ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI- DICIEMBRE 2011: 1º ESPECIAL: DEL FUNDADOR, AL TEÓLOGO, PASANDO POR EL SUPERIOR GENERAL: DOS RECORTES

DEL FUNDADOR

AL TEÓLOGO

PASANDO POR EL SUPERIOR GENERAL

DOS RECORTES

INTRODUCCIÓN

ESPECIAL GRABADO EN LOS ESTUDIOS DE RADIO CRISTIANDAD EL DÍA 21 DE DICIEMBRE DE 2011

Audio para escuchar:

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En el número 136 de la Revista Iesus Christus, órgano oficial del Distrito de América del Sur de la FSSPX, uno de los tres teólogos de la FSSPX para sus discusiones doctrinales con Roma, el Padre Jean-Michel Gleize, firma el artículo titulado Las revelaciones privadas y el secreto de La Salette (cfr. páginas 15 a 22).

En el párrafo final de dicho artículo se lee:

En el sermón de las consagraciones el 30 de junio de 1988 Monseñor Lefebvre cita esta profecía de La Salette, pero evita reproducir la expresión que Mélanie atribuye a la Santísima Virgen. Se contenta con decir que “la Santísima Virgen anunció que habrá como un eclipse en Roma, un eclipse de la fe”.

Quizá se nos replique que nadie puede pretender ser más sabio que la Virgen María…

Pero toda la cuestión radica precisamente en saber si el Gran Secreto de La Salette tiene origen divino.

Mientras el magisterio no se pronuncie, cada uno tiene libertad para guiarse según su sabiduría. Y nos parece que la de Monseñor Lefebvre, al menos en el estado actual de cosas, representa una garantía suficiente.

Según el teólogo de la FSSPX, el Fundador habría citado la profecía de La Salette, pero evitando reproducir la expresión que Mélanie atribuye a la Santísima Virgen…

Y termina con una luminosa conclusión teológica: Mientras el magisterio no se pronuncie, cada uno tiene libertad para guiarse según su sabiduría. Y nos parece que la de Monseñor Lefebvre, al menos en el estado actual de cosas, representa una garantía suficiente.

Aunque más no sea por curiosidad, vale la pena saber lo que dijo y escribió al respecto Monseñor Lefebvre. También importa conocer lo dicho por el actual Superior General de la FSSPX.

Esto nos permitirá saber si el teólogo y el Superior son fieles al Fundador o si han recortado su enseñanza.

Desde ya le anticipamos que la lectura que sigue puede afectar, sea su sistema nervioso, sea su presión arterial. Si no se tiene la aprobación del Padre Christian Bouchacourt, desaconsejamos estar al tanto de los siguientes textos.

1º) MONSEÑOR LEFEBVRE

A) MONSEÑOR LEFEBVRE Y EL FIN DE LOS TIEMPOS

a) Roma está en tinieblas.

Homilía del 29 de junio de 1987.

El liberalismo se convirtió en el ídolo de nuestro tiempo moderno, un ídolo que ahora se adora en la mayoría de los países del mundo, incluso en los países católicos.

Es esta libertad del hombre frente a Dios, que desafía a Dios, que quiere hacer su propia religión de los derechos humanos, sus propios mandamientos, con sus asociaciones laicas, con sus Estados laicos, con una enseñanza laica, sin Dios; he aquí el liberalismo.

¿Cómo es posible que las autoridades romanas fomenten y profesen este liberalismo en la declaración del Vaticano II sobre la Libertad Religiosa? Porque no se trata de otra cosa, lo cual, a mi juicio, es muy grave.

Roma está en tinieblas, en las tinieblas del error. Nos es imposible negarlo.

¿Cómo pueden soportar nuestros ojos de católicos, y con mayor razón nuestros ojos de sacerdotes ese espectáculo que se pudo ver en Asís, en la iglesia San Pedro que se dio a los budistas para que celebrasen su culto pagano? ¿Es concebible verlos hacer su ceremonia pagana delante del tabernáculo de Nuestro Señor Jesucristo, vacío sin duda, pero coronado por su ídolo, por Buda, y eso en una Iglesia Católica, una iglesia de Nuestro Señor Jesucristo?

Son hechos que hablan por ellos mismos. Nos es imposible concebir un error más grave.

¿Cómo pudo realizarse esto? Dejemos la respuesta al Buen Dios. Es Él quien guía todas las cosas. Es Nuestro Señor Jesucristo el Señor de los acontecimientos.

Es Él quien conoce el futuro de esta influencia de los errores sobre Roma y sobre las más Altas Autoridades, desde el Papa y los Cardenales pasando por todos los obispos del mundo. Ya que todos los obispos del mundo siguen las falsas ideas del Concilio sobre el ecumenismo y el liberalismo.

¡Solo Dios sabe dónde eso va a terminar!

Pero, para nosotros, si queremos seguir siendo católicos y si queremos seguir a la Iglesia, nosotros tenemos deberes imprescriptibles. Tenemos graves deberes, que nos obligan en primer lugar a multiplicar los sacerdotes que creen en Nuestro Señor Jesucristo, en su Realeza, en su Realeza social, según la doctrina de la Iglesia.

No es un combate humano.

Estamos en la lucha con Satanás.

Es un combate que pide todas las fuerzas sobrenaturales de las que tenemos necesidad para luchar contra el que quiere destruir la Iglesia radicalmente, que quiere la destrucción de la obra de Nuestro Señor Jesucristo.

Lo quiso desde que Nuestro Señor nació y él quiere seguir suprimiendo, destruir su Cuerpo Místico, destruir su Reino, y a todas sus instituciones, cualquiera que fueran.

Debemos ser conscientes de este combate dramático, apocalíptico, en el cual vivimos y no minimizarlo.

En la medida en que lo minimizamos, nuestro ardor para el combate disminuye.

Nos volvemos más débiles y no nos atrevemos a declarar más la Verdad. No nos atrevemos a declarar más el reino social de Nuestro Señor, porque eso suena mal a los oídos del mundo laico y ateo.

Decir que Nuestro Señor Jesucristo debe reinar en las sociedades parece al mundo una locura. Se nos toma como atrasados, retrasados, solidificados en la Edad Media. Todo eso pertenece al pasado. Hay que terminar con esto. Es un tiempo pasado. No es ya tiempo de que Nuestro Señor Jesucristo pueda reinar en las Sociedades.

Podríamos, quizá, padecer un poco la tendencia a tener miedo de esta opinión pública que está contra nosotros, porque nosotros afirmamos la Realeza de Nuestro Señor.

No nos asombremos, pues, de que las manifestaciones que pudiésemos realizar en favor de la Realeza social de Nuestro Señor, susciten ante nosotros un ejército dirigido por Satanás para impedir crecer nuestra influencia, destruirla incluso.

La apostasía anunciada por la Escritura llega. La llegada del Anticristo se acerca. Es de una evidente claridad. Ante esta situación totalmente excepcional, debemos tomar medidas excepcionales.

b) Tiempo de tinieblas.

Le temps des ténèbres et de la fermeté dans la foi

Fideliter N° 59, septiembre-octubre de 1987.

Hemos llegado, yo pienso, al tiempo de las tinieblas.

Debemos releer la segunda epístola de San Pablo a los tesalonicenses, que nos anuncia y nos describe, sin indicación de duración, la llegada de la apostasía y de una cierta destrucción:

“…Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de adoración, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios… Porque el misterio de la iniquidad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida” (2: 1-8).

Es necesario que un obstáculo desparezca. Los Padres de la Iglesia han pensado que el obstáculo era el imperio romano. Ahora bien, el imperio romano ha sido disuelto y el Anticristo no ha venido.

No se trata, pues, del poder temporal de Roma, sino del poder romano espiritual, el que ha sucedido al poder romano temporal.

Para Santo Tomás de Aquino se trata del poder romano espiritual, que no es otro que el poder del Papa.

Yo pienso que verdaderamente vivimos el tiempo de la preparación a la venida del Anticristo. Es la apostasía, es el desmoronamiento de Nuestro Señor Jesucristo, la nivelación de la Iglesia en igualdad con las falsas religiones.

La Iglesia no es más la Esposa de Cristo, que es el único Dios.

Por el momento, es una apostasía más material que formal, más visible en los hechos que en la proclamación. No puede decirse que el Papa es apóstata, que ha renegado oficialmente de Nuestro Señor Jesucristo; pero en la práctica, se trata de una apostasía.

c) Las dos Bestias – Dos Congresos.

Homilía del 19 de noviembre de 1989.

Ahora os diré algunas palabras sobre la situación internacional. Me parece que tenemos que reflexionar y sacar una conclusión ante los acontecimientos que vivimos actualmente, que tienen bastante de apocalípticos.

Son algo sorprendente esos movimientos que no siempre comprendemos bien; esas cosas extraordinarias que suceden detrás, y ahora a través, de la cortina de acero.

No debemos olvidar, con ocasión de estos acontecimientos, las previsiones que han hecho las sectas masónicas y que han sido publicadas por el Papa Pío IX. Ellas hacen alusión a un gobierno mundial y al sometimiento de Roma a los ideales masónicos; esto hace ya más de cien años.

No debemos olvidar tampoco las profecías de la Santísima Virgen. Ella nos ha advertido. Si Rusia no se convierte, si el mundo no se convierte, si no reza ni hace penitencia, el comunismo invadirá el mundo.

¿Qué quiere decir esto? Sabemos muy bien que el objetivo de las sectas masónicas es la creación de un gobierno mundial con los ideales masónicos, es decir los derechos del hombre, la igualdad, la fraternidad y la libertad, comprendidas en un sentido anticristiano, contra Nuestro Señor.

Esos ideales serían defendidos por un gobierno mundial que establecería una especie de socialismo para uso de todos los países y, a continuación, un congreso de las religiones, que las abarcaría a todas, incluida la católica, y que estaría al servicio del gobierno mundial, como los ortodoxos rusos están al servicio del gobierno de los Soviets.

Habría dos congresos: el político universal, que dirigiría el mundo; y el congreso de las religiones, que iría en socorro de este gobierno mundial, y que estaría, evidentemente, a sueldo de este gobierno.

Corremos el riesgo de ver llegar estas cosas. Debemos siempre prepararnos para ello.

B) MONSEÑOR LEFEBVRE Y ROMA

a) La Roma Anticristo.

Carta a los futuros Obispos, del 29 de agosto 1987.

A los Padres Williamson, Tissier de Mallerais, Fellay y de Galarreta.

Estando ocupados la Sede de Pedro y los puestos de autoridad de Roma por anticristos, la destrucción del Reino de Nuestro Señor continúa rápidamente en el interior mismo de su Cuerpo Místico aquí abajo…

Esto nos ha valido la persecución de la Roma anticristo. Esta Roma, modernista y liberal, continúa con su obra destructiva del Reino de Nuestro Señor, como lo demuestran Asís y la confirmación de las tesis liberales del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa…

b) Roma ha perdido la fe y está en la apostasía.

Conferencia en el Retiro Sacerdotal, el 4 de septiembre de 1987.

Le Sel de la Terre N° 31, Hiver 1999-2000.

Es necesario que sostengamos, absolutamente sostener, mantener contra viento y marea.

Ahora voy a lo que, probablemente, os interesa más; yo digo: Roma ha perdido la fe, mis queridos amigos. Roma está en la apostasía. Estas no son simples palabras, no son palabras vacías las que digo. Es la verdad. Roma está en apostasía. Ya no podemos tener confianza en ese mundo, salió de la Iglesia, salieron de la Iglesia, salen de la Iglesia. Es seguro, seguro, seguro.

Il nous faut tenir, absolument tenir, tenir envers et contre tout.

Et alors, maintenant, j’en arrive à ce qui vous intéresse sans doute davantage ; mais moi, je dis : Rome a perdu la foi, mes chers amis. Rome est dans l’apostasie. Ce ne sont pas des paroles, ce ne sont pas des mots en l’air que je vous dis. C’est la vérité. Rome est dans l’apostasie. On ne peut plus avoir confiance dans ce monde-là, il a quitté l’Église, ils ont quitté l’Église, ils quittent l’Église. C’est sûr; sûr, sûr.

c) Roma sede de la iniquidad… etc.

Homilía del 30 de junio de 1988 (del minuto 21:07 al minuto 26:41).

También nuestros ojos se vuelven hacia la Virgen María. Saben bien, queridos hermanos –seguro que se lo han dicho–, cómo León XIII en una visión profética que tuvo, dijo que un día la Sede de Pedro sería la sede de la iniquidad. Lo dijo en uno de sus exorcismos, en el “exorcismo de León XIII”. ¿Es hoy? ¿Mañana? No sé. En todo caso ha sido anunciado. La iniquidad puede ser sencillamente el error. El error es una iniquidad: no profesar ya la Fe de siempre, no profesar ya la Fe católica, es un grave error; ¡si hay una gran iniquidad, es precisamente esa! Realmente creo que puedo decir que no ha habido nunca una iniquidad más grande en la Iglesia que la jornada de Asís, ¡que es contraria al primer mandamiento de Dios y contraria al primer artículo del Credo! ¡Es algo tan increíble que una cosa así haya podido realizarse en la Iglesia ante los ojos de toda la Iglesia humillada! Nunca hemos sufrido una humillación semejante. Todo esto lo podrán encontrar en el pequeño libro del Daniel le Roux, que ha sido editado especialmente para proporcionarles todo tipo de información sobre la situación actual de Roma.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey.

Ecclesiam, Agni immaculati sponsam, faverrrimi hostes repleverunt amaritudinibus, inebriarunt absinthio; ad omnia desiderabilia ejus impias miserunt manus. Ubi sedes beatissimi Petri et Cathedra veritatis ad lucem gentium constituta est, ibi thronum posuerunt abominationis et impietatis suæ; ut percusso Pastore, et gregem disperdere valeant.

No solamente el Papa León XIII ha profetizado estas cosas, sino Nuestra Señora. Últimamente, el sacerdote que está encargado del Priorato de Bogotá en Colombia, me ha traído un libro que versa sobre las apariciones de Nuestra Señora del Buen Suceso, que tiene una iglesia, una gran iglesia en Ecuador, en Quito, capital del Ecuador. Estas apariciones a una religiosa tuvieron lugar en un convento de Quito poco tiempo después del Concilio de Trento, hace pues varios siglos como ustedes ven. Todo esto fue consignado, habiéndose reconocido esta aparición por Roma y por las autoridades eclesiásticas, ya que se construyó una magnífica iglesia para la Virgen, de la que además los historiadores afirman que el rostro de la Virgen había sido terminado milagrosamente: se encontraba el escultor modelando el rostro de la Virgen, cuando se encontró con dicho rostro terminado milagrosamente. Esta Virgen milagrosa es honrada allí con mucha devoción por los fieles del Ecuador y profetizó para el siglo XX. Dijo a esta religiosa claramente: «Durante el siglo XIX y la mayor parte del siglo XX, los errores se propagarán cada vez con más fuerza en la Santa Iglesia, y llevarán a la Iglesia a una situación de catástrofe total, ¡de catástrofe! Las costumbres se corromperán y la Fe desaparecerá».

Nuestra impresión es que no podemos dejar de constatarlo.

Pido disculpas por continuar el relato de esta aparición, pero en ella se habla de un prelado que se opondrá totalmente a esta ola de apostasía y de impiedad y preservará el sacerdocio preparando buenos sacerdotes. Hagan ustedes la aplicación si quieren, yo no quiero hacerlo. Yo mismo me he sentido estupefacto leyendo estas líneas, no puedo negarlo. Está inscrito, impreso, consignado en los archivos de esta aparición.

25:40: Además ustedes conocen las apariciones de la Salette, donde Nuestra Señora dijo que Roma perderá la Fe, que habrá un eclipse en Roma; eclipse, adviertan lo que eso puede significar viniendo de parte de la Santísima Virgen.

25:50: Y finalmente el secreto de Fátima, más cercano a nosotros. Sin duda que el tercer secreto de Fátima debía hacer alusión a estas tinieblas que han invadido Roma, estas tinieblas que invaden el mundo desde el Concilio. Es por eso sin duda que el Papa Juan XXIII juzgó oportuno no publicar el secreto, puesto que habría sido necesario que tomase ciertas medidas y no se sentía tal vez capaz de cambiar completamente las orientaciones que comenzaba a dar con vistas al Concilio y para el Concilio. Estos son hechos sobre los que, me parece, podemos también apoyarnos.

2º) PRIMER RECORTE

El Superior General

Tiempos apocalípticos y La Salette.

Homilía del 15 de agosto de 2008.

Estamos aquí para cumplir el voto de Luis XIII. Se podría decir que más que nunca debemos tratar de cumplir este voto, no sólo con una procesión, no sólo durante una aclamación a la Santísima Virgen María por la cual la reconocemos como nuestra Reina y Madre, sino haciéndola entrar realmente en nuestra vida personal, familiar y social. Más que nunca tenemos que vivir en intimidad con la Santísima Virgen María, más que nunca necesitamos su patrocinio, su protección, debido a que vivimos tiempos muy especiales. Si queréis, podemos arriesgar la palabra: vivimos tiempos apocalípticos, no para complacernos en lo fantástico, sino simplemente porque lo que estamos viviendo es lo que se describe en este libro de la Escritura que es el Apocalipsis.

Es cierto que, tomado en su sentido más amplio, el Apocalipsis describe lo que está sucediendo en la Iglesia desde la muerte de Nuestro Señor hasta el fin de los tiempos. En un sentido amplio, tenemos que tomar este libro como una descripción de la vida de la Iglesia.

Algunos autores, incluso santos, han visto en él varias interpretaciones, y tomaron algunos capítulos para decir: “Este capítulo se aplica a tal época, este otro para tal otra.”

Sabemos que el futuro se nos escapa, y siempre es peligroso querer aplicar la Palabra de Dios, que está más allá de nosotros, a eventos particulares.

Es más fácil cuando las cosas han sucedido decir que tal parte se ha cumplido, que tal profecía era destinada para tal momento en particular.

Esto es delicado, por lo cual no queremos entregarnos a este tipo de aplicación.

Queda, sin embargo, que lo que vivimos —a nivel de la sociedad humana y de la Iglesiano es normal, sale completamente fuera de lo habitual y de lo ordinario. Realmente estamos en un período en el que todo está revolucionado, en el que son atacados los principios más profundos. Este es un momento increíble. Nos gustaría decir que esto no puede ser, que no debe existir.

Sin embargo, eso es lo que vivimos, ¡es una realidad! Y no tenemos derecho a hacer jugar la fe en contra de la realidad. Si es real, ¡es real!

Tenemos las promesas de nuestro Señor: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia” (Mateo, XVI, 18). Nuestro Señor es la Verdad, esa palabra es y sigue siendo verdad.

Sin embargo, cuando se mira la aplicación práctica, realmente tenemos deseos de decir que los teólogos del Concilio Vaticano I el Concilio que ha reafirmado con solemnidad la primacía papal, la infalibilidad del Papa—, que estos autores, sin duda, habrían considerado imposible, inconcebible lo que vivimos.

Es interesante recordar que Nuestra Señora de La Salette, anunció una época terrible para la Iglesia.

Estos anuncios, que fueron trasmitidos a Roma, fueron puestos en el Índice, ¡tan terribles eran!

Esta puesta en el Índice no significa que ellos fuesen falsos. Durante mucho tiempo, cuando se hacía referencia a Nuestra Señora de La Salette, uno se veía desairado con una palabra expeditiva: ¡La Iglesia ha condenado! ¡La iglesia ha prohibido la lectura por la puesta en Índice! Pero eso no quiere decir que era falso.

En los últimos años, concretamente desde el 3 de octubre de 1999, se encontraron los manuscritos originales de Mélanie y Maximin. Ellos estaban en los archivos y están todavía en los archivos del Santo Oficio, que ahora se llama la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Aquí encontramos todas las comunicaciones, las de Mélanie que envió al Papa lo que la Virgen le dijo, el famoso secreto de La Salette.

También tenemos el texto de Maximin, quien también recibió secretos de parte de Nuestra Señora.

Todos ellos están registrados, y fueron publicados hace relativamente poco tiempo.

¡Y bien!, se comprueba que los textos que habían circulado entre el público eran muy fieles y correspondía a lo que se dijo.

¿Y qué dijo la Santísima Virgen en La Salette? Anunció un tiempo terrible para la Iglesia, hasta declarar: “Roma perderá la fe”. Ella afirmó: “La Iglesia será eclipsada. Roma se convertirá en la sede del Anticristo”.

¡Palabras extremadamente fuertes!

Hay también una severa crítica contra el clero.

¿Existe desde entonces una época en que estas cosas se verifiquen de un modo más preciso que el nuestro? Desde La Salette hasta la fecha, ¿no son estos 40 últimos años los que son los más cercanos a esta descripción?

Palabras fuertes que uno no se atreve a repetir. No nos atrevemos a decir hoy: “Roma ha perdido la fe”. Decimos que tal o cual cardenal ha perdido la fe, o que este obispo se muestra como no teniendo la fe. Incluso hoy, no nos atrevemos a decir que Roma ha perdido la fe.

Ahora bien, me parece sin embargo que no es sin razón que veamos muchas cosas que se hacen o se publican en Roma y que ya no son la expresión de la fe católica. Incluso se puede llegar a decir que estamos presenciando el surgimiento de una nueva iglesia, una iglesia que se dice católica, pero que no tiene nada de católica. Tiene sus ritos, sus leyes, su Biblia, su manera de hacer las cosas, pero eso no es lo que la Iglesia enseñó desde hace siglos.

A esta iglesia nueva la llamamos Conciliar, o, más bien, es ella misma quien se hace llamar así.

Sin embargo, es casi imposible de distinguir de la real. Es como un cáncer generalizado. El cáncer en una persona no se identifica con esa persona, no es su verdadera naturaleza, es una enfermedad, pero está en ella. Cuando el cáncer se reduce a un tumor se lo puede circunscribir para extraerlo; pero cuando las metástasis se han extendido por todo el cuerpo, el médico se detiene, debido a que comprueba que el cáncer está en todas partes. No se atreve a tomar su bisturí para extraer el cuerpo extraño que está en esa persona.

Notas: Monseñor Fellay dice: En los últimos años, concretamente desde el 3 de octubre de 1999, se encontraron los manuscritos originales de Mélanie y Maximin.

1ª) En la revista de los dominicos de Francia, Le Sel de la Terre Nº 46 (automne 2003), el Padre Dominique Bourmaud hace una recensión del libro Découverte du secret de La Salette, que trata sobre este tema.

2ª) En la revista Fideliter Nº 204 (noviembre-diciembre 2011), el Padre Nicolas Portail publica un artículo donde habla del descubrimiento inesperado (página 76).

3º) SEGUNDO RECORTE

El Teólogo

La aparición de La Salette, sucedida en 1846, fue reconocida por Monseñor Bruillard, Obispo de Grenoble, el 19 de septiembre de 1851. La aparición estuvo acompañada de un mensaje que fue publicado inmediatamente y en el que se denunciaban los pecados cometidos contra la santificación del domingo y la abstinencia cuaresmal.

Por otra parte, la vidente Melania Calvat puso por escrito los mensajes que afirmaba haber recibido de la Santísima Virgen, en dos redacciones cortas y tres más completas.

Lo que se llama “Gran Secreto” corresponde a la última de las redacciones completas (21 de noviembre de 1878).

Al respecto, es preciso comenzar por reconocer que ningún acto canónico autorizó o prohibió la publicación de este texto.

El gran protector de la vidente, Monseñor Zola, Obispo de Lecce (Italia), se dedicó a difundir el mensaje del Gran Secreto a partir de 1879 y le concedió su “Imprimatur”. Ahora bien, el Obispo de Lecce no contaba con el poder jurisdiccional requerido para conceder la autorización de la Iglesia. Ésta debía provenir del Obispo de Grenoble, ordinario del lugar de las apariciones, o bien de la Santa Sede.

A veces se afirma que Pío IX y León XIII habrían dado de viva voz su asentimiento al texto. Con todo, es claro que estos comentarios oficiosos (cuya autenticidad aún no se ha probado) no pueden suplir un texto canónico promulgado en debida forma.

Hasta el presente el Gran Secreto de La Salette no ha sido ni aprobado ni reprobado por la Iglesia en virtud de un juicio propiamente canónico que se imponga a la adhesión de los fieles.

Ante la ausencia de reconocimiento oficial de parte de la Iglesia, cada cual tiene libertad para juzgar el Gran Secreto de La Salette de la manera como lo entienda, siempre y cuando sea de conformidad con las reglas de la prudencia sobrenatural.

De hecho, teólogos respetables han manifestado reservas fundadas.

En su tratado de teología mística el Padre Poulain lo presenta así: “Algunas personas consideran que el Secreto de Melania de La Salette sufrió modificaciones de parte de la imaginación de la vidente. Una de las razones invocadas, es que el texto contiene acusaciones muy duras y sin ningún correctivo sobre las costumbres del clero y de las comunidades religiosas desde 1846 hasta 1865. La historia nos enseña toda otra cosa, ya que muestra un período de fervor y de celo apostólico. Esa era la época de Pío IX, de Don Bosco, del Santo Cura de Ars y de la difusión de la enseñanza cristiana en Francia”.

El Cardenal Billot también manifestaba las mismas prudentes reservas.

No cabe duda que habría razones para relativizar estas reservas, teniendo en cuenta que estos teólogos escribían en momentos en que el significado eventualmente profético del mensaje estaba aún lejos de ser evidente.

Con todo, es innegable que a la par de afirmaciones animadas de gran tenor apocalíptico, el texto contiene aquí y allá algunas puerilidades desconcertantes.

Otro pasaje sigue siendo motivo, incluso hoy, de regueros de tinta y de saliva: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. ¿Quién podría negar que, tomada en todo el rigor de sus términos, esta frase resulta sorprendente e inquietante para un católico, por más que sea consciente de la magnitud de la crisis que sacude a la Iglesia después del Concilio Vaticano II?

Es claro que los acontecimientos de fin del siglo XX legitiman, hasta cierto punto, el recurso a la analogía de expresión.

Sin embargo, ciertas analogías encierran sutilezas que pueden escapar al común de los mortales. Por eso nos parece que a la luz de la sana teología y de las reglas de discernimiento de los espíritus, los católicos deben esperar que las moniciones venidas del Cielo estén exentas de cualquier equivocidad, presentándose así con todas las garantías de autenticidad.

Todo esto puede ilustrarnos acerca de por qué Roma no quiso autorizar hasta ahora la publicación de este texto, confiriéndole la luz verde de un “nihil obstat” canónico.

La frase de Fátima “El Santo Padre tendrá mucho que sufrir” escapa a semejantes ambigüedades, porque el recurso a un circunloquio evita perjudicar la institución divina y no hay nada que choque contra nuestro espíritu de fe: aquí podemos respirar tranquilamente, en un clima perfectamente católico.

La frase de La Salette es, tal vez, más fuerte, aunque se podría lamentar que carezca de la debida suavidad.

Claro que no es exactamente la manera de hablar de Lutero, que identificaba al Papa con el Anticristo.

Con todo, ante la inexistencia de un pronunciamiento autorizado del magisterio, no se podría reprochar a un católico las dudas que tuviese sobre el origen divino de estas revelaciones.

En el sermón de las consagraciones el 30 de junio de 1988 Monseñor Lefebvre cita esta profecía de La Salette, pero evita reproducir la expresión que Mélanie atribuye a la Santísima Virgen. Se contenta con decir que “la Santísima Virgen anunció que habrá como un eclipse en Roma, un eclipse de la fe”.

Quizá se nos replique que nadie puede pretender ser más sabio que la Virgen María…

Pero toda la cuestión radica precisamente en saber si el Gran Secreto de La Salette tiene origen divino.

Mientras el magisterio no se pronuncie, cada uno tiene libertad para guiarse según su sabiduría. Y nos parece que la de Monseñor Lefebvre, al menos en el estado actual de cosas, representa una garantía suficiente.

CONCLUSIÓN

Puede ser, no es imposible aunque parece improbable, que el Padre Gleize no esté al corriente de lo dicho por Monseñor Fellay en Saint Malo en agosto de 2008…

Puede ser, no es imposible aunque parece improbable, que el Padre Gleize desconozca la recensión del Padre Bourmaud…

Puede ser, no es imposible aunque parece improbable, que el Padre Bouchacourt ignore tanto la intervención de su Superior General como el artículo de su cofrade…

Pero lo que es imposible y, por lo tanto, inadmisible es que que Monseñor Fellay y los Padres Gleize y Bouchacourt desdigan y/o tergiversen las palabras de Monseñor Lefebvre, especialmente las del sermón del día de las Consagraciones Episcopales.

Recordemos las palabras de Monseñor Fellay:

¿Y qué dijo la Santísima Virgen en La Salette? Anunció un tiempo terrible para la Iglesia, hasta declarar: “Roma perderá la fe”. Ella afirmó: “La Iglesia será eclipsada. Roma se convertirá en la sede del Anticristo”.

No nos atrevemos a decir hoy:
“Roma ha perdido la fe
.” Decimos que tal o cual cardenal ha perdido la fe, o que este obispo se muestra como no tener fe. Todavía hoy, no nos atrevemos a decir que Roma ha perdido la fe.

Recordemos las palabras del teólogo:

Otro pasaje sigue siendo motivo, incluso hoy, de regueros de tinta y de saliva: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. ¿Quién podría negar que, tomada en todo el rigor de sus términos, esta frase resulta sorprendente e inquietante para un católico, por más que sea consciente de la magnitud de la crisis que sacude a la Iglesia después del Concilio Vaticano II?

Es claro que los acontecimientos de fin del siglo XX legitiman, hasta cierto punto, el recurso a la analogía de expresión.

Sin embargo, ciertas analogías encierran sutilezas que pueden escapar al común de los mortales. Por eso nos parece que a la luz de la sana teología y de las reglas de discernimiento de los espíritus, los católicos deben esperar que las moniciones venidas del Cielo estén exentas de cualquier equivocidad, presentándose así con todas las garantías de autenticidad.

La frase de Fátima “El Santo Padre tendrá mucho que sufrir” escapa a semejantes ambigüedades, porque el recurso a un circunloquio evita perjudicar la institución divina y no hay nada que choque contra nuestro espíritu de fe: aquí podemos respirar tranquilamente, en un clima perfectamente católico.

Ahora, confrontemos:

Dice Monseñor Fellay:

No nos atrevemos a decir hoy:
“Roma ha perdido la fe
.” Decimos que tal o cual cardenal ha perdido la fe, o que este obispo se muestra como no tener fe. Todavía hoy, no nos atrevemos a decir que Roma ha perdido la fe.

Dijo Monseñor Lefebvre:

Roma ha perdido la fe, mis queridos amigos. Roma está en la apostasía. Estas no son simples palabras, no son palabras vacías las que digo. Es la verdad. Roma está en apostasía.

Dice el teólogo:

Otro pasaje sigue siendo motivo, incluso hoy, de regueros de tinta y de saliva: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. ¿Quién podría negar que, tomada en todo el rigor de sus términos, esta frase resulta sorprendente e inquietante para un católico, por más que sea consciente de la magnitud de la crisis que sacude a la Iglesia después del Concilio Vaticano II?

Es claro que los acontecimientos de fin del siglo XX legitiman, hasta cierto punto, el recurso a la analogía de expresión.

Sin embargo, ciertas analogías encierran sutilezas que pueden escapar al común de los mortales. Por eso nos parece que a la luz de la sana teología y de las reglas de discernimiento de los espíritus, los católicos deben esperar que las moniciones venidas del Cielo estén exentas de cualquier equivocidad, presentándose así con todas las garantías de autenticidad.

Dijo Monseñor Lefebvre:

Ustedes conocen las apariciones de la Salette, donde Nuestra Señora dijo que Roma perderá la Fe, que habrá un eclipse en Roma; eclipse, adviertan lo que eso puede significar viniendo de parte de la Santísima Virgen.

Dice el teólogo:

La frase de Fátima “El Santo Padre tendrá mucho que sufrir” escapa a semejantes ambigüedades, porque el recurso a un circunloquio evita perjudicar la institución divina y no hay nada que choque contra nuestro espíritu de fe: aquí podemos respirar tranquilamente, en un clima perfectamente católico.

Dijo Monseñor Lefebvre:

Sin duda que el tercer secreto de Fátima debía hacer alusión a estas tinieblas que han invadido Roma, estas tinieblas que invaden el mundo desde el Concilio.

Aceptamos, por lo tanto, la frase final del Padre Gleize:

Mientras el magisterio no se pronuncie, cada uno tiene libertad para guiarse según su sabiduría. Y nos parece que la de Monseñor Lefebvre, al menos en el estado actual de cosas, representa una garantía suficiente.

Y, con Monseñor Lefebvre, sostenemos:

* Roma está en tinieblas, en las tinieblas del error. Nos es imposible negarlo.

* La apostasía anunciada por la Escritura llega. La llegada del Anticristo se acerca. Es de una evidente claridad.

* Hemos llegado, yo pienso, al tiempo de las tinieblas.

* Yo pienso que verdaderamente vivimos el tiempo de la preparación a la venida del Anticristo. Es la apostasía

* Estando ocupados la Sede de Pedro y los puestos de autoridad de Roma por anticristos…

* Esto nos ha valido la persecución de la Roma anticristo.

* Roma ha perdido la fe.

* Roma está en apostasía.

* Ustedes conocen las apariciones de la Salette, donde Nuestra Señora dijo que Roma perderá la Fe, que habrá un eclipse en Roma; eclipse, adviertan lo que eso puede significar viniendo de parte de la Santísima Virgen.

* Sin duda que el tercer secreto de Fátima debía hacer alusión a estas tinieblas que han invadido Roma, estas tinieblas que invaden el mundo desde el Concilio.

¡Ah!… Todo hace pensar que el Padre Bouchacourt sólo conoce de Monseñor Lefebvre el sermón del 26 de febrero de 1983…