REACCIÓN DISTINTA SOBRE MONS. WILLIAMSON EN NON POSSUMUS ITALIA

¿Quiebre en Non Possumus por causa de la posición sobre Mons. Williamson?

Ya hemos advertido sobradamente sobre la «falsa resistencia»…

PERMÍTANOS DISCREPAR (respetuosamente)…

bishoprichardwilliamson


Fuente:

http://nullapossiamocontrolaverita.blogspot.com.ar/2013/06/ci-permettiamo-rispettosamente-di.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+NonPossumus+(NON+POSSUMUS)

 Traducción al español de Yoalán Vera para Radio Cristiandad

Sobre aquello que leemos en el comentario de Monseñor Williamson, parece que Monseñor no tiene, por ahora, la intención de organizar un movimiento católico que sustituya a la ex-Fraternidad San Pío X fundada por Monseñor Lefebvre, y que se oponga a la desviación diabólica de la «nueva Iglesia Conciliar», para la salvaguarda de la verdadera fe Católica despreciada por los auténticos asesinos de la fe, que desde hace más de 50 años residen vergonzosamente, sin el menor reparo, en los muros vaticanos.

    En dicho comentario, Monseñor Williamson narra los esfuerzos hechos por Mons. Lefebvre para ser aprobado por estos delincuentes de la fe, pero la historia enseña que tales esfuerzos han llevado inevitablemente a actuar sin tener ninguna aprobación de forma oficial, llegando a consagrar a cuatro Obispos que habrían aceptado la supervivencia de la Fraternidad San Pío X de la tiranía diabólico-modernista, encarnada en las personas de los Pontífices Conciliares y post-conciliares. El mismo Mons. Williamson ha escrito varias veces que en Roma opera visiblemente una falsa Iglesia Conciliar.

Anteriormente, incluso el mismo Mons. Lefebvre escribió en privado, a los cuatro futuros Obispos, que en Roma los puestos más influyentes de la Iglesia estaban ocupadas por anticristos:

«A los Padres Williamson, Tissier de Mallerais, Fellay y de Galarreta.

Queridos amigos,

La cátedra de Pedro y los puestos de mayor autoridad en Roma están ocupados por los anticristos, por lo cual la destrucción del Reino de Nuestro Señor al interior mismo de Su Cuerpo místico, aquí en la tierra, avanza rápidamente, especialmente con la corrupción de la Santa Misa, espléndida expresión del triunfo de Nuestro Señor por medio de la Cruz, «Regnavit a ligno Deus», fuente de la extensión de Su Reino en las almas y en la sociedad«.

Así pues, después de 50 años en que la situación se ha deteriorado aún más, la aprobación por parte de estos anticristos nos parece un motivo sin sustento. Aquí se trata más bien de la salvación de las almas y quien esté bajo el yugo del Concilio arriesga seriamente su salvación.

La segunda consideración es: ¿pueden los auténticos anticristos tener quizá alguna autoridad recibida de Dios para gobernar la falsa Iglesia Conciliar? La respuesta es simple, estos asesinos de la fe no tienen potestad alguna de parte de Dios para poner en peligro la salvación de las almas con sus doctrinas heréticas conciliares; si tienen alguna autoridad, la han recibido de su amo y señor, que es satanás.

En consecuencia, buscar una aprobación de estos anticristos disfrazados de católicos es absurdo.

La supuesta jurisdicción de gobernar –ya que los anticristos ocupan ahora el Vaticano y no tienen ninguna intención de gobernar por el bien de las almas–, vendría dada directamente por Dios, como en los tiempos de Mons. Lefebvre, pues vivimos en un grave tiempo de emergencia espiritual.

Todos nos encontramos, pues, en primera línea en esta guerra por la preservación de la fe, luego no hay tiempo para que, quien está al frente, se encierre y espere pacientemente la llegada de los acontecimientos… la batalla se aproxima. Lo importante en esta situación de urgencia es la aprobación por parte de Dios y no de estos destructores para una eventual nueva Fraternidad San Pío X; en realidad en América ya ha nacido la Fraternidad San Pío X de estricta observancia.

Como conclusión, mencionemos el ejemplo de un gran santo, citado por Monseñor de Mallerais en la homilía de Pentecostés, para que nos sirva de ejemplo, a nosotros o a quienes deben conducirnos como Obispos, en estos tiempos oscuros que Dios está permitiendo ya sea como castigo por nuestros pecados o para examinar los corazones de los Cristianos, para ver quien Lo ha escogido definitivamente, negándose a sí mismo y sin objeciones:


«Esta mañana he hablado a los chicos sobre San Hermenegildo. Fue un joven mártir de diecisiete años que vivió en el siglo VI. Era católico, pero su padre, furioso de conocer la fe de su hijo, le removió de la sucesión al trono y lo condenó a prisión y Hermenegildo –que festejamos el 13 de abril, justo hace un mes–, estuvo en prisión por varios meses cuando se acercaba la Pascua.

El quería recibir la Comunión Pascual. Y su padre le mandó entonces un obispo que le llevaría a Jesús Sacramentado. ¡Qué felicidad para Hermenegildo de poder recibir la Comunión Pascual! Pero sucedió que el obispo entró en la celda y se presentó: «Soy el obispo de Huesca, soy arriano y te traigo la Comunión». Era un obispo no católico, queridos fieles, quien le llevaba la Comunión a San Hermenegildo. ¿Qué hizo Hermenegildo? ¿Qué habrían hecho ustedes en su lugar? ¿Hubieran aceptado recibir la Santa Comunión, a Jesús Sacramentado? En consecuencia, ¿vale la pena comprometerse y recibir, de cualquier manera, a Jesús de manos indignas? Aquel obispo celebraba válidamente la Misa, aunque no creía que Jesucristo es Dios, porque era de la secta arriana. No creía que Jesucristo es Dios, pero se piensa que podía celebrar la Misa válidamente, aunque minimizaba a Jesús Hostia. Y entonces, en un instante, inspirada por el don del Espíritu Santo, -a Quien festejamos hoy-, le dijo: «No, no recibiré la Comunión de vuestras manos sacrílegas. Estoy encadenado, pero libre para conseguir mi salvación, y vos, Monseñor, que sois libre, sin embargo sois esclavo del diablo, porque tenéis una fe falsa. Vos no sois católico. Y no recibiré la Comunión de manos sacrílegas».

Clara y públicamente, permítanos discrepar de la postura de Monseñor Williamson, esperando que pueda leer nuestro respetuoso desacuerdo, para que obtenga de Dios la gracia de dar testimonio de la fe incluso con el derramamiento de su sangre, como tantos Obispos de la gloriosa Iglesia Católica han hecho, en su historia bimilenaria, bendecida por Nuestro Señor Jesucristo.

Cruccas Gianluca