EL EQUIPO DE REDACCIÓN TRABAJA PARA USTED: ¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO?

Mirando al mundo

SEXTA PARTE

¿EXISTE EL CORONAVIRUS?

LA MARCA DE LA BESTIA

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Como dijimos en la primera entrega, las profecías apocalípticas sucederán con un orden determinado. Aquellos con autoridad que las estudiaron y estudian, nos hacen llegar estas presunciones para que nos ayuden en estos tiempos.

Una vez comenzados los últimos 7 años, deberían aparecer los dos Testigos, cuya finalidad es convertir a los judíos y quizás también a los paganos. Ellos serán muertos. Toda la gente lo verá y el mundo lo festejará.

Los judíos, una vez convertidos, comenzarían la construcción del templo.

A los tres años y medio, con la aparición del anticristo, huirían al desierto.

Luego vendría la tribulación primera y la gran tribulación después.

La ira de Dios sería luego de estos acontecimientos.

Por lo tanto, la marca de la bestia no podría ser colocada ahora mismo, pues todavía el anticristo no se ha entronizado.

Vayamos a las fuentes para refrescar los puntos clave sobre este asunto.

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Texto del Apocalipsis, XIII, 16-18:

Y vi otra bestia que subía de bajo la tierra. Tenía dos cuernos como un cordero, pero hablaba como dragón. Y la autoridad de la primera bestia la ejercía toda en presencia de ella. E hizo que la tierra y sus moradores adorasen a la bestia primera, que había sido sanada de su golpe mortal. Obró también grandes prodigios, hasta hacer descender fuego del cielo a la tierra a la vista de los hombres. Y embaucó a los habitantes de la tierra con los prodigios que le fue dado hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que debían erigir una estatua a la bestia que recibía el golpe de espada y revivió. Y le fue concedido animar la estatua de la bestia de modo que la estatua de la bestia también hablase e hiciese quitar la vida a cuantos no adorasen la estatua de la bestia. E hizo poner a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos una marca impresa en la mano derecha o en la frente, a fin de que nadie pudiese comprar ni vender si no estaba marcado con el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí la sabiduría: quien tiene entendimiento calcule la cifra de la bestia. Porque es cifra de hombre: su cifra es seiscientos sesenta y seis.

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Comentario de Monseñor Straubinger:

Alude al boicot económico por medio del cual serán sometidos los cristianos al sistema del terror, cosa que ya no nos toma de sorpresa en esta época.

Según observan los expositores, se trataría de marcas indelebles, es decir, tatuadas en la piel. En el sentido de apostasía y endiosamiento del hombre, que son las características fundamentales del Anticristo, en el doble aspecto religioso y político.

Parecería quedar confirmado que el Anticristo será en su esencia la culminación del humanismo que desafía a Dios frente a frente.

La rebelión del primer hombre no fue otra cosa que ese mismo instinto primario y monstruoso de disputar al Creador la divinidad —“seréis como dioses”— sin ver que ésta es inseparable de su propio Ser.

Y todo es obra del dragón, pues él fue el primero que quiso hacer lo mismo.

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Comentario del Padre Castellani:

Una marca impresa en la mano derecha o en la frente… Las “listas negras”, ya conocidas, serán universales y totalitarias. Los perseguidos no tendrán el recurso de emigrar ni refugiarse en embajadas con derecho de asilo. El poder absoluto en una sola mano significa el arrancamiento de raíz de toda libertad: cuando el poder cae en manos de uno solo, el mundo entero se convierte en una cárcel para sus enemigos sin posibilidad de fuga.

Quizás tenga un carácter sacrílego u obsceno que los cristianos no podrán aceptar.

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Comentario del Padre Lacunza:

El Falso Profeta persuadirá a los hombres que lleven en la mano o en la frente el carácter de la primera bestia, o su nombre, o el número de su nombre, so pena de no poder comprar ni vender, que es lo mismo que decir, so pena de muerte.

El mismo apóstol, para dar alguna luz o alguna esperanza de entender toda esta metáfora, la cual evidentemente no convenía que se entendiese antes de tiempo, concluye todo el capítulo con estas palabras enigmáticas: Aquí hay sabiduría. Quien tiene inteligencia, calcule el número de la bestia. Porque es número de hombre; y el número de ella seiscientos sesenta y seis.

Casi desde los tiempos de San Juan, como testifica San Ireneo, se han hecho siempre las mayores diligencias para descifrar este enigma, y entender bien este gran misterio, persuadidos firmemente los doctores, de que aquí se encierra el nombre del Anticristo, o algún distintivo propio suyo por donde conocerlo infaliblemente.

El empeño es sin duda laudable, y óptima la intención, pues una vez que se sepa el nombre o distintivo propio de aquel hombre o persona, que llaman Anticristo, será fácil conocerlo, cuando aparezca en el mundo; y si se conoce, será fácil no caer en el lazo.

Este discurso justo en sí mismo, en el sistema de los doctores no lo parece tanto. Los que esperan al Anticristo en la forma en que se halla en toda suerte de escritores eclesiásticos, ¿qué necesidad pueden tener de saber su nombre, o algún distintivo propio suyo para conocerlo? ¿Qué nueva luz se les puede añadir con esto para distinguirlo de los otros hombres?

Traed, amigo, a la memoria siquiera alguna de aquellas noticias particulares de que ya hemos hablado, y corren comúnmente por indubitables, y decidme: ¿con ellas solas, sin otro distintivo, podréis desconocer al Anticristo? ¿Habrá algún hombre, por rudo que sea, que, teniendo dichas noticias, no lo conozca al punto?

Imaginad para esto, que ahora en nuestros días sale de Babilonia, o de donde os pareciere mejor, un príncipe nuevo, que nadie sabía de él. Este nuevo príncipe, acompañado de una multitud infinita de judíos, que lo han reconocido por su rey y Mesías, se va derecho a la Palestina, la conquista toda, sólo con dejarse ver, la evacua de sus habitadores actuales, establece en ella a todas las tribus de Israel, edifica de nuevo a Jerusalén para corte de su imperio, de allí sale con innumerables tropas, compuestas ya de judíos, ya de otras naciones orientales, hace guerra a todos los reyes de la tierra, mata tres de ellos, y a los demás los sujeta a su dominación, trae siempre consigo un profeta grande que hace continuos y estupendos milagros; en suma, este príncipe nuevo, cuyo nombre todavía no se sabe, se ha hecho en breve tiempo monarca universal de toda la tierra; todos los pueblos, tribus y lenguas, lo reconocen y obedecen como a soberano…

¿Qué os parece, amigo, de este gran personaje? ¿No es éste el Anticristo que esperábamos? ¿No son éstas las noticias que habíamos leído en nuestros libros? ¿Qué necesidad tenemos ahora de saber su carácter, ni su nombre, ni el número de su nombre? Sin esto conocemos al Anticristo, y lo conoce toda la tierra. Este monarca universal de toda ella, cuya corte es Jerusalén, éste es ciertamente el Anticristo.

De aquí se sigue una de dos cosas: o que el enigma propuesto, o su inteligencia, es la cosa más inútil del mundo, o que el Anticristo que esperamos debe ser alguna otra cosa infinitamente diversa de lo que hasta ahora hemos imaginado.

Si esto segundo se concediese, me parece que se pudiera adelantar no poco en la inteligencia del enigma, como tentaremos más adelante.

***

Veamos lo que hasta ahora se ha adelantado en el sistema contrario.

Primeramente, han hecho los doctores este discurso previo, que parece justísimo, y lo fuera en realidad, si no tocara o supusiera el principio mismo que se pide.

Los números de que usan los griegos, dicen con verdad, no son otros que sus mismas letras. Estas letras numerales juntas y combinadas entre sí, deben formar alguna palabra, pues al fin son letras; luego el número 666 expresado en letras griegas (en las cuales se escribió todo el Apocalipsis) deberá necesariamente formar alguna palabra; pues esta palabra, concluyen, es ciertamente el nombre, o el carácter, o el distintivo propio del Anticristo.

Bien. Y si las letras griegas que son necesarias para expresar el número 666 se pueden combinar de treinta maneras diferentes, podrán también o deberán formar treinta palabras diferentes; y en este caso ¿cuál de ellas será el nombre propio, o el propio distintivo de este hombre, o de esta persona que llaman Anticristo?

O éste tendrá todos los treinta nombres y distintivos; o, si ha de tener uno solo, éste no lo pueden enseñar en particular las letras mismas numerales.

En efecto, las palabras o nombres del Anticristo que se han sacado del número 666 expresado en letras griegas, son muy diversos e indeterminados.

¿Cómo, pues, podremos conocer por su nombre, o carácter, o distintivo a esta bestia o este Anticristo?

Yo saco de aquí una consecuencia que me parece buena y naturalísima, a lo menos en línea de sospecha vehemente, es a saber: que mientras se buscare el nombre o distintivo de una persona individuo y singular, parece muy probable que el enigma se quede eternamente sin solución.

El texto sagrado habla del nombre, o carácter, o distintivo de una bestia metafórica de siete cabezas y diez cuernos, conque si dicha bestia no significa una persona singular, como parece algo más que probable, todas las operaciones que se hicieren sobre este principio, irán ciertamente desviadas, ni podrán jamás tocar el fin que se proponen.

No quedándonos, pues, esperanza alguna racional de entender el enigma en la idea ordinaria de una persona singular, parece ya conveniente y aun necesario mudar de rumbo, trabajar, digo, sobre otra idea o principio diverso, y ver si por aquí se puede avanzar algo que nos contente, y nos pueda traer alguna utilidad.

***

Mudada, pues, por un momento la idea del Anticristo de una persona singular a un cuerpo moral, para proceder con algún orden y claridad en el estudio del enigma, me preparo con una diligencia previa.

Pienso primeramente en profunda meditación, ¿cuál puede ser el carácter más propio, o el distintivo más preciso de un cuerpo moral anticristiano, compuesto de muchos individuos?

Si hallo este carácter o distintivo, el más propio, aunque sea sólo probablemente, paso a la segunda diligencia no menos necesaria, esto es, a comparar lo que he hallado con el texto mismo y con todo su contexto, y también para asegurarme más con otras ideas y noticias que he hallado en otras partes de la Santa Escritura.

Si después de este examen atento y prolijo, hallo dicho carácter o distintivo perfectamente conforme a la idea que me da el texto con todo su contexto, y a la idea que me da en otras partes la divina Escritura, me queda examinar si dicho carácter o distintivo corresponde del mismo modo al número 666, o a las letras numerales griegas que componen este número.

Si a todo esto lo hallo perfectamente conforme, si todo camina naturalmente sin artificio, sin violencia, sin dificultad, sin embarazo alguno, me parece que en este caso podré concluir, con toda aquella seguridad que cabe en el asunto, que ésta es la verdadera solución del enigma; y cualquier hombre sensato deberá recibir, y contentarse con esta solución, mientras no se le presente otra, que atendidas todas las circunstancias pareciere mejor.

***

Supuesto este discurso general, procedamos ya a nuestra operación.

Yo discurro así:

En la idea de un cuerpo moral anticristiano, compuesto de muchísimos individuos, se concibe al punto que ese cuerpo debe estar animado todo de algún espíritu, que es lo que llamamos el carácter, o el distintivo propio de este mismo cuerpo, particular y determinado.

Ahora pues, ¿qué otro espíritu puede unir y animar un cuerpo moral anticristiano, como tal, sino aquel mismo de su propia definición, esto es, el espíritu que divide a Jesús?

De aquí se sigue manifiestamente, que el carácter y distintivo propio de este cuerpo moral no puede ser otro que dividir a Jesús activa y pasivamente; no puede ser otro, que el odio formal a Jesús, el oponerse a Jesús, perseguir a Jesús, procurar destruirlo, o desterrarlo del mundo, borrando del todo su nombre y su memoria.

Lo que falta solamente es que este carácter se halle también en el número 666 del mismo modo que se escribe en griego, esto es, que las letras griegas que componen dicho número, den al mismo tiempo este mismo carácter, o distintivo expreso y claro.

Entre las varias combinaciones que se han hecho de las letras griegas que forman el número 666, se halla una que da puntualmente la palabra griega ARNOUME o ARNOUMA, que corresponde a la palabra latina ABRENUNTIO, y a la española RENIEGO.

Hallada esta palabra, comparémosla luego con el texto de la profecía, y con todo su contexto, para ver si corresponde a todo con propiedad.

Dice San Juan que en los tiempos de la bestia o del Anticristo serán obligados los hombres, so pena de no poder comprar ni vender, a traer en la mano o en la frente el carácter de la bestia misma, o su nombre, o el número de su nombre.

***

Sobre lo cual, para evitar desde luego todo equívoco, debemos notar ante todas cosas, y tener muy presente una que parece clara e innegable. Es a saber: que todas estas expresiones de que usa San Juan, esto es, el carácter de la bestia, frente, manos, etc., son puramente metafóricas, así como lo es la bestia misma, sus cabezas, y sus cuernos.

Ni parece creíble, ni aun sufrible lo que piensan muchos autores, y ponderan con gran formalidad: esto es, que en aquellos tiempos por orden del Anticristo, o de su profeta, deberán los hombres sufrir en la frente, o en las manos la impresión de un hierro ardiendo, o como piensan otros más benignos, la impresión de un sello, bañado en alguna tinta estable y permanente, en el cual sello estará grabado, según unos, un dragón; según otros, una bestia con siete cabezas y diez cuernos; y según otros, la imagen o el nombre del monarca.

Otros piensan con igual fundamento, que todos los hombres en todo el mundo serán obligados a llevar públicamente en la frente, o en la mano, alguna medalla con la imagen, o con las armas del Anticristo, como por mostrar que son sus fieles adoradores, etc.

Mas todos estos modos de pensar, que son los únicos que vulgarmente hallamos, parecen muy ajenos, y muy distantes del sentido propio y literal, que puede admitir una pura metáfora, en la cual siempre se habla por semejanza, no por propiedad.

¿No se reiría de mí todo el mundo, si yo dijese que el Anticristo y su Pseudo-profeta han de ser dos hombres con la figura exterior de bestias, como los describe San Juan? Pues aplicad la semejanza, o dadme la disparidad. Tan metáfora es la una como la otra.

***

Siendo, pues, toda una metáfora, el carácter, o nombre, o distintivo no puede significar otra cosa que una profesión pública y descarada de aquel “ABRENUNTIO”, o “Hago profesión de renegado”, que parece el carácter, o el espíritu, o el distintivo propio de toda la bestia.

Así, el tomar este carácter no será otra cosa que un dividir a Jesús, público y manifiesto, una formal apostasía de la religión cristiana.

Se dice que este carácter lo llevará en la frente o en las manos, para denotar la publicidad y descaro con que se profesará ya entonces el anticristianismo; pues la frente y las manos son las partes más públicas del hombre, y al mismo tiempo son dos símbolos propísimos, el primero del modo de pensar, el segundo del modo de obrar.

Se dice que no podrán comprar ni vender los que no lleven este carácter, para denotar el estado lamentable de desprecio, de burla, de odio, de abandono en que quedarán los que quisieren conservar intacta su fe; y también para denotar la tentación terrible, y el sumo peligro que será para ellos este desprecio, burla, odio, y abandono; viéndose excomulgados de todo el linaje humano.

El mismo Jesucristo nos asegura en particular, que, en aquellos tiempos de tribulación, los mismos parientes y domésticos serán los mayores enemigos de los que quisieren ser fieles a Dios, y el hermano entregará al hermano… y se levantarán los hijos contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo (Mat. X, 21-22).

Esta tentación y peligro debe ser sin duda muy grande; pues a los que perseveraren y salieren victoriosos, se les anuncia y promete un premio tan particular: los que no adoraron la bestia, ni a su imagen, ni recibieron su marca en sus frentes, o en sus manos, vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los otros muertos no entraron en vida, etc.

Se dice, en fin, que la segunda bestia de dos cuernos será la causa inmediata de esta grande tribulación: Y a todos… hará tener una señal en su mano derecha, o en sus frentes. De lo cual se infiere que el tomar y llevar públicamente este carácter, debe ser un acto libre y voluntario, no forzado; la razón es, porque la potencia de esta bestia no puede consistir en otra cosa que en sus armas, y estas armas no son a propósito para obligar por fuerza y violencia, sino para mover y persuadir con suavidad.

En suma, lo que se nos dice por todas estas semejanzas no parece otra cosa sino que la segunda bestia tendrá la mayor parte, y la máxima culpa en la perdición de los cristianos. Ella será la causa inmediata con sus obras inicuas, y sus palabras seductivas, de que los cristianos entren en la moda, y se acomoden al gusto del siglo, rompiendo aquella cuerda de la fe, que los tenía atados con Jesús, y declarándose por el Anticristo.

***

Ahora, amigo mío, este reniego, este dividir a Jesús, este abandonar la fe, esta formal apostasía de las gentes cristianas, ¿os parece que será algún fantasma imaginario semejante a vuestro Anticristo? ¿Os parece que será, a lo menos, alguna cosa incierta, dudosa y opinable? ¿Os parece que yo lo avanzo aquí libremente sin fundamento, sin razón, sólo por llevar adelante mis ideas?

La cosa es tan clara y tan repetida en las Santas Escrituras que no lo niegan del todo, aunque procuran mitigarlo cuanto les es posible, aun aquellos mismos doctores empeñados en beatificar de todos modos al pueblo de Dios y en anunciarle segurísimamente la perpetuidad de su fe.

Por ahora nos basta tener presente aquella pregunta del Señor: cuando viniere el Hijo del Hombre, ¿pensáis que hallará fe en la tierra?

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¿Será en un futuro el chip la marca de la bestia?

Resumiendo las ideas principales de cada autor citado, podemos decir que:

— La marca será en el sentido de apostasía y endiosamiento del hombre, que son las características fundamentales del Anticristo, en el doble aspecto religioso y político; quedando confirmado que el Anticristo será en su esencia la culminación del humanismo que desafía a Dios frente a frente.

— El cuerpo moral anticristiano estará animado por el espíritu que divide a Jesús, que corresponde a la palabra RENIEGO.

— Dice San Juan que en los tiempos del Anticristo serán obligados los hombres, so pena de no poder comprar ni vender, a traer en la mano o en la frente el carácter de la bestia misma, o su nombre, o el número de su nombre, es decir, Reniego.

— El carácter, o nombre, o distintivo no puede significar otra cosa que una profesión pública y descarada de este “Hago profesión de renegado”.

— Así, el tomar este carácter no será otra cosa que un dividir a Jesús, público y manifiesto, una formal apostasía de la religión cristiana.

— Se dice que este carácter lo llevará en la frente o en las manos, para denotar la publicidad y descaro con que se profesará ya entonces el anticristianismo; pues la frente y las manos son las partes más públicas del hombre, y al mismo tiempo son dos símbolos propísimos, el primero del modo de pensar, el segundo del modo de obrar.

— El tomar y llevar públicamente este carácter, debe ser un acto libre y voluntario, no forzado; la razón es, porque la potencia del Falso Profeta no puede consistir en otra cosa que en sus armas, y estas armas no son a propósito para obligar por fuerza y violencia, sino para mover y persuadir con suavidad.

Por lo tanto:

Si el chip implica todo esto =  será el chip

Si el chip no implica todo esto = NO será el chip

 

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