En la Argentina no hemos tenido pastores santos, si se exceptúa el bondadoso y un poco corto Mamerto Esquiú. Hemos tenido en cambio pastores malnacidos, pastores cobardes, pastores avarientos, pastores iletrados, pastores simoníacos, pastores embusteros, pastores calumniadores, pastores concubinarios; y los peor de todo, pastores villanos, estúpidos o idiotas. Yo lo pongo en tiempo pasado, S.E. es muy posible que pueda conjugar el tiempo, si, como creo, no pertenece a ninguna de esas categorías. El diablo conoce muy bien aquello de “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” . En nuestro país ha hecho una obra fina; y a consecuencia de ella, la Iglesia Argentina es un montón de ruinas, donde se esconden no pocos bichos, algunos venenosos”. (Carta al Nuncio Zanín, 1954, Seis Ensayos, p. 207).
¿Necesitamos voces proféticas hoy? Tal vez. Unas pocas. Pero no cualquiera posee una voz profética. Resulta caro. Frecuentemente se los arroja a una cisterna o se los juzga por traición. O se les corta la cabeza. O se los crucifica. O se los mata. Simplemente no es un negocio que cuente con popularidad ¾ ¾ de modo que se requiere un cierto tipo de persona para ser profeta. Los profetas no se confunden con el común. Simplemente no pueden entender que uno no puede decir ciertas cosas, ni puede hacer enojar a ciertas personas. No entienden que los edificios deben ser construidos y pagadas las facturas. Sencillamente no entienden cómo funciona el sistema y cómo se hacen las cosas. No calzan en una conversación amable sobre la última trivialidad porque siempre quieren hablar de asuntos demasiado serios. Son insensibles sociales porque continuamente quieren traer a la conversación tópicos de los que nadie quiere hablar […] Los profetas frecuentemente ven cosas que los demás no ven y así se vuelven molestos para sus “familiares” que incluso a veces los acusan de haber perdido la chaveta.
¿Qué ha de hacer un cristiano en una Iglesia decaída, digamos, corrompida; un hombre de verdad a quien le toca el sino de vivir en mala época? ¿Qué es lo que le exige y le permite la fe? ¿Puede callar? ¿Está obligado a hablar? El problema se complica terriblemente con otras preguntas. ¿Qué misión pública tiene? ¿Hasta dónde está corrompida la Iglesia ? ¿Qué efecto positivo se puede esperar si chilla? ¿Cómo ha de chillar? La obligación expresa de “dar testimonio de la verdad”, que fue la misión específica de Cristo, se vuelve espinosa en Sócrates, angustiosa en un pastor como Kierkegaard, perpleja hasta lo indecible en un simple fiel” (Cristo y los Fariseos, p. 45).
HUIDA
Una vez atraparon a un monje que venía huyendo a toda furia mirando hacia atrás.
-¡Párese! ¡Párese, don! ¡Adonde va!
El anacoreta estaba que no lo sujetaban ni a pial doble.
-¿Qué le pasa? ¿Quién lo corre?
-¿Lo persigue alguna fiera?
-Peor- Dijo el ermitaño.
-¿Lo persigue la viuda?
-Peor.
-¿Lo persigue la muerte?
El anacoreta dio un grito:
-¡Algo peor que la demencia!- Y siguió huyendo.
Venía atrás al galope un necio con poder.
P. Leonardo Castellani – Camperas

Siempre es bueno recordar las palabras de este admirable pastor, y pensador, pero por sobre todo, profeta extraordinario.
El primer parrafo correspondiente a la carta al Nuncio parece haber sido escrito hoy.
Sus Monseñores Panchampla y Fleurette parecen preanunciar a Bergoglio.
Castellani, como todos los profetas, debio llevar una vida triste y solitaria, porque a los imbeciles (incluidos los que estan en el clero y en la Compañia), les gustan los sujetos untuosos, serviles y adulones, todo lo contrario de este gringo del norte, adusto y de pocas palabras.
Pero ahora esta en el Reino, junto a su admirado San Jeronimo, otro hombre de pocas pulgas, que no dudo en reprender al gran San Agustin.
Soy un gran admirador del P. Castellani pero tengo una visión mas pesismista que la suya, creo que ni siquiera se salva Fray Mamerto Esquiú, el denominado «orador de la Constitución», apologista furioso de esa obsecuente copia de la constitución norteamericana, estatuto liberal-masónico con que se aherrojó al país real.
Que algún buen corazón diga que después se arrepintió. Tarde, el mal estaba hecho.
Los frailes no pueden ser ingenuamente tontos. A su lado, con su acertada vista de águila sobre la materia, don Juan Manuel parece un Padre de la Iglesia.
…Hombre esclavo ¡despertad ya el tiempo se acaba!
…Hombre necio ¡comprende de una vez las señales de los tiempos!
…Hombre sin Dios ¡en aquel día y en aquella hora tus lamentos no seran escuchados!
…Hombre de Dios ¡el mundo te repudia porque no perteneces a él!
…Hombre de Dios ¡tu vida entregas por la verdad y la justicia!
…La cizaña de los campos ya pronto dejará de crecer….
…El hijo del padre triunfante regresará y caminará junto a su rebaño.
Bravo, Azul! Necesitaríamos VARIOS «Padres de la Iglesias» como nuestro gran Restaurador!!