SAN PRETEXTATO

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.

Hoy nos encomendamos a:

SAN PRETEXTATO, OBISPO DE ROUEN

MÁRTIR (586 p.c.)

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SAN PRETEXTATO fue nombrado obispo de Rouen en 549 y gobernó su diócesis durante treinta y cinco años. Las dificultades no escasearon en su largo gobierno: el santo fue desterrado y murió mártir, debido a las rivalidades entre los hijos de Clotario I, Chilperico y Sigberto, así como por el odio mortal que se profesaban la amante de Chilperico, Fredegunda, y la esposa de Sigberto, Brunilda, quien era a su vez hermana de la primera esposa de Chilperico.

Recordemos que la primera esposa de Chilperico había muerto envenenada. Fredegunda mandó asesinar a Sigberto en 575, y Chilperico encarceló a Brunilda en Rouen. Brunilda llamó en su ayuda a Meroveo, hijo del propio Chilperico y de su tercera esposa. El joven temía a Fredegunda y sentía repugnancia a levantarse en armas contra su padre; finalmente se enamoró de Brunilda, que era tía suya, y se casó con ella. Esto puso a Pretextato en una situación muy difícil. Meroveo se había hecho fuerte en Rouen, y exigía que la Iglesia le pagase contribuciones que era muy arriesgado negarle.

El joven era hijo espiritual del obispo, es decir, había sido bautizado por él, y en aquella época este lazo tenía gran importancia. Chilperico, que estaba pronto a prestar oídos a cualquier acusación contra Pretextato, le mandó comparecer en París ante un sínodo de obispos, donde le acusó de haber violado los cánones, casando a Meroveo con su tía, y de haber fomentado la rebelión, ayudando a dicho príncipe.

Algunos autores opinan que Pretextato, para impedir el escándalo, había casado realmente a la pareja, juzgando que tenía poderes para acordar la dispensa necesaria, y así lo reconoció ante el sínodo; pero Gregorio de Tours, que asistió al sínodo y es la principal autoridad en la materia, dice expresamente que Pretextato negó haber llevado al cabo el casamiento.

Al principio, el obispo negó los dos cargos que se le hacían; pero después, aconsejado por falsos amigos, admitió que había favorecido y apoyado a Meroveo. Esto le costó el destierro en la pequeña isla de Coutances. Sus poderosos enemigos hicieron cuanto pudieron por desprestigiarle, pero San Gregorio de Tours jamás les prestó oídos. Meroveo y sus hermanos fueron asesinados por orden de la cruel Fredegunda, quien tal vez tuvo también parte en la muerte de su esposo, para que pudiese subir al trono su hijo Clotario II.

A la muerte de Chilperico, Pretextato retornó a su diócesis por orden del rey Gontrán de Borgoña, pero muy en contra de los deseos de Fredegunda. El Concilio de Magon le reinstaló formalmente, y el santo pudo participar en los trabajos de dicho Concilio. Tuvo repetidos encuentros con la malvada reina, que residía frecuentemente en Rouen, y esto no hizo sino aumentar el odio que Fredegunda le profesaba.

El año 586, la reina dijo al obispo: “Se está acercando el momento en que irás a visitar nuevamente el sitio de tu destierro”. El santo replicó: “Yo soy obispo en el destierro y fuera del destierro y seguiré siéndolo hasta mi muerte; en cambio tú no vas a conservar siempre la corona.” A estas palabras añadió una exhortación a la conversión sincera. El domingo siguiente, poco después de media noche, cuando Pretextato se hallaba cantando los maitines en la iglesia, un asesino mandado por Fredegunda le apuñaló en el costado.

El santo murió poco después, en su lecho.

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