OSKO: CASTIGOS VERDADEROS

Rayo en el Vaticano 2CASTIGOS VERDADEROS

El mismo día en que Benedicto XVI anunció su renuncia, y poco después de que el Card. Angelo Sodano se refiriera a ese sorprendente anuncio con una frase que se hizo famosa: «Fue como un rayo caído del Cielo», coincidentemente un rayo impactó en la Cúpula de San Pedro.

Pero… ¿Solamente es un RAYO?

Si uno lo piensa bien, dadas las circunstancias, debiéramos estar contando rayos similares por todas partes.

Algo así:

Cable Urgente de Reuter: «Otro rayo golpeó la Catedral de Milán destrozándola. Científicos y meteorólogos no encuentran explicación a estos fenómenos recurrentes que ya se cuentan por cientos en todo el mundo.»

Agencia Télam Urgente. «Durante portentosa tormenta en Buenos Aires una serie de descargas eléctricas en pleno centro de la ciudad provocan grandes daños y el pánico entre sus habitantes. La Catedral Metropolitana prácticamente queda reducida a ruinas. Se teme por la vida de, al menos, una docena de obispos argentinos, entre ellos del Cardenal Jorge Bergoglio, que se encontraban en el templo, en plena celebración ecuménica junto a rabinos locales». (Créanme que no se trata de una expresión de deseo).

En fin… que tenemos la tendencia a pensar que la Justicia Divina «nos está haciendo precio».

Aunque, si se analiza mejor, no tanto. Los rayos que han caído en Roma o en otros lugares son nada, y miles de ellos tampoco serían nada, comparados con los verdaderos rayos o castigos que están cayendo sobre nosotros.

Los verdaderos castigos son aquellas cosas por las cuales la mayoría de nosotros creemos que debe ser castigado el mundo.

El Concilio Vaticano II fue un castigo. Lo mismo se puede decir de todo lo que vino en consecuencia. Papas modernistas, clero apóstata, despojo de las iglesias, carnaval litúrgico. ¿Pecado o castigo? Ambas cosas. Pero principalmente, CASTIGO.

No debemos esperar castigos por ese castigo, o tal vez sí, pero lo que debemos hacer, lo que debe hacer la Iglesia Militante, es acometer la tarea de poner en acto obras…

Obras de Arrepentimiento, obras de Oración y de Mortificación, con el fin de evitar que los frutos de ese castigo sigan expandiéndose, porque, si esto ocurre, no quedarán vestigios de Fe Católica en ninguna parte del mundo.

Como un castigo debe entenderse la casi abolición del Sacrificio de la Misa y su reemplazo por un rito bastardo protestante y protestantizante.

Como un castigo debemos entender la abolición del Sacramento del Orden Sagrado, toda vez que por la modificación de los ritos hoy se hace dudoso si los sacerdotes lo son, si los obispos son obispos y…, mejor dejémoslo ahí. Por ahora.

Lo cierto es que el mundo está siendo castigado ahora mismo. Si se mira con ojos carnales, uno podría pensar que no. Pero el asunto es tratar de ver con los ojos del alma.

En lo que nos toca más de cerca a nosotros, como católicos tradicionalistas, tenemos delante como una preocupación constante: el problema interno de la FSSPX.

Con los ojos del alma vemos, entonces, como la tremenda crisis de la FSSPX continúa profundizándose, prolongando lo que constituye su agonía irreversible.

Aquí también a muchos les fallan la razón y la mirada. Miran hacia la FSSPX y ven en esa agonía una situación que traerá consigo un castigo, y otros creen que, quizás, detrás traiga una restauración, pero en realidad, estamos contemplando el castigo mismo.

No son tormentas ni rayos. Al menos no lo son de esos que salen en las fotos. Pero son rayos. Son rayos, sí.

No caen estrellas del cielo; y más allá de algún extraviado y pequeño trozo de piedra que vino a sumar por esos días su aporte para enrarecer aun más esta atmósfera cuasi apocalíptica que muchos sienten o presienten, ningún astro de dimensiones se nos vino ni vendrá encima.

Pero caen «estrellas» en el firmamento eclesial. Cayeron miríadas de cardenales, obispos y religiosos. Desde hace 50 años se está produciendo una constante «lluvia de estrellas». Eso también es parte del castigo…

«y perdieron el juicio, y desviaron sus miradas para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justos Juicios». «Pues he aquí que el Ángel del Señor, por sentencia que de Él ha recibido, espada en mano está esperando para partirte por el medio y mataros» (Libro del Profeta Daniel 13).

No ha sido destruida Roma; sus edificios siguen allí; sus monumentos, maravilloso patrimonio cultural e histórico de la «humanidad», son visitados por millones de turistas… nada ha pasado, nada…

Pero la Roma Eterna ha desaparecido de la faz de la tierra. También esto es el castigo…

Bueno… pero la vida continúa. Es posible ver como bullen de actividad las ciudades del mundo. Hay vida, hay gente, hay niños…

¿Dónde está el castigo?

Debiera acaso recordar unos versos… tan sólo una parte:

No son los muertos los que en dulce calma

la paz disfrutan de la tumba fría;

muertos son los que tienen muerta el alma

y viven todavía.

De modo que no nos encontramos luchando por sobrevivir entre alimañas o mutantes o depredadores, como consecuencia de que el mundo haya sido castigado con una guerra nuclear y la inmensa mayoría de los seres humanos estén muertos y ya no haya gobiernos ni organización alguna y casi ni esperanza… sino que no hay Esperanza, ni Caridad, porque no hay Fe. Y ese panorama constituye un escenario mucho más peligroso y desolador que aquél que la peor y la más tremenda de todas las guerras podría habernos dejado. Así es que en consecuencia caminamos entre «zombies» espirituales… Muertos Vivos que deambulan persuadidos de la absoluta normalidad de sus vidas.

De manera que, mientras pensamos que Dios castigará al mundo por tanta iniquidad convirtiéndolo en un planeta en ruinas…, nos perdemos de ver que el mundo ya está en ruinas.

Tremendo; devastador. Sin embargo habrá quienes juzguen exageradas estas palabras. Nada puede hacerse al respecto. No se trata de convencer a quien no pueda verlo por sí mismo y por Gracia de Dios.

La Gracia de Dios es la vida de las almas. Sin entrar en detalles, y ni mucho menos que esto signifique estar juzgando a nadie, basta con pasear una rápida mirada por este caótico mundo en que vivimos, devastado en términos espirituales, completamente ignorante de la Verdad que puede salvarlo.

Tal vez así sea posible, al menos, un vislumbre de lo que significa la palabra DESOLACIÓN.

Pero esa desolación será aún mayor si se contempla aquel lugar, (hoy tan sólo un grotesco símil de lo que fue) en el cual no hace tanto tiempo brillaban las «estrellas». Brillaban e iluminaban. Aquel lugar desde donde brotaban inacabables torrentes de sabiduría, de la verdadera sabiduría, aquella que conducía (o que era capaz de hacerlo) las almas a su destino de Salvación.

A la vista de la realidad, la DESOLACIÓN se transforma en adjetivo.

Esto ocurre porque inevitablemente aparece otra palabra: ABOMINACIÓN; y porque también inevitablemente esas dos palabras se asocian.

No que las asociemos nosotros caprichosamente, sino que se encuentran asociadas desde hace miles de años, porque la Eterna Sabiduría había dispuesto las cosas de ese modo, para que cuando llegase el momento los hombres supiesen con qué se enfrentarían.

Hoy, que finalmente parecen haber llegado esos tiempos, los hombres no están dispuestos para comprender. Y eso forma parte también de los castigos y es consecuencia de consecuencias; un eslabón más de una cadena de consecuencias/castigo que han llevado la situación al punto en que hoy se encuentra, donde por mano humana es insalvable.

Estaba dicho: «Porque no han amado la Verdad les será dado espíritu de mentira». ¿Quién podrá sorprenderse entonces ahora?

El rayo que hemos visto «tocar» la cúpula de San Pedro es tan sólo una imagen. Una pobre imagen para nuestros ojos carnales; los ojos del alma pueden ver mucho más. El RAYO que ha herido aquel lugar es infinitamente más poderoso.

Y así debe ser, porque así está escrito y porque siendo designio de Dios no puede sino cumplirse. Porque en cumplimiento de lo profetizado sobre la ABOMINACIÓN DESOLADORA, aquel lugar se ha convertido en ESTO: una cueva de especuladores, ladrones, homicidas, embusteros, masones y sodomitas.

El texto que sigue habla de ello y aunque pretende que hay elementos sanos entre los obispos y cardenales, vale su lectura; el lector avisado notará que tales «elementos sanos» brillan por su ausencia:

«No hay manera de negar que existe una profunda división entre los obispos —incluidos aquellos cardenales que pronto elegirán al sucesor de San Pedro. Hay algunos que se ríen de la idea de que la Iglesia está en crisis. Por ejemplo entre los obispos americanos el Cardenal Timothy Dolan de Nueva York, se rió de la idea en una reunión de los caballeros de Colón hace un año y medio cuando dijo entre risas «¡Bueno, aquellos que dicen que la Iglesia está en crisis, deberían venir a las reuniones de los Caballeros de Colón!» Hay quienes han seguido su ejemplo y actúan como si nada pasara.

Otros son un poquito más astutos y se dan cuenta del gran peligro en ciernes para la Iglesia en todo el mundo y eso incluye a varios obispos de las Filipinas que he conocido personalmente y con los cuales he tenido extensas charlas. Otro obispo muy preocupado por la situación de la Iglesia en el mundo es el Arzobispo de Davao City, en las Filipinas. Y ahora, encima de toda esta división se ha dado a conocer un electrizante reporte. Un sacerdote doctorado de la Pontificia Universidad de Cracovia en Polonia fue comisionado por varios obispos y cardenales para producir este reporte. Detalla cómo el lobby homosexual secreto de obispos y sacerdotes en la Iglesia está tratando de afirmarse en Polonia e indica el daño que ya han hecho en otras partes del mundo y por toda la Iglesia. Muestra que hay homosexuales activos entre los sacerdotes, obispos y quiénes son sus amigos, quiénes los protegen y los ayudan a avanzar y quiénes han ayudado a ocultar y encubrir las evidencias del abuso sexual de menores llevado a cabo por depredadores que son sacerdotes homosexuales.

Aquí hay un enlace a este informe para que lo puedan leer. Es bastante largo, unas 36 páginas con 15 o 20 páginas de notas al pie pero vale la pena leerlo, el enlace está en esta misma página. Se lamenta la cultura del secreto y la falsa unidad entre los obispos que ha permitido la enorme militancia homosexual que se ha infiltrado en la Iglesia para arruinarla en muchas partes del mundo. Cerca del final dice (cito):

«Debemos, de manera explícita y resuelta decir: sí, hay un fuerte lobby subterráneo homosexual en la Iglesia (al igual que en muchos otros lugares), que —según el grado de participación de sus miembros, en función de sus palabras y acciones— puede ser referido como homoherejía, homolobby, homocamarilla o incluso homomaffia. Estos círculos de la Iglesia se oponen firmemente a la verdad, a la moral y a la revelación, cooperan con los enemigos de la Iglesia, incitan a una revuelta contra el Pedro de nuestros tiempos, la Santa Sede y la Iglesia entera.» (Fin de la cita.)»

Para aquellos lectores que quieran mayor información, advirtiendo que no compartimos completamente la posición del sitio ni del columnista, les proporcionamos el siguiente enlace:

http://www.casorosendi.com/espanol/145-michael-voris