P. JUAN CARLOS CERIANI: SOBRE EL ELEISON 377 – EL REALISMO DE MONSEÑOR LEFEBVRE

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EL REALISMO DE MONSEÑOR LEFEBVRE

El Obispo que no se retracta, en su último Eleison, 377, escribe:

Es siempre refrescante leer a Monseñor Lefebvre.

Él es claro, porque él piensa a partir de principios católicos básicos.

Él es transparente, porque no tiene nada que ocultar.

Él no es ambiguo…

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Ya que ahora aconseja leer a Monseñor Lefebvre, y no a la Valtorta…, leamos:

RETIRO ESPIRITUAL

Ecône, 1989

Hay quienes se sienten obligados a dar cuenta de todas las apariciones, incluso aquellas que no están oficialmente reconocidas por la Iglesia. Y su predicación se apoya constantemente sobre esto. Parece como que, si no tuviesen esto, les resultaría difícil fundamentar la predicación que hacen. Es una pena, porque esto distorsiona un poco el espíritu de los fieles.

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EL GOLPE MAESTRO DE SATANÁS

Capítulo VI

Homilía de S. E. Mons. Marcel Lefebvre

Con motivo del 30º aniversario

De su Consagración Episcopal

Ecône, 18 de setiembre de 1977

(…)

Hay tres dones principales que Dios, que Nuestro Señor nos ha hecho: el Papa, la Santísima Virgen y el Sacrificio eucarístico.

(…)

El segundo don es el de la Santísima Virgen María.

La Santísima Virgen María, Ella, no cambió nunca.

¡Imaginad que la Santísima Virgen María haya podido cambiar sobre la idea que podía hacerse de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo su divino Hijo, sobre el sacrificio de la Cruz que Él debía padecer, sobre la obra de la Redención!

La Santísima Virgen, ¿pudo cambiar un ápice en su Fe? ¿Pudo, en alguna época de su vida, tener dudas, caer en el error? ¿Pudo dudar de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, dudar de la Santísima Trinidad, Ella, que estaba llena del Espíritu Santo?

¡Imposible, inconcebible!

Ella estaba ya aquí abajo en la eternidad. La Santísima Virgen María, por su Fe, una Fe inmutable, profunda, no podía ser turbada de ninguna manera, esto es evidente.

A esta santa Madre debemos pedirle que tengamos su fidelidad, «Virgo fidelis», Virgen fiel.

No nos dejemos llevar por los ruidos que nos rodean; fidelidad, fidelidad, como la Santísima Virgen María.

Y añadiría, a propósito de la Santísima Virgen María, una cosa que me parece importante para nosotros en el momento que vivimos actualmente.

A cada momento se nos dice: la Virgen ha dicho esto, aquello, la Virgen se ha aparecido aquí, la Virgen ha comunicado tal mensaje a tal persona.

Por cierto, no estamos en contra de la posibilidad de una palabra que la Santísima Virgen pueda dirigir a personas de su elección, evidentemente.

Pero estamos en un período tal, en este momento, que debemos desconfiar, debemos desconfiar.

El lugar de la Santísima Virgen María en la teología de la Iglesia, en la Fe de la Iglesia, es, en mi opinión, infinitamente suficiente para que la amemos sobre todas las creaturas después de Nuestro Señor Jesucristo, y para que tengamos hacia Ella una devoción que sea una devoción profunda, continua, cotidiana.

No es necesario para nosotros que tengamos que recurrir constantemente a mensajes de los cuales no estamos absolutamente ciertos vengan o no de la Santísima Virgen.

No hablo de las apariciones que han sido y son abiertamente reconocidas por la Iglesia.

Pero debemos ser muy prudentes en lo que concierne a los rumores que oímos hoy por todos lados.

A cada instante recibo personas o comunicaciones que me serían enviadas de parte de la Santísima Virgen, o de Nuestro Señor, un mensaje recibido acá, otro recibido allá.

Deseamos que la Santísima Virgen esté en nosotros todos los días.

Pero Ella lo está, lo sabemos, Ella está con nosotros. Ella está presente en todos nuestros Sacrificios de la Misa. Ella no puede separarse de la Cruz; de Nuestro Señor Jesucristo. Nuestra devoción a la Santísima Virgen debe ser profunda, perfecta, pero no debe depender de algún mensaje particular.

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¡Sí!, realmente es siempre refrescante leer a Monseñor Lefebvre. Porque él es claro, porque piensa a partir de principios católicos básicos, porque es transparente, porque no tiene nada que ocultar y porque no es ambiguo.

Haría bien el Obispo de Kent en leer más seguido al Arzobispo, y ponerlo luego en práctica.

Padre Juan Carlos Ceriani