Estimado Fabián, le agradezco muchísimo y considero un gran honor que haya publicado en su blog de noticias mi llamada a la oración por Ucrania.
El pasado verano estuve en Ivano-Frankovsk (Ucrania occidental) donde residen parientes de mi esposa. Esta es junto con Lvov uno de los feudos del separatismo ucraniano y de la Iglesia Greco-Católica. La propaganda a favor de la UE era abrumadora: por todos las esquinas aparecía el lema «Ivano-Frankovsk, ciudad europea», como si Moscú o cualquier otra ciudad europea no dominada por la bestia judeomasónica no fuera Europa. Se vendía al pueblo la delusoria idea de disfrutar de los «beneficios» de ser «europeo» con la expectativa de una próxima integración en el «mundo civilizado». Se hablaba de valores europeos (me acordaba de la pedofilia, el consumo de drogas, el materialismo, el feminismo…) El nacionalismo ucraniano, tan racista, rusófobo, antisoviético y orgulloso de su antiquísimo linaje eslavo se mostraba acomplejado ante la Europa del progreso y el culto a Mammón.
El propio presidente de Ucrania con sus vacilaciones y su indolencia alimentó y abonó esta expectativa. Una delegación pro-europeista encabezada por el boxeador medio judío Klitschko (su padre y su abuela paterna eran judíos) y el judío Yatseniuk, pedía limosna en Bruselas a finales de Agosto ofreciendo a Ucrania como felpudo del próspero Occidente, transmitiendo al pueblo la falaz impresión de que una vez dominados por los burócratas civilizados, los ucranianos tendría trabajo y bienestar, ocultando la esquilmación producida en países como Grecia, Bulgaria, Rumania, España, Irlanda, etc, es decir, países no protestantes y tardíamente incorporados a la modernidad. Todo parecía listo para ofrecer a la víctima en el altar de Satán.
En esta apoteosis de la Nueva Unión Soviética Europea participaba con muchos bríos la Iglesia Greco-Católica en comunión con la Ramera romana, ofreciendo a los ucranianos la vía polaca. Cuando advertía a estos piadosos católicos de que en España, con el patrocinio de la dictadura de los comisarios de la UE, disfrutábamos ya de sodomonios, adopciones de niños por parte de degenerados, bajísima fecundidad, depravación sin tasa, furibunda cristofobia, etc se hacían los suecos obviando el peligro de invitar a Satanás a su propia casa o ignorando que una cosa llevaría indefectiblemente a la otra.
La Iglesia Greco-Católica es sin duda la quinta columna de la Apostasía en medio de un pueblo creyente como el ucraniano. Con una riquísima liturgía bizantina, los uniatas relajan la participación de los fieles en el Santo Sacrificio de la Misa permitiendo que las mujeres no se cubran la cabeza o instalando bancos para que no sea mucho el rigor ascético de los devotos y puedan descansar sentados, al tiempo que simplifican la ornamentación en los nuevos templos prescindiendo a veces del iconostasio. La vía polaca en el catolicismo bizantino de Ucrania ofrece una máscara tradicional que porta el peligroso virus liberal.
Otro hecho llamativo del que ya me había percatado en otro viaje anterior hace dos años, es el inusitado proselitismo de sectas protestantes y algunas más extravagantes como el Hare-Krisna. Ucrania, con su laxitud en el control de fronteras hacia Occidente se ha convertido en un país propicio para que los malvados utilicen su territorio como un campo de experimentación de los más variados medios de inficionar a la población. La judería ha invertido muchísimo dinero en financiar organizaciones «filántropicas» para familiarizar a Ucrania con las bondades de las «sociedades abiertas». El más exitoso resultado de estos experimentos satánicos ha sido la conocida secta de feministas «FEMEN», que muestra bien a las claras el pernicioso influjo del Maligno con el rostro humano de judíos como Soros.
Ucrania ha sufrido desde la perestroika la colonización y el adoctrinamiento para liberalizar a marchas forzadas una sociedad reluctante a lo occidental. Los frutos de esa perversa estrategia se están recogiendo ahora. Gran heroísmo el de los cristianos eslavos que después de padecer los tormentos de la judería con el terror marxista ahora la sufren con su supuesto antagonista capitalista. Sólo a base de terrorismo pueden domeñar los déspotas iluministas el último foco de resistencia a la satanocracia mundial. ¿Será esta la última batalla?
¡Ven, Señor Jesús!
