RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

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¿Consiste la bienaventuranza en el conocimiento de las sustancias separadas?

NO

Fundamento teológico

Santo Tomás de Aquino

Suma teológica

Parte Ia-IIae

Cuestión 3

Artículo 7

Objeciones por las que parece que la bienaventuranza del hombre consiste en el conocimiento de las sustancias separadas, es decir, de los ángeles:

1. Dice Gregorio en una homilía: De nada sirve asistir a las fiestas de los hombres, si no se asiste a las fiestas de los ángeles; con lo que se refiere a la bienaventuranza final. Pero podemos asistir a las fiestas de los ángeles mediante su contemplación. Luego parece que la última bienaventuranza del hombre consiste en la contemplación de los ángeles.

2. Además, la perfección última de una cosa es que se una con su principio; por eso también se dice que el círculo es una figura perfecta, porque tiene el mismo principio y fin. Pero el principio del conocimiento humano procede de los ángeles, mediante los cuales son iluminados los hombres, como dice Dionisio. Luego la perfección del entendimiento humano está en la contemplación de los ángeles.

3. Además, una naturaleza llega a ser perfecta cuando se une a una naturaleza superior, como la última perfección del cuerpo es unirse a la naturaleza espiritual. Pero en el orden de la naturaleza, por encima del entendimiento humano, están los ángeles. Luego la última perfección del entendimiento humano es unirse mediante la contemplación a los ángeles.

Contra esto está lo que se dice en Jer., 9, 24: El que se gloríe, gloríese en esto: en saber y conocerme a mí. Por tanto, la última gloria, o bienaventuranza del hombre, consiste sólo en el conocimiento de Dios.

Respondo que la bienaventuranza perfecta del hombre no consiste en lo que es perfección del entendimiento por participación de algo, sino en lo que lo es por esencia.

Pero es claro que algo es perfección de una potencia en la medida que le pertenece la razón de objeto propio de esa potencia.

Y el objeto propio del entendimiento es la verdad.

Por consiguiente, la contemplación de algo que tiene verdad participada no perfecciona al entendimiento con la última perfección.

Pero, como la disposición de las cosas en el ser y en la verdad es la misma, lo que es ente por participación es verdadero por participación.

Ahora bien, los ángeles tienen ser participado, porque sólo en Dios su propio ser es su esencia.

Por consiguiente, resulta que sólo Dios es la verdad por esencia, y que su contemplación hace perfectamente bienaventurado.

Con todo, nada impide apreciar en la contemplación de los ángeles alguna bienaventuranza imperfecta, incluso más alta que en la consideración de las ciencias especulativas.

Respuesta a las objeciones:

1. Asistiremos a las fiestas de los ángeles, no sólo contemplando a los ángeles, sino a Dios, junto con ellos.

2. Según los que afirman que las almas humanas han sido creadas por los ángeles, parece bastante conveniente que la bienaventuranza del hombre esté en la contemplación de los ángeles, como en la unión con su principio. Pero esto es erróneo. Por eso, la última perfección del entendimiento humano se alcanza mediante la unión con Dios, que es el primer principio tanto de la creación del alma como de su iluminación. No obstante, el ángel ilumina como maestro; por eso ayuda al hombre con su magisterio para que llegue a la bienaventuranza, pero no es el objeto de la bienaventuranza humana.

3. La naturaleza inferior puede alcanzar la superior de dos modos. Uno, según el grado de la potencia que participa, y así, la última perfección del hombre estará en que éste llegue a contemplar como contemplan los ángeles. El otro modo, como la potencia consigue su objeto, y de este modo la perfección última de cualquier potencia consiste en alcanzar aquello en lo que se encuentra plenamente la razón de su objeto

 

De un total de 39 respuestas:
9 contestaron SI  
27 contestaron NO 
3 contesto OTRO

Según esta estadística la mayoría contestó CORRECTAMENTE.

Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.