Así se hace…

LA «CANONIZADORA»
(TRABAJANDO DÍA Y NOCHE PARA QUE HAYA FIESTA EN EL CIELO)
Y sigue el show. Ahora se viene Pablo VI. Una noticia tomada de ACIPRENSA nos permitió escribir en el tono burlón y un poquitín grosero que nos caracteriza, algunas pocas y alegres reflexiones. Personas sensibles, piadosillas o delicadas abstenerse. Mojigatas/tos… ¡ni que hablar!
El magno es EL MAGNO y por esa razón se saltearon a uno que no es cualquiera. Lo que pasa es que el MAGNO era aquel del que se cantaba:
«JUAN PABLO SEGUNDO,
TE QUIERE TODO EL MUNDO»
Lindo, che… Pero convengamos que el mundo lo quería nomás. Lo quería mucho. Mucho, mucho…
Pero basta de sentimentalismos porque, al postergado por las razones expuestas, ahora le llega el momento de la muy justa reparación histórica.
En efecto, le llega el turno a: Giovanni Battista Enrico Antonio María Montini, que muy pronto será «San» Giovanni Battista Enr… y todo lo demás.
Es cierto que nos estamos dejando llevar por el entusiasmo y ya damos por «canonizado» a quien ni tan siquiera se «recibió» de «beato»; pero… entre bomberos no nos pisemos la manguera, muchachos… En eso de trámites Express los oficiales romanos son unos maestricos a los que ni sombra podríamos hacerles.
Y se viene nomás. Aunque alguno de los «amigos» de Montini lo hubiera sobrevivido hasta nuestros días (a él y al sida), y dijera algunita cosa de esas que no se cuentan, de nada serviría. Tampoco sirve de nada que nosotros u otros muchos digamos lo que sabemos de Montini y de lo que hizo Montini.
Lo que me temo es que con este frenesí que hay de canonizar con carácter de urgencia a TODOS los «Papas» conciliares, ya debe haber fieles que se pongan una fotito, o un pedacito de tela de la sotana de Albino Luciani, alias Juan Pablo I, sobre alguna a-fec-ción.
Por ejemplo, sobre los riñones, si acaso le diagnosticaron cálculos; o hemm… ¡HEMORROIDES! Ahí está… ¿Hemorroides, por qué no? Bueno…, sí, es cierto. Concedamos que, tal vez, la «cura» de eso último esta más a tono con la «vocación» y el «patronazgo» de «San» Giovanni Battista Enri… y todo lo demás.

Pero me lo he pensado mejor, y todo este asunto me parece en realidad una conspiración de los Neo Teólogos de la Neo Teología. Porque los tipos defienden la tesis del Infierno Vacío, que, como se sabe, propugna que al final nadie se condena, porque Dios es más bueno que el «Quaker» (Salvo por lo del «Quaker», eso es lo que enseñan).
Pero como se ve que no están del todo seguros de que el asunto termine como ellos esperan, los tipos, ni lerdos ni perezosos, se la juegan por este otro lado: A cuanto crápula, cretino, traidor, entreguista, hereje o apóstata, que anda por ahí, apenitas el tal fulano se muere, ¡ZAZ..! Lo «canonizan»; y de ese modo lo mandan derechito al Cielo por Decreto.
Así cualquiera; si esto sigue así, no sé si vacío, pero por lo menos disminuido va a quedar el infierno, porque son los romanos los que lo evacuan con todas estas canonizaciones. Al menos ya sacaron a dos tipejos del infierno y van por más.
Pero si se piensa bien, en realidad no sacaron a nadie. Ellos creen que los mandan para el Cielo, pero en realidad… (Si así fuera, que no lo es), más que de santos se trataría, (si fuera posible, que no lo es), de «prófugos» de la Justicia Divina.
Que nadie se me ofenda por haber puesto en el infierno al «Magno» y al «Bueno». El Dante (me inclino respetuoso al mencionarlo) puso al Papa (y ese SÍ que era Papa) Nicolás III (por simoníaco) en el infierno, y nadie se rasga las vestiduras por esa inclusión.
De paso, veamos un fragmento del Canto Tercero (El Infierno) de la Divina Comedia, donde el Dante escribe:
Después de haber reconocido a algunos
me fijé más y conocí la sombra de aquel
que por vileza hizo la gran renuncia.
Dante nota entre las almas «aquel que miserable hizo la gran renuncia», pero no lo nombra: esta persona podría ser Celestino V, Giano della Bella, Esaú, Poncio Pilato o un personaje puramente simbólico. La primera hipótesis viene considerada porque Dante lo reconoce inmediatamente, por lo tanto puede tratarse de un compañero suyo. Además, cuando él cita personas sin nombrarlas generalmente es porque son personas tan famosas que no es necesario decir su nombre. Además, los principales comentadores contemporáneos indican a Celestino V como el artífice de la «gran renuncia» y también los miniaturistas pintaban una figura con la tiara en la espalda.
Por cierto, este texto de la Divina Comedia se le ajusta bastante bien a uno que conocemos que hace poco hizo una Gran Renuncia y, seguramente, que también lo hizo por vileza; de todas maneras eso no impedirá que en unos pocos años más quieran sacarlo del infierno mediante otro Decreto de Canonización. El Dante no lo nombra, nosotros sí: Ratzinger.

Más allá de esto…
Nos cuentan que en el momento de las «canonizaciones» del «Magno» y del «Bueno», justo en el mismo instante en que Bergoglio se aprestaba a pronunciar los nombres de los dos agraciados, en ese mismo segundo, se hizo un profundo silencio en toda la Corte Celestial. Cuentan que hacía mucho que no se veía cosa igual…, dicen que el miedo se le metía a uno hasta en las uñas, de tan pavoroso que fue.
Parece que los Ángeles bajaron sus alas e inclinaros sus cabezas; los Bienaventurados estaban todos expectantes…, y apenas pronunciadas las palabras por la boca de Bergoglio, apenas sancionado públicamente el nuevo status del «Magno» y del «Bueno», los habitantes del Cielo se miraron solemnemente unos a otros, mientras que en sus ojos podía verse una tremenda emoción contenida… que…
Entonces estallaron en un estruendoso y divertidísimo jolgorio de tal magnitud que se palmeaban, y secaban las lágrimas de sus ojos risueños, diciéndose entonces entre sí los que habitan en la Eterna Bienaventuranza:
«¡GENIAL!»
«Nunca vista tanta creatividad»
«Ahhhh…, ¡qué graciosos y ocurrentes! Imagina, ¿justo esos dos al Cielo?»
«¡Qué gran idea que hayan incorporado un grupo de payasos disfrazados de cardenales a la Curia Romana!… No habíamos visto antes unos tan cómicos».
«Es cierto… y que ocurrentes… ¡Dos de los payasos hacen de «Papas!»

