PADRE LEONARDO CASTELLANI: Y LA IGLESIA ARGENTINA

CARTA AL SEÑOR NUNCIO APOSTÓLICO
MONSEÑOR MARIO ZANÍN
(I de III)

Buenos Aires, 27 de noviembre de 1954

Nota: como el Padre Castellani desarrolla tres temas (2° y 3° juntamente), publicamos la Carta en tres Entregas.

No he hablado nunca con S. E. Otros le han hablado de mí, y S.E. también ha hablado mucho de mí; bien o mal, no lo sé, Pero yo no he hablado con S.E.

No está de más entre cristianos entenderse directamente, y no solamente por habladurías ajenas; porque si no, ¿cómo seriamos hermanos?

Ha llegado el momento de decir útilmente algunas verdades. Un gran doctor católico inglés ha escrito: “Unless Rome has balanced information she can do nothing” (“Roma nada puede hacer, a menos de tener información equilibrada”) (R.H. Benson The Lord of the World).

Roma no tiene actualmente información buena acerca de la Argentina; o por lo menos acerca de muchas cuestiones argentinas capitales; y este es un hecho del cual tengo experiencia y evidencia propia. La fama que tiene la diplomacia vaticana de ser “la mejor informada del mundo” falla en el caso de nuestro país, por lo menos.

Lo que voy a decir aquí a S. E, no es nuevo: lo he dicho muchas veces a quien correspondía y como correspondía. Hace muchos años que vengo dando testimonio con obras, palabras y escritos, incluso públicamente, incluso a mis riesgos y con grandes costas, de las realidades que aquí voy a recordar; y de las que ahora algunos se asombran tanto; o se hacen los asombrados.

Yo no soy profeta y no tengo visiones; pero de mis obras se puede espigar una cantidad de previsiones o afirmaciones previsibles que se han verificado a la letra, habiendo sido desdeñadas en su tiempo por los “Pastores”, los cuales aquí entre nosotros parecen desdeñar u odiar o tratar de eliminar el carisma de Doctor, corrigiendo temerariamente la enseñanza del Apóstol: “alios pastores et doctores”.

Voy a reflexionar aquí sobre estos cuatro puntos:

– 1°) ¿Es la Argentina un país católico?

– 2°) ¿Tiene la Argentina realmente Pastores?

– 3°) ¿Por qué no los tiene?

– 4°) ¿Qué va a pasar ahora?

*-*

1°) ¿Es la Argentina un país católico?

La Argentina es un país católico.

Hay que entender qué significa esta proposición.

El señor Brujulart que vive enfrente de mí, ¿es un católico o no? Ha sido bautizado a la edad de 7 meses, ha hecho la primera comunión, se ha casado «por la Iglesia” —pagó los 50 pesos al cura y se dejó llevar ante un altar vestido de yaqué—, y cuando muera lo llevarán de nuevo al templo y será rociado de agua bendita y de latines frangollados; conoce poco o nada de la religión; va a misa o no va, según le acomode; tiene la cabeza llena de ideas heréticas o erróneas, bebidas en diarios, revistas y novelas; vive conforme a una moral muy elástica y exterior; ha puesto entre paréntesis uno o dos mandamientos de la Ley de Dios; y su fe consiste en una vaga mitología que no tiene mucha relación con la vida real.

¿Es católico Brujulart? Si quieren llamarlo católico, hagan lo que quieran; yo no lo llamo católico.

Algo así pasa con la nación argentina, como nación.

En su conjunto es católica mistonga, tiene una especie de cristianismo de tango; sin que esto signifique que no haya en todos los estratos sociales —sobre todo en el pueblo— algunos cristianos bien legítimos; y también bien ignorados u oprimidos a veces.

El cuadro del catolicismo mistongo es algo que requeriría un libro, que yo no he de escribir. Baste decir aquí que la plebe tiene una tal incultura religiosa que su religiosidad frisa la superstición y el fetichismo; las clases cultas un cristianismo tan adulterado que su religiosidad frisa la herejía naturalista (deísmo, protestantismo, modernismo) y el clero tan poca fe sobrenatural y formación teológica que su religiosidad frisa el fariseísmo, o al menos el funcionalismo, que es su primer grado. La proporción de sacerdotes funcionales (cosas que funcionan, funcionarios) comparada con los sacerdotes carismáticos (sacerdotes que enseñan la fe) aunque no se pueda reducir a estadísticas, sabemos que es muy grande.

“Intelligenti, pauca”.

El libro que sobre el catolicismo mistongo debiera escribirse tendría que ser un libro irónico o humorístico.

La base podía ser la noticia sobre la Argentina actual que trae la Historia eclesiástica del doctor Marx traducida por Ruiz Amado, S.J., y completada hasta nuestros días por los “Padres de la Compañía de Jesús”.

El botarate ingenuo que redacto el apéndice Argentina hizo grande ironía sin saberlo, porque cada una de sus eufóricas proposiciones, que pintan al catolicismo argentino como una jauja sudamericana, pueden ser leídas irónicamente con gran provecho.

Los “triunfos» del catolicismo argentino son para este infeliz, por ejemplo: “cuatro sacerdotes han ido a Roma a estudiar la Acción Católica italiana; y a su vuelta la Acción Católica se ha propagado mucho numéricamente”; y otros números, estadísticas y exterioridades que no son la fe; y a veces tienen menos que ver con ella que con la política, la propaganda y el “clericalismo”.

Recomiendo a S.E. que lea ese artículo y lo compare con la realidad que tiene ante los ojos, si tiene tiempo; que sí tendrá, porque pertenece a su deber, según creo.

El estado del catolicismo mistongo de esta nación es parecido al estado del cristianismo luterano en tiempo de Sören Kirkegor salvando algunas diferencias esenciales.

El gran filósofo danés tuvo de Dios la misión de decir en su patria que ese cristianismo no era el cristianismo.

¿Qué era pues? Era a lo más la «Religión A» —que dice él— contrapuesta a la «Religión B”, por la cual entiende y describe él al verdadero cristianismo, en libros que son inmortales.

La Religión A es una religiosidad sin misterios, a lo más la religión de los grandes paganos como Homero, Sófocles o Varrón; la cual en un cristiano actual no es una inocente regresión al paganismo, o marcha atrás o simple retardo, sino una verdadera desintegración o adulteración; como en un adulto ser achiquilinado o puerilizado no es una inocente vuelta a la infancia —y menos la que recomendó Cristo— sino que es una aberración y monstruosidad; ya que sabemos que la vida no vuelve atrás sino desintegrándose.

La Religión A en la Argentina consiste en un poco de mitología y un poco de moralina.

La Religión B es la religión con misterios, la cual no es una cosa fácil y natural sino difícil; la religión de la Fe sobrenatural que es «deudora del martirio” y que no se puede obtener sin alguna forma de martirio, incruento, lento, o como sea; martirio que comienza por el aplastamiento del intelecto humano por la Fe, lo cual no es ningún juego o deporte; y que, si no comienza con eso, no existe.

Esa religión de la cruz es la que hay que devorar, la cual “al tragarla es dulce pero después amarga el vientre”, y nos devora a nosotros como una llama cada vez más divinamente exigente a medida que crece.

Es una religión de conflicto. Todos tenemos un conflicto con Cristo, porque todos somos pecadores; y el que no comienza por sentirse y reconocerse pecador y necesitado de redención no es cristiano; porque no puede rezar con sinceridad ni siquiera el Ave María.

Los obispos en su última pastoral dicen: “Hemos cumplido con nuestro deber”. No es esa la palabra del hombre religioso B. El hombre religioso B dice: “Soy un siervo inútil; piedad de mí pecador, ¡oh Dios!”.

En esta Religión B se puede y debe decir con verdad: “yo no soy cristiano, pero deseo serlo y camino a serlo”, porque es un camino y no un estado de asiento y de repaso, como si “ya estuviésemos salvados”.

La salvación se hace, no está; deviene, no es: “spe enim salvi facti sumus”.

De Kirkegor dijo su amigo Nielsen en un café: «Este Söeren que está aquí con nosotros, enseña que no ha habido jamás un solo cristiano… ni siquiera Cristo».

A este chiste contestó el filósofo con otro chiste.

Pero si hubiera querido contestar en serio, pudiera haber dicho: “Cristo fue el cristianismo total y en estado de acto puro en cada momento de su vida; pero… aun el mismo Cristo no pudo decir “Todo está cumplido” sino en el último momento de su vida; más aún, según San Pablo, solamente cuando fue sentado a la diestra del Padre como cabeza del cuerpo místico; más aún, en ese cuerpo todavía Cristo pena, se esfuerza y camina: se hace cristiano.

Mas nosotros, que ese cuerpo constituimos, en ningún momento podemos decir que “ya somos, ya está”, fuera del momento de la muerte y aun más allá, porque todavía queda el Purgatorio…

Nos hacemos cristianos solamente; no somos “ciudadanos del cielo«, como dijo poco ha un teólogo trascordado.

Esa Religión B, ese cristianismo exagerado —es decir verdadero— es rarísimo en la Argentina, a juzgar por las señas: no se predica, no se enseña, no se ven sus ejemplos, no se ven sus efectos-

Se predica al «dulce Nazareno” (Constancio Vigil); se enseña una mitología fácil (el niñito Jesús, la “madrecita buena” que es la Virgen, San Antonio buscanovios y San Judas que hace acertar la lotería).

Sus ejemplos son las claudicaciones continuas de la jerarquía y la gruesa inmoralidad de los “fieles»; sus efectos son los que estamos viendo…

— La Argentina, ¿es un país católico?

— Católico mistongo, sea.