P. JUAN CARLOS CERIANI: EL CARRUSEL DE MONSEÑOR WILLIAMSON

EL CARRUSEL DE MONSEÑOR WILLIAMSON

DESTRUYE LA LÓGICA

Y EL SENTIDO LITERAL DE LAS PALABRAS

Hemos visto el Comentario Eleison Nº 363 de Monseñor Williamson del sábado 28 de junio de 2014, con un texto importantísimo del Cardenal Pie.

He dicho que lamentaba mucho que fuese en hora tan tardía, así como que el obispo inglés no proporcionase la referencia y hubiese eliminado un párrafo que antecede a la cita y los subsiguientes hasta el final.

El Comentario Eleison Nº 364 completa, en parte, lo faltante la semana pasada, pero:

+ sigue sin dar la referencia,

+ el párrafo que antecede tampoco figura,

+ y en los párrafos subsiguientes es suprimido todavía uno al final.

Pero no es esto lo más importante… Lo destacable es la interpretación y aplicación que hace Monseñor Williamson de este texto del Cardenal Pie.

Ya estamos acostumbrados a que el señor Obispo interprete las Sagradas Escrituras a la luz de su sistema, basado en apariciones y revelaciones privadas.

¡El Cardenal Pie no podía salvarse de esa máquina de triturar textos!

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Recuerdo que el texto del Cardenal Pie pertenece a su Discurso para la Solemnidad de la recepción de las Reliquias de San Emiliano, Obispo de Nantes, pronunciado en la Iglesia Catedral de esa ciudad, el 8 de noviembre de 1859.

Les recomiendo la lectura de este Discurso.

En el blog de Radio Cristiandad pueden encontrar el texto completo, así como su comentario:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2013/04/24/cardenal-pie-discurso-en-la-solemnidad-de-la-recepcion-de-las-reliquias-de-san-emiliano/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2013/05/25/especiales-de-cristiandad-con-el-p-ceriani-mayo-2013-1o-parte-sobre-el-cardenal-pie/

Leamos ahora la cita que traen los Eleison 363 y 364, con los párrafos suprimidos por Monseñor Williamson destacados en azul. El primero es significativo, y el de la parte final también tiene su importancia, aunque menor.

Insisto en decir que quien reflexione un poco, comprenderá por qué el señor Obispo los ha suprimido…:

El mal se produce desde entonces, se producirá hasta el fin bajo mil formas distintas. Vencerlo enteramente aquí abajo, destruirlo por completo, y establecer sobre sus ruinas el estandarte en adelante inviolable del Nombre, del Reino y de la Ley de Dios, es un triunfo definitivo que no se dará a ninguno de nosotros, pero cada uno de nosotros debe ambicionar con esperanza contra la esperanza misma: Contra spem in spem (Rom., IV, 18).

Sí, con esperanza contra la esperanza misma. Puesto que quiero decirlo a esos cristianos pusilánimes, esos cristianos que se hacen a esclavos de la popularidad, admiradores del éxito, y a los cuales desconciertan los menores progresos del mal:

¡Ah! aquejados como son, ¡quiera Dios que les sean evitadas las angustias de la última prueba!

Esta prueba, ¿está próxima?, ¿está distante?: nadie lo sabe, y no me atrevo a prever nada a este respecto; ya que comparto la impresión de Bossuet, que decía: «Tiemblo poniendo las manos sobre el futuro» (Explicación del Apocalipsis, c. 20).

Pero lo que es cierto, es que a medida que el mundo se aproxima de su término, los malvados y los seductores tendrán cada vez más la ventaja: Mali autem y seductores proficient in pejus (II Timoth., III, 13).

No se encontrará casi ya la fe sobre la tierra (Luc, XVIII, 8), es decir, casi habrá desaparecido completamente de todas las instituciones terrestres.

Los mismos creyentes apenas se atreverán a hacer una profesión pública y social de sus creencias.

La escisión, la separación, el divorcio de las sociedades con Dios, dada por San Pablo como una señal precursora del final: nisi venerit discessio primum (II Thessal., I, 3), irán consumándose de día en día.

La Iglesia, sociedad ciertamente siempre visible, será llevada cada vez más a proporciones simplemente individuales y domésticas.

Ella que decía en sus comienzos: «El lugar me es estrecho, hacedme lugar donde pueda vivir» Angustus est mihi locus, fac spatium mihi ut habitem (Is., LXXI, 20), se verá disputar el terreno paso a paso; se sitiada, estrechada por todas partes; así como los siglos la hicieron grande, del mismo modo se aplicarán a restringirla.

Finalmente, habrá para la Iglesia de la tierra como una verdadera derrota: «se dará a la Bestia el poder de hacer la guerra a los santos y vencerlos» (Apoc., XIII, 7).

La insolencia del mal llegará a su cima.

Ahora bien, llegados a este extremo de las cosas, en este estado desesperado, sobre este globo librado al triunfo del mal y que será pronto invadido por las llamas (II Pedro, III, 10, 11), ¿qué deberán hacer aún todos los verdaderos cristianos, todas los buenos, todos los santos, todos los hombres de fe y de valor?

Enfrentándose a una imposibilidad más palpable que nunca, con un redoblamiento de energía, y por el ardor de sus rezos, y por la actividad de sus obras, y por la intrepidez de sus luchas, dirán:

¡Oh Dios! ¡Oh nuestro Padre!, que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre así en la tierra como en Cielo; venga a nosotros tu Reino así en la tierra como en el Cielo; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo: Sicut in cælo et in terra.

¡Así en la tierra como en el Cielo! Murmurarán aún estas palabras, y la tierra se ocultará bajo sus pies.

Y como otra vez, tras un horrible desastre, se vio al senado de Roma y todas las instituciones del Estado avanzarse al encuentro del cónsul vencido, y felicitarlo por no haber desesperado de la República (Tito Livio, L. XXII, n. 61); del mismo modo el senado de los Cielos, todos los coros de los Ángeles, todos los órdenes de los bienaventurados, vendrán delante de los generosos atletas que habrán sostenido el combate hasta el final, esperando contra la esperanza misma: Contra spem in spem.

Y entonces, este ideal imposible que todos los elegidos de todos los siglos habían proseguido obstinadamente, se volverá por fin una realidad.

En su segunda y última Venida, el Hijo entregara el Reino de este mundo a Dios su Padre; el poder del mal se habrá evacuado para siempre en el fondo de los abismos (I Corinth., XV, 24); todo el que no haya querido asimilarse, incorporarse a Dios por Jesucristo, por la fe, por el amor, por la observancia de la ley, será relegado en la cloaca de los desperdicios eternos.

Y Dios vivirá, y reinará plena y eternamente, no solamente en la unidad de su naturaleza y la sociedad de las Tres Personas divinas, sino también en la plenitud del Cuerpo Místico de su Hijo encarnado, y en la consumación de sus Santos (Ephes., IV, 12).

Entonces, oh Emiliano, te volveremos a ver, a ti y a tu magnánima falange; y, después de haber trabajado como vosotros aquí abajo en la medida de nuestras fuerzas por la glorificación del Nombre de Dios sobre la tierra, por la venida del Reino de Dios sobre la tierra, por la realización de la Voluntad de Dios sobre la tierra, eternamente liberados del mal, diremos con vosotros el eterno Amén: «Que así sea».

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Leamos ahora la interpretación de Monseñor Williamson:

Eleison 363: Sin duda, el profundo asimiento que el Cardenal tenía de las ideas claves que conducen el mundo moderno, jugó un papel primordial en permitir que San Pío X obtuviera una remisión temporaria de 50 años, digamos desde 1907 hasta 1958, para la desahuciada Iglesia Católica.

¿Desahuciada? ¡Pero la Iglesia Católica no puede ser desahuciada! Cierto, por la protección de Dios durará hasta el fin del mundo (Mt.XXVIII,20), pero al mismo tiempo sabemos por la palabra de Dios que para ese entonces la Fe escasamente será encontrada en la tierra (Lc.XVIII,8) y que se le habrá dado a las fuerzas del mal el vencer a los Santos (Apoc.XIII,7). Estas son dos citas importantes para tener presente en el 2014 porque todo alrededor nuestro hoy en día nos dice que los seguidores de Cristo deben estar preparados para una aparente derrota tras la otra…

[Aquí vienen las palabras del Cardenal Pie]

Estas son palabras proféticas que día a día se vuelven más verídicas, para nada agradables de admitir, pero ancladas en la Escritura. Un sabio Anglicano (el Obispo Butler) dijo en el siglo 18vo, «Las cosas son lo que son. Sus consecuencias serán lo que serán. ¿Por qué entonces buscaríamos engañarnos a nosotros mismos?» Noten especialmente como el Cardenal prevé la imposibilidad de defender la Fe a una escala mayor que no sea simplemente la del hogar. No todos concuerdan en que hemos ya llegado a ese punto en el 2014. Yo quisiera desear que estén en lo correcto, pero todavía debo ser persuadido que con gente desintegrada uno puede hacer una sociedad integrada.

Eleison 364:
[Comienza con la otra parte de la cita]

Queridos lectores, debería ser obvio a estas alturas que el Cardenal Pie, a pesar del panorama tan sombrío de su visión del futuro, no era por nada derrotista. Aún cuando viendo con una absoluta claridad la situación humanamente desesperanzada en la cual la humanidad se estaba sumergiendo ella misma, con una igual claridad él distinguió el punto de vista humano, del divino

(…)

En el 2014 podemos fácilmente perder de vista el propósito de Dios, cuando pensamos de una manera demasiado humana en como el mal avanza todo alrededor nuestro. Pero el propósito de Dios no es salvar la civilización si y cuando los hombres desean destruirla. Su propósito es llevar almas al Cielo a través de Su Hijo Jesucristo y, para este propósito, el colapso de la civilización y de todas las ambiciones y esperanzas terrenales, puede bien servir para forzar las mentes y los corazones de los hombres a que se eleven por encima de consideraciones mundanas.

¿Distingue, usted, lector lo que dice el Cardenal Pie y lo que quiere hacerle decir Monseñor Williamson?

Sin alegoría; en sentido literal, directo, el Cardenal Pie dice:

El mal se produce desde entonces.

El mal se producirá hasta el fin bajo mil formas distintas.

Vencerlo enteramente aquí abajo y establecer sobre sus ruinas el estandarte en adelante inviolable del Reino de Dios, es un triunfo definitivo que no se dará a ninguno de nosotros.

Cada uno de nosotros debe ambicionar con esperanza contra la esperanza misma ese triunfo.

A medida que el mundo se aproxima de su término, los malvados y los seductores tendrán cada vez más la ventaja.

No se encontrará casi ya la fe sobre la tierra, casi habrá desaparecido completamente de todas las instituciones terrestres.

Los mismos creyentes apenas se atreverán a hacer una profesión pública y social de sus creencias.

La separación de las sociedades con Dios irá consumándose de día en día.

La Iglesia, sociedad ciertamente siempre visible, será llevada cada vez más a proporciones simplemente individuales y domésticas.

Finalmente, habrá para la Iglesia de la tierra como una verdadera derrota: «se dará a la Bestia el poder de hacer la guerra a los santos y vencerlos».

La insolencia del mal llegará a su cima.

Todos hombres de fe y de valor dirán: ¡Oh nuestro Padre!, que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre así en la tierra como en Cielo…

Murmurarán aún estas palabras, y la tierra se ocultará bajo sus pies.

Y entonces, este ideal imposible que todos los elegidos de todos los siglos habían proseguido obstinadamente, se volverá por fin una realidad.

En su segunda y última Venida, el Hijo entregara el Reino de este mundo a Dios su Padre.

Y Dios vivirá, y reinará plena y eternamente, no solamente en la unidad de su naturaleza y la sociedad de las Tres Personas divinas, sino también en la plenitud del Cuerpo Místico de su Hijo encarnado, y en la consumación de sus Santos.

Entonces, oh Emiliano, te volveremos a ver (…); y, después de haber trabajado como vosotros aquí abajo en la medida de nuestras fuerzas por la glorificación del Nombre de Dios sobre la tierra, por la venida del Reino de Dios sobre la tierra, por la realización de la Voluntad de Dios sobre la tierra, eternamente liberados del mal, diremos con vosotros el eterno Amén: «Que así sea».

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Estimado lector, ¿todavía no distingue la diferencia entre lo que dice el Cardenal Pie y lo que Monseñor Williamson quiere hacerle decir?

Relea ambos textos y reflexione.

Los siguientes párrafos dan la pista:

No todos concuerdan en que hemos ya llegado a ese punto en el 2014 (Eleison 363).

En el 2014 podemos fácilmente perder de vista el propósito de Dios, cuando pensamos de una manera demasiado humana en como el mal avanza todo alrededor nuestro (…) el colapso de la civilización y de todas las ambiciones y esperanzas terrenales, puede bien servir para forzar las mentes y los corazones de los hombres a que se eleven por encima de consideraciones mundanas (Eleison 364).

Lógicamente, siguiendo literalmente el texto y el pensamiento del Cardenal Pie, debería seguirse:

Y entonces, este ideal imposible que todos los elegidos de todos los siglos habían proseguido obstinadamente, se volverá por fin una realidad.

En su segunda y última Venida, el Hijo entregara el Reino de este mundo a Dios su Padre.

Y Dios vivirá, y reinará plena y eternamente, no solamente en la unidad de su naturaleza y la sociedad de las Tres Personas divinas, sino también en la plenitud del Cuerpo Místico de su Hijo encarnado, y en la consumación de sus Santos.

¡Pero no es así!

Monseñor Williamson, rompe con la lógica (o la destruye…), se aparta del sentido literal, alegoriza basado en apariciones y revelaciones privadas…

¿Acaso no recuerda, usted lector, la conferencia que Monseñor Williamson difunde desde hace años sobre las siete edades o etapas de la Iglesia? Recientemente la impartió en Bogotá y en Francia.

Yo mismo la he comentado en Radio Cristiandad:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2014/04/28/p-ceriani-apostillas-a-la-conferencia-de-monsenor-williamson-en-bogota/

https://radiocristiandad.wordpress.com/2014/04/30/p-ceriani-apostillas-a-la-conferencia-de-m-williamson-en-bogota-iii/

En esa conferencia, Monseñor Williamson dice:

Entonces es la Quinta Época, que nos va a interesar más, porque es nuestra propia época.

Y esta Quinta Época está para tomar fin.

Es decir, que estamos hoy, en 2014, poco tiempo antes del fin de esta derrota de la Iglesia, derrumbe de la Iglesia.

Yo pienso, y es muy pensable, que esta época tomará fin con un castigo, un gran castigo de Dios.

Nuestra Señora habló de este castigo en apariciones
aprobadas por la Iglesia,
aprobadas por la Iglesia.

En 1973, en Akita, en Japón. Vale la pena conocer el tercer mensaje de Nuestra Señora en Akita, Japón.

(…)

Después del castigo, la Sexta Época.

Será muy posiblemente, muy probablemente, el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

Y será después del castigo.

Dios habrá todo limpiado con el fuego. Mucho más que sólo una tercera guerra mundial. Tal vez, el castigo comenzará con la tercera guerra mundial; pero el castigo mismo será mucho más que sólo las pequeñas bombas atómicas. Para Dios, bombas atómicas son juego de niños. Su fuego será universal y terrible.

No tengamos miedo, pero vivamos en la gracia de Dios. Confesemos nuestros pecados, asistamos a la Misa, recemos cada día, y no tenemos que temer.

En cambio, cuando llegue el castigo, será el fin de la corrupción que amenaza cada día de corrompernos a nosotros mismos también.

Entonces, será el fin de la corrupción.

Pero no durará mucho tiempo.

En 1846, en una aparición aprobada por la Iglesia, aprobada por la Iglesia, La Sallete, Nuestra Señora en Francia, el gran secreto de La Sallete.

En este gran secreto, Nuestra Señora habla de la corrupción de nuestra época, y dice muchas cosas sobre nuestra época.

Habla brevemente de esta época y de la Séptima, que es la del Anticristo.

Entonces, del Cristo al Anticristo, un poco más de 2000 años.

Porque este triunfo del Corazón Inmaculado de María, Nuestra Señora dijo, en La Sallete, 25 años de buenas cosechas harán que los hombres olviden, van a olvidar el castigo, van a olvidar de nuevo a Dios, van a olvidar lo que han sufrido, van nuevamente a corromperse.

Entonces, 25 años de buenas cosechas, pongamos otros 10 años, no sé, ¿qué sé yo?, y llegamos al período del Anticristo, que es el peor de todos, es el fin del mundo, juicio universal.

Reino de tres años y medio del Anticristo y la persecución más terrible de toda la historia de la Iglesia.

Así como hay aquí una corrupción peor que todo lo que se vio antes, y un gran triunfo que sigue a la corrupción de hoy, todos podemos esperar este triunfo del Corazón Inmaculado de María, que está para llegar; que, aún sino no dura mucho, será…, todo el mundo será católico.

La China, la Rusia, la Inglaterra, todas estas naciones paganas van a convertirse de nuevo a la Iglesia Católica.

Tal vez lo que estamos viendo hoy en Rusia es una preparación de esta conversión total de Rusia.

Por lo tanto, las tres últimas Épocas de la historia de la Iglesia, según el pensamiento de Monseñor Williamson, son:

Quinta Época: de más o menos 500 años. Nuestra época.

Un castigo terrible tendrá lugar al final de esta quinta época y lavará al mundo.

Sexta época: La del triunfo del Corazón Inmaculado de María. La sexta época de la Iglesia será el triunfo más grande de todos los tiempos: el triunfo del Corazón Inmaculado de María. Habrá como una interrupción de la caída.

Los hombres serán muy buenos porque tendrán el Temor de Dios, que hoy casi ha desaparecido.

Pero la sexta época de la Iglesia no será larga. Veinticinco años de buenas cosechas y unos años más para que el Anticristo llegue.

Séptima época: La del Anticristo. El reino del Anticristo durará tres años y medio. Después de su muerte (hay un versículo de Daniel que permite pensarlo), entre su muerte y el fin del mundo habrá, quizás, unos cuarenta y cinco días de paz.

Espero que ahora, estimado lector, vea con claridad cómo Monseñor Williamson se aparta del sentido literal del texto del Cardenal Pie, así como lo hace del sentido literal de las Sagradas Escrituras.

En pocas palabras:

En 2014, para Monseñor Williamson ya estaríamos en ese período de la Iglesia en que, según el Cardenal Pie, no se encontrará casi ya la fe sobre la tierra, casi habrá desaparecido completamente de todas las instituciones terrestres; los mismos creyentes apenas se atreverán a hacer una profesión pública y social de sus creencias; la separación de las sociedades con Dios irá consumándose de día en día; la Iglesia, sociedad ciertamente siempre visible, será llevada cada vez más a proporciones simplemente individuales y domésticas; y en, finalmente, habrá para la Iglesia de la tierra como una verdadera derrota: «se dará a la Bestia el poder de hacer la guerra a los santos y vencerlos», llegando la insolencia del mal a su cima.

¡Perfecto! Estamos totalmente de acuerdo, usted y yo, con el señor Obispo.

Pero…, siempre hay un pero cuando se trata de Monseñor Williamson… En esto también imita a Monseñor Fellay…

En lugar de seguir, lógicamente, con el pensamiento del Cardenal Pie y, más sencillamente, con el sentido literal de las Sagradas Escrituras, Monseñor Williamson enseña que un castigo terrible tendrá lugar al final de esta quinta época y lavará al mundo; que luego vendrá el triunfo más grande de todos los tiempos; que habrá como una interrupción de la caída; que los hombres serán muy buenos; y luego de unos veinticinco años de buenas cosechas y unos años más llegará el Anticristo y su reino…

Aquí, como en una calesita, volveríamos a lo dicho por el Cardenal Pie:

Los malvados y los seductores tendrán cada vez más la ventaja.

No se encontrará casi ya la fe sobre la tierra, casi habrá desaparecido completamente de todas las instituciones terrestres.

Los mismos creyentes apenas se atreverán a hacer una profesión pública y social de sus creencias.

La escisión, la separación, el divorcio de las sociedades con Dios, dada por San Pablo como una señal precursora del final, irán consumándose de día en día.

La Iglesia, sociedad ciertamente siempre visible, será llevada cada vez más a proporciones simplemente individuales y domésticas.

Finalmente, habrá para la Iglesia de la tierra como una verdadera derrota: «se dará a la Bestia el poder de hacer la guerra a los santos y vencerlos» (Apoc., XIII, 7).

La insolencia del mal llegará a su cima.


Yo hace rato que me bajé del carrusel williamsoniano…

Si usted lo desea, puede seguir dando vueltas…, con la esperanza de sacarle la sortija a Monseñor Williamson…

En ese caso, tenga mucho cuidado…, porque eso marea y puede llegar a hacer perder el sentido…

Padre Juan Carlos Ceriani