ANDRÉS CARBALLO: AMIGO DE PLATÓN, PERO MÁS AMIGO DE LA VERDAD

 Amicus Platonis, sed magis amicus veritatis.

amicus

Este proverbio latino, con el que titulo mi corto artículo, es citado con frecuencia por los filósofos para significar que no basta que una opinión o una máxima sea afirmada por un nombre respetable como el de Platón, en el caso que nos ocupa M. Williamson, sino que ha de estar conforme con la verdad.

Platón es mi amigo, pero más lo es la verdad; amigo de Platón, pero más amigo de la verdad.

Pues bien, en su «eleison» CCCXLV, a pesar de bajar el tono y aminorar la intensidad del fuego, M. Williamson continúa «erre que erre» en su afán por seguir descalificando la posición sedevacantista, a pesar de que, como él afirma, el planteamiento de esos católicos es moderado.

O no ha entendido el contenido de los artículos, cosa que no me extraña porque su español es muy pobre o su traductor tampoco está lo suficientemente ducho en el tema y no ha sido capaz de transmitirle de manera integra el significado. El P. Méramo le desmontó teológicamente sus pobres argumentos con un contundente y exhaustivo trabajo basado en el eminente teólogo español, el Padre Marín Sola, quien fuera sucesor en la cátedra de Friburgo del también eminente teólogo Norberto del Prado.

Claro que no me extraña en absoluto, que como el P. Basilio Méramo, sacerdote de los más preparados teológicamente desde que estaba en la Fraternidad, levante pasiones negativas y genere envidias y celos de aquellos que no alcanzan su altura. Es por ello que ha sido desprestigiado, vejado y hasta despreciado. Pero yo lo aliento desde estas páginas a que atienda y se consuele con la moraleja de esa fábula de Iriarte que titula «El Cuervo y el Pavo» y cuya enseñanza culmina así:

«Cuando en las obras del sabio

no encuentra defectos,

contra la persona cargos

suele hacer el necio».

También se ve que no entendió o no le tradujeron convenientemente el artículo de Osko, donde muy inteligentemente por cierto, le desmonta sus paupérrimos argumentos.

Para continuar desvelando verdades, a pesar de ser «amigo» de Platón, afirma M. Williamson que «la Iglesia toda está en juego». ¿Cual iglesia Monseñor? porque me imagino que se referirá usted a la iglesia conciliar, que puede estar en juego por no ser la verdadera iglesia de Cristo, porque la Iglesia Católica Apostólica Romana no admite semejante desatino, pues se pondría en entredicho la indefectibilidad, infalibilidad y permanencia de Ella hasta la consumación de los siglos.

«Pero a medida que, a lo largo de los siglos, el hombre se puso a sí mismo más y más como el centro de las cosas, así Dios perdió su trascendencia absoluta por encima de todas las criaturas y la verdad se volvió más y más relativa, ya no a la autoridad de Dios, sino, en cambio, a la del hombre».

Vamos a analizar este parrafito porque hay tela que cortar: ¿Perdió Dios su trascendencia absoluta cuando usted se enardeció, se euforizó y lanzó las campanas al vuelo en el preciso momento en que aceptó sin condiciones el Motu Proprio Summorum Pontificum, que no fue otra cosa que aceptar implícitamente la misa nueva, a la que M. Lefebvre calificó de misa bastarda? ¿Perdió Dios su trascendencia absoluta al aceptar el levantamiento de las «excomuniones» con insulto grave para M. Lefebvre y M. de Castro Mayer, quienes oficialmente siguen excomulgados, y al mismo tiempo considerándose reos indultados todos los que la aceptaron y que no es otra cosa que una ceptación e inculpación de haber caído en el cisma? ¿Se atuvieron ustedes a la autoridad de Dios o a sensu contrario aceptaron la potestad de los hombres?

Ya los romanos, que fueron maestros de jurisprudencia distinguieron la «auctoritas de la potestas»

Como resulta que hoy tenemos la desgracia de tener cada vez menos líderes en todos los planos de la sociedad que no ejercen su potestas con una plena conciencia de hasta donde llega su auctoritas, ni intentan humildemente identificar ésta para aprender, mejorar y aprovechar al máximo sus potencialidades, viene a resultar que un simple sacerdote tenga mucha más auctoritas que cualquier obispo que sólo tenga potestas y no infunda ni inspire obediencia alguna a aquellos fieles que necesitarían de una auctoritas, hoy en flagrante decadencia.

Ya hubo quien dijo que la herejía que vendría y que sería muy peligrosa era la de la «papolatría», es decir la de considerar al papa como un faraón de Egipto o como un emperador romano, atribuyéndole un status de absoluta infalibilidad, lo que viene a ser lo mismo que por muchas barbaridades que pueda decir o cometer un «papa», se le camuflen y se minimicen con argumentos la mayoría de las veces tontos, por no decir maliciosos.

«….. y hasta el día de hoy una masa de ellos están haciéndose liberales día a día siguiendo a los Papas Conciliares mientras que una pequeña minoría de Católicos están impulsados a negar que aquellos responsables de la locura Conciliar puedan ser, en alguna manera, Papas». 

Hay muchas maneras de seguir a los papas conciliares, usted conoce unas cuantas, que no merecen se citadas de nuevo, pues ya hice mención de algunas anteriormente, ¡Cuidado porque sin darse cuenta se podría convertir en un liberal! Sin embargo ab absurdo (por reducción al absurdo), la segunda parte de su disyuntiva hace evidente la verdad de esa proposición por falsedad o imposibilidad de la contraria… una pequeña minoría de Católicos están impulsados a negar que aquellos responsables de la locura Conciliar puedan ser, en alguna manera, Papas». ¿Y que persona juiciosa estaría dispuesta a aceptar una locura? Yo particularmente prefiero permanecer formando parte de esa minoría, aunque valorada desde el punto de vista demoliberal no sería «politicamente correcta», ¿vaya frasesita no?  Así miro en la altura equilibrada y no me pierdo en la estratosfera con marías-valtortas, aquitas y demás elucubraciones de mentes calenturientas.

Por último, decir que el problema del sedevacantismo es el generado por la iglesia conciliar, a la que usted llama loca y yo también.

                                                                          Andrés Carballo.