos han de morir,
y que nos ha de cubrir
Una triste sepultura.


Al fin muere el abogado,
aguaciles y soplones,
comisarios y ladrones,
alcaldes y prebendados,
mueren solteros, casados,
Papas, Reyes, Cardenales,
Arzobispos, Generales,
todos de morir no yerran,
y bajo un manto la tierra
A todos nos cubre iguales