Crónicas de la Ramera
FIESTA DE DISFRACES

En referencia al señor Jorge Mario Bergoglio
y a su reciente encuentro ecuménico
con el señor Justin Welby y con su esposa (la de Welby)
«Durante años pretendí estar diciendo Misa; y que la Iglesia de Inglaterra defendía la doctrina del Sacrificio de la Misa. Sin embargo, en los días de Isabel hubo sacerdotes perseguidos hasta la muerte por el crimen de hacer lo que yo afirmaba hacer. Suponía que nuestras mesas de madera para la Comunión eran altares, pero en la época de los Tudor las antiguas piedras de los altares fueron deliberadamente profanadas y ultrajadas por funcionarios de la Iglesia a la que yo pertenecía oficialmente, y sustituidas por mesas de madera. Cosas que en Mirfield me resultaban tan queridas —ornamentos, crucifijos, rosarios— fueron denunciadas en tiempos de Isabel como «baratijas» y «amuletos». Comencé a inquietarme y poco después dejé de celebrar el oficio de la Comunión».
Robert Hugh Benson, Confesiones de un Converso
Robert Hugh Benson nació el 18 de noviembre de 1871, murió el 19 de octubre de 1914; fue el hijo menor de Edward White Benson, Arzobispo de Canterbury, y hermano menor de los también escritores Arthur Christopher y Edward Frederic Benson. Benson estudió Teología Clásica en el Colegio Trinity, Cambridge, desde 1890 hasta 1893. En 1895, fue «ordenado sacerdote» de la Iglesia de Inglaterra por su padre, cabeza de la iglesia anglicana.
Su padre murió repentinamente en 1896, y Benson fue enviado a un viaje al Medio Oriente por cuestiones de salud. Promediando el mismo, comenzó a cuestionar el estatus de la iglesia de Inglaterra y a considerar las proclamaciones de la Iglesia católica. Su pensamiento comenzó a dirigirse a la variedad Anglicana de la High Church, y comenzó a explorar vidas religiosas en varias comunidades anglicanas. Obtuvo permiso para unirse a la «Comunidad de la Resurrección».
Su conversión al catolicismo, en 1903, causó un enorme revuelo.
Dentro de su obra literaria, es especialmente conocido por su novela apocalíptica Señor del Mundo (Lord of the World, 1907), una de las primeras distopías (*) modernas.
En momentos en que Bergoglio alcanza picos de popularidad astronómicos e insospechados (ver aquí), que hacen palidecer de envidia a muchos dirigentes políticos o sociales, este personaje recibe a otro personaje en un encuentro que es continuidad de la política vaticana desde que el Vaticano II y los papas conciliares emprendieron el camino sin retorno de la apostasía.
Eso de la popularidad de Bergoglio no debe llamar la atención. Ya es remanido este tema. Es popular y eso es lógico: el mundo entero naufraga en la apostasía. Las naciones hace ya mucho han rechazado el Evangelio de Jesucristo y la Iglesia Conciliar también lo hizo a su tiempo; rechazando la Tradición de la Iglesia y la Doctrina guardada en el Depósito de la Fe, la Iglesia Conciliar ha apostatado.
En ese marco, nada de extraño tiene que dos dirigentes de sendas organizaciones no-católicas intercambien plácemes, objetivos y deseos comunes en un muy cordial encuentro, similar a otros encuentros anteriores ocurridos cuando gobernaban Montini (fue el primero en recibir a un dignatario anglicano de apellido Ramsey, antecesor de Welby), Wojtyla y Ratzinger.
En suma, estas fiestas de disfraces ya llevan muchos años y todo indica que van a continuar.
Algunos sitios web tradicionales, y de los otros, se hacen eco de la noticia y reproducen las conversaciones y los gestos de ambos líderes religiosos.
Poco más queda para decir.
Los medios anunciaban el encuentro de la siguiente manera:
El Papa Francisco recibió esta mañana en el Vaticano al líder máximo de la iglesia Anglicana, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, con las mismas palabras con que Pablo VI acogió a su antecesor, Michael Ramsey, durante su histórica visita al Vaticano en 1966: «sus pasos no resuenan en una casa extranjera… Nos alegramos de abrirle las puertas y con ellas el corazón… y de acogerle no como huésped o forastero, sino como conciudadano de los santos y de la familia de Dios».
La iglesia bastarda anglicana, o mejor dicho su representante, «conciudadano de los santos» y miembro «de la familia de Dios»…
Seguramente, eso deben de haberlo sacado de ese nefasto 5 % del Concilio Vaticano II que es inaceptable hasta para Monseñor Fellay. Bueno, era; porque a esta altura Monseñor Fellay debe andar ya por debajo del 3 o del 2 % y descontando…
En fin; que después del intercambio de regalos y saludos, Bergoglio y Welby rezaron juntos, obviamente.
Ah… Sí, un poco de aquello de la Ramera que cabalga la Bestia Bermeja, y su promiscua cercanía con los poderes de este mundo y las falsas religiones y los ídolos de que hablamos a veces nosotros, en nuestra obsesiva reiteración del Libro del Apocalipsis.
Continuar hablando acerca de Bergoglio a cien días de comenzado su «pontificado» nos parece superfluo y cansador, por reiterativo. Asquea su estilo vulgar, que reitera sistemáticamente los errores conciliares y multiplica sus gestos elocuentes, que ya tienen más de medio siglo de vida.
Muy lejos de todas estas cosas y de este tipo de encuentros, la Iglesia Católica, Mater et Magistra, Esposa Mística de Cristo, permanece en el lugar al que fue llevada. Allí donde es alimentada, guardada y custodiada; allí, donde no puede llegar el aliento del dragón.
Por eso nos parece oportuna la publicación del texto de R.H. Benson que realiza el Blog Bensonians (texto completo) y que el autor del post cierra de la siguiente manera:
«Estimados lectores: este post es a propósito de las declaraciones del P. Francisco al recibir al primado de la iglesia anglicana: yo me pregunto: ¿quién es el que tiene que apreciar las tradiciones? ¿De qué tradiciones me está hablando? ¿De las nacidas de una iglesia bastarda, como dice Benson, con un origen desgraciado?»
P/S. Preguntamos respetuosamente al administrador del blog Bensonians: ¿La P. que precede a Francisco es por «Puerco», «Payaso», o por algo peor? (El respeto no excluye la ironía, sabrá comprender todo buen entendedor, y hace pasar del estadío estético al ético…)
(*) Una distopía o antiutopía es una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Esa sociedad distópica suele ser introducida mediante una novela, ensayo, cómic o cine. El concepto de «distopía» proviene de la cultura anglosajona
