INTERPRETACIÓN DE HOLZHAUSER
Según el Padre Castellani
Con el Comentario Eleison Nº 337, de Monseñor Williamson, salió al tapete nuevamente la interpretación de Holzhauser acerca de un supuesto triunfo temporal de la Iglesia luego de esta crisis.
El Padre Castellani, en varios lugares, menciona o hace referencia en general a las interpretaciones de Holzhauser acerca de que vaya a haber un triunfo temporal de la Iglesia. En el Especial de Radio Cristiandad, hecho por el Padre Ceriani, de marzo de 2012, cuando trata acerca de la Iglesia de Sardes hay una recopilación de textos. Aquí voy a resumir lo que considero como las ideas principales.
Aun cuando en varios lugares el Padre Castellani muestra respeto por la persona de Holzhauser y algunas de sus explicaciones, en los textos siguientes veremos cómo expone y condena ese punto de Holzhauser. Es de notar con qué términos se refiere a esa interpretación.
N.B:
las intercalaciones y el resaltar con rojo dentro de las citas, son míos.
1º) En «EL APOKALIPSIS DE SAN JUAN», páginas 48 y 61 (Buenos Aires, DICTIO, 1977):
«Holzhauser dice que Sardes significa «estampa de hermosura», no sabemos de dónde saca ese étimon; pero ese mote también le cuadraría a la vistosa y en el fondo desastrosa edad que los historiógrafos han bautizado Renacimiento.
Desde aquí nos separamos de Holzhauser, para quien Sardes duraría «desde Carlos V y León X hasta el Emperador Santo y el Papa Angélico», que él esperaba vendrían; por la sencilla razón de que no vinieron; ni tenemos la menor esperanza de que vengan. Esa leyenda medieval de que vendría un tiempo de inimaginable esplendor y triunfo de la Iglesia, por obra de un gran Rey y un Pontífice comparable a un Ángel, que inspiró numerosas profecías privadas,
no tiene fundamento escriturístico ni de ninguna clase: es una ilusión poética.
Parece ser fue inventada en el siglo XV por el monje Petrus Galatinus en su libro DE ARCANIS FIDEI MYSTERIIS CONTRA JUDAEOS. Justamente el actual Pontífice Romano Pío XII debería ser el Pastor Angelicus de las leyendas, si es auténtica la conocida profecía del Abada Malaquías; y vemos cuán lejos está de realizarlas.»
A continuación explica por qué Holzhauser cae en errores:
«La verdad es que una profecía se aclara al allegarse su cumplimiento, y es oscura antes; y hay que recordar que el Abad Joaquín acierta en las tres primeras épocas, y Holzhauser en las cinco primeras. En las dos últimas se equivocó manifiestamente, queriendo determinar el año exacto de la Parusía –contra la prohibición del Concilio de Florencia– e incluso el nacimiento y la edad del Anticristo, que debía morir en 1911 a los 55 años (!). El buen presbítero alemán abandonó su exégesis en el Capítulo XV, diciendo que no tenía más inspiración de Dios; probablemente vio él mismo que estaba haciendo un lío. A partir del Capítulo VI, Holzhauser se interna en una senda equivocada, por querer interpretar todo seguido el APOKALIPSIS, olvidado de la ley de la recapitulatio y del género profético, que no es el histórico. Simplemente aplica la historia eclesiástica a la profecía,
– forzando a las dos;
– e incurriendo en
– inexactitudes
– y aún en disparates manifiestos.»
2º) En «LOS PAPELES DE BENJAMÍN BENAVÍDEZ», pág. 135 a 140 (Edición DICTIO, Buenos Aires, 1978):
1. Aquí también pone la interpretación de Holzhauser. Aun cuando dice que es dudosa, muestra que viendo la situación real no es probable e incluso que prácticamente es imposible.
«— Pero –exclamé– entre nuestra época y la época del Anticristo ¿no tiene que venir un largo período de triunfo, paz y felicidad de la Iglesia?
— Esa es mi gran duda –dijo el rabino–. Eso opina Holzhauser. Pero ¿qué sabemos? ¿No parece muy improbable? ¿No habremos entrado ya, después de la guerra del 14, en la época preparusíaca, la Iglesia de Filadelfia? Y ese gran triunfo de la Iglesia tan esperado no aparece por ningún lado, ni siquiera como probable, por no decir posible…»
2. Poco más abajo, frente a la insistencia de intentar salvar la opción de un triunfo aunque sea temporal, ya responde con desgano:
«— Pero, dijo el objetante, Holzhauser no predice eso. Predice un inmenso pero breve triunfo de la Iglesia, de la durada de una vida de hombre, en que las fuerzas de Satán serán comprimidas y reducidas pero no eliminadas, y en que la presión de los dos bandos será formidable. Un período tenso, palpitante, ruidoso, exasperado, del ritmo de la historia humana: una tregua y no una paz…
— Amén –dijo Benya, que se dormía– ¡Y ojalá que no se equivoque! ¡Y que nosotros lo veamos!»
3. ¿Por qué mostrarse tan escéptico acerca de ese «triunfo temporal»?
Primero y principalmente: porque se opone a la Sagrada Escritura.
Es Dios quien conoce el futuro. ¿Y dónde está lo que Dios sabe? Donde Dios lo haya dicho. ¿Dónde es eso? En la Revelación. Es por eso que, tratándose de profecías, las que interesan son las que ciertamente sean auténticas. Es por eso que lo que está en la Sagrada Escritura tiene tanta autoridad y tanto peso cuando estamos tratando acerca de profecías.
Así, el Padre Castellani rechaza un supuesto triunfo temporal de la Iglesia actual porque esperar esto es «lo diametralmente opuesto al Libro revelado». O como decía en «EL APOKALIPSIS DE SAN JUAN»: esa interpretación «no tiene fundamento escriturístico».
Esa es la razón que interesa.
Y remata diciendo: «ni (tiene fundamento) de ninguna clase».
En segundo lugar: porque según las profecías de Nuestro Señor, una vez que comienzan los tiempos preparusíacos, éstos ya no se detienen:
«En ninguna parte está escrito que en medio de la gran apostasía vendrá un paréntesis de vivísima fe y caridad en el orbe, y después se reanudará la apostasía, lo cual es además históricamente inverosímil.» (página 307)
Para afirmar que ya comenzaron los tiempos preparusíacos, allí el Padre Castellani hace mención de la apostasía de Europa. Podríamos agregar como hechos precisos y claros:
a) el fin de la diáspora judía. La vuelta de los judíos a Palestina.
b) la apostasía general ahora dentro de la iglesia oficial. El Padre Castellani no lo menciona en estos textos porque, cuando escribe, todavía no había finalizado el Concilio Vaticano II. Todavía no se veía claramente la instauración de la nueva iglesia conciliar.
4. Algo muy importante. Muestra cuál es el problema de fondo de los que se esfuerzan en seguir la interpretación de Holzhauser: el miedo a aceptar que estamos frente al muere de todo lo que era la organización social católica; para decirlo en una palabra, la Cristiandad.
«— Pero usted rechaza la profecía siguiente, la del Gran Rey y el Excelso Papa, durante los cuales se acabará la predicación del EVANGELIO en el mundo; que sin embargo también debe verificarse, según Cristo, «y entonces vendrá el fin».
— Puede que ya se haya verificado –dijo el otro–. En fin, yo no lo rechazo ni la acepto, yo no soy profeta y eso es un futuro. Sólo que todas esas profecías de triunfo, surgidas en épocas de tribulación, me son un poco sospechosas. Creo que nadie aún ha hecho un estudio a fondo de ellas. No lo conozco, vamos.
— Si usted no lo conoce, no existe –dije yo riendo.
— ¿Y por qué son sospechosas, vamos a ver? –urgió el teólogo.
— No sé –dijo-. No me convencen.
— Será a lo mejor que el fondo pesimista de su carácter y lo mucho que ha sufrido…
— Quizá –muequeó el judío–. Los que están en el Purgatorio, dice San Juan de la Cruz, no pueden ni siquiera imaginarse el Cielo; y les parece imposible el salir de aquel lugar oscuro. Pero no. A lo que yo tengo desconfianza es a todo lo que en el mundo de hoy fomenta la creencia
– vulgar,
– estúpida
– y herética
de que el mundo durará todavía miles y miles de años, que todo esto de ahora se nos arreglará fácilmente, que nos espera una era de prosperidad maravillosa;
y en suma que estos dolores universales no pueden ser agonía,
sino que deben ser necesariamente dolores de parto, el alumbramiento de un brave new world, que diría Huxley. Eso es lo que me escama, esa especie de mesianismo del Progreso o milenarismo de la Ciencia, sobre el cual Renan y otros tales anticristos o pseudoprofetas de hoy escriben páginas tan brillantes.»
5. Aplicándolo a los católicos que siguen la interpretación de Holzhauser (como Monseñor Williamson) el Padre Castellani concluye:
«Y muchos católicos lo creen y toman esas benditas profecías del Pastor Angélico para consolarse, como enfermos incapaces de encarar siquiera el pensamiento de la posible muerte.
Es lo diametralmente opuesto al «haz penitencia porque vuelvo pronto» del Libro revelado».
6. E incluso va más lejos, llegando a decir que los que siguen esta interpretación, le están haciendo el juego al Anticristo. Que reflexionen Monseñor Williamson y los que lo siguen.
En un diálogo entre Don Benya y Lira Infante, dice:
«— Hoy día muchísimos católicos, incluso escritores, incluso predicadores, incluso sabios como Berdaieff o Dawson, sueñan con una especie de gran triunfo temporal de la Iglesia vecino a nuestros tiempos y anterior a los parusíacos.
(…)
— Es verdad –dijo don Benya: (…) Y los profetas de hoy se dividen rigurosamente en dos: los que creen que los actuales son dolores de parto y los que creen son dolores de agonía; los cuales remiten el enfantement de la Nueva Era para después de la Parusía…
— Los primeros preparan al Anticristo –dijo ferozmente el roto. Los segundos creen en Cristo.» (Página 397).
Luego de mencionar a los que esperan el Gran Triunfo, el castigo fulminante del mal, el Gran Emperador y el Pontífice Angélico, repite esta misma conclusión:
«— Esos son locos: le hacen el juego al Anticristo, como Wells y los profetas ateos –dijo Lira–,
porque
– desacreditan las verdaderas profecías
– y preparan el encaje de esperanza temporal ilusoria, parecido al de los judíos del Anteadvenimiento, en que se acomodará el Anticristo.
Basado en las profecías falsas, o profecías verdaderas deturpadas, el Anticristo engañará a muchísimos cristianos… a todos los cristianos que entonces «no estén en vela», como amonestó el Cristo.» (página 389)
Padre Juan José Turco
