CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
En este día, dedicado a conmemorar a todos los Fieles Difuntos, descendamos en espíritu al Purgatorio.
Esta visita será saludable para nosotros, nos hará más compasivos para aliviar a las pobres Almas que padecen allí, y más vigilantes para evitar caer un día en las llamas terribles, sean del mismo Purgatorio, sean, peor todavía, del Infierno.
Escuchemos los gemidos, los reproches y las oraciones de las Almas del Purgatorio.
Miremos los ejemplos de las virtudes que practican.
Comprendamos las lecciones que nos dan.
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Escuchemos, primero, los gemidos, los reproches y las oraciones de las Almas del Purgatorio.
¡Qué espectáculo lamentable ver a todas estas Almas justas soportando penas indescriptibles, hasta que estén completamente purificadas y dignas de entrar en el Cielo!
Ese fuego que las quema es terrible…
Pero escuchemos…
Sus gemidos…
¡El Señor es justo!… Hemos merecido nuestras penas, ya sea porque hemos descuidado hacer penitencia y satisfacer la justicia divina de los pecados mortales perdonados, o porque nos hemos preocupado muy poco de evitar los pecados veniales y las imperfecciones voluntarias,
¿Cuándo terminará nuestro cautiverio duro y triste?
¿Quién romperá nuestras cadenas?
¿Quién extinguirá estas llamas?
¿Quién nos hará gozar de Dios, nuestro soberano bien?
Por ahora no podemos hacer nada por nosotros mismos para liberarnos…
Sus reproches…
¡Oh, vosotros!, a quienes hemos amado en la tierra, familiares y amigos…; vosotros, que nos mostrasteis tanto interés en el momento de nuestra muerte…, que prometisteis no olvidarnos jamás…, ¿dónde han quedado vuestras promesas?
Sus gemidos…, pidiendo auxilio…
Os preocupáis por bagatelas del mundo… Dentro de poco moriréis, y lamentaréis vuestra dureza de corazón, vuestros olvidos y negligencias…
Hijos, padres, hermanos, amigos ingratos y desnaturalizados, ya no pensáis en vuestros padres, hermanos y amigos, sino sólo en diversiones y placeres, en el disfrute egoísta de los bienes que os hemos obtenido con tanta solicitud… y nos dejáis arder en este lugar de sufrimiento y tortura, sin proporcionarnos el más mínimo alivio…
Sus oraciones…
Queridos hijos, queridos hermanos y hermanas, queridos amigos, ¡tened piedad de nosotros! ¡Escuchad nuestros gemidos! Ardemos en estas llamas; y depende de vosotros que nos alivies… ¿Seríais tan duros como para no extender una mano amiga y hacernos una limosna?…
Tenemos hambre y sed de Dios, de felicidad eterna…; y sois vosotros quienes pueden saciar esta hambre y calmar esa sed, haciendo por nosotros hoy lo que algún día querréis que se haga por vosotros.
Haced, pues, algunas buenas obras, algunas limosnas, algunas mortificaciones, algunas oraciones para aliviarnos… Pero, sobre todo, que la Sangre Divina de Jesús fluya sobre nosotros por la celebración del Santo Sacrificio en nuestro favor….
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Miremos los ejemplos que nos dan de las virtudes que practican.
No olvidemos que las Benditas Almas del Purgatorio son almas justas, hechas impecables, que aman a Dios con todo su corazón y que están revestidas con la caridad de Jesucristo… aunque, claro está, no pueden merecer por sí mismas.
Sin embargo, no dejan de practicar, en el Purgatorio, las virtudes más sublimes…
¿Quién comprenderá y expondrá los actos de fe, esperanza, caridad, de paciencia, resignación y conformidad con la voluntad divina que ejercen a cada momento en medio de las llamas?
Su amor de Dios es tan grande que, para ser purificadas más rápidamente, para complacerlo más y estar unidos a Él más rápidamente, soportarían voluntariamente más penas e incluso más intensas.
Sufriendo, no dejan de alabar a Dios, aplacando su justicia y agradeciéndole su misericordia para con ellos.
Ellas están en una profunda paz, en una sumisión absoluta, una perfecta conformidad con la voluntad de Dios, que ahora comprenden hasta en sus últimos detalles, deseando sólo lo que quiere, siempre satisfechas con sus adorables decretos sobre ellas…
Ahora perciben el alcance de aquel hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo, tantas veces repetido sin profundidad…
Entonces están en un estado de completa conformidad; aceptan con gran sencillez sus penas y sufrimientos, y los reverencian, porque es la voluntad de Dios que sean purificados por estos medios.
Nos resulta casi imposible entender cuán profundos son sus sentimientos de contrición y humildad; han comprendido, a la luz divina, en el momento de su juicio, la fealdad del pecado y la ofensa que le hace a Dios; sienten que es indigno aparecer en su presencia mientras permanezca en ellas el menos rastro de sus faltas, la más mínima mancha.
Y así entran en comunión con Jesucristo, Dios y Hombre, quien se ve a sí mismo cargado con todos los pecados de todos los hombres en el Jardín de los Olivos y durante toda la Pasión… Y eso explica su admirable paciencia y su conformidad con la voluntad de Dios Padre, que no perdonó a su Hijo, y le exigió la muerte y muerte de Cruz.
Finalmente, se puede decir que, en el Purgatorio, estas Benditas Almas están llenas de caridad para con aquellos que las alivian con sus oraciones, Misas, penitencias, limosnas, etc.
Sin duda, tan pronto como lleguen al Cielo, intercederán por aquellos que les hayan ayudado mientras estaban en el Purgatorio.
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Comprendamos, finalmente, las saludables lecciones que nos dan las Benditas Almas del Purgatorio.
Escuchemos sus palabras en medio de sus llamas: ¡Oh, vosotros!, que vivís en la tierra y que estáis expuestos a tantas tentaciones y peligros:
– temed a Dios,
– temblad ante los rigores de su justicia,
– ved cómo nos hace expiar nuestros más pequeños errores,
– aprended de nuestra desgracia,
– haced penitencia por todos vuestros pecados pasados,
– pagad ahora todas vuestras deudas a la justicia divina, por vuestros actos de mortificación, vuestras oraciones buenas obras…
Pronto no habrá más tiempo, y qué inmensos serán vuestros arrepentimientos y remordimientos…
También nos exhortan a evitar ahora, con el mayor cuidado, el menor pecado, esos pecados veniales deliberados que cometemos tan imprudentemente, tan fácilmente y tan a menudo, y que son la madera que juntamos para activar el fuego que debe causarnos tanto sufrimiento en el Purgatorio.
También nos enseñan a hacer un buen y santo uso del tiempo y de las gracias que Dios nos da ahora… No descuidar nada…
Nos dicen: ¡Qué remordimientos y ardientes arrepentimientos nos están causando, en este lugar de sufrimiento, nuestras pérdidas de tiempo y el abuso de tantas gracias!
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Por todo lo dicho, si queremos evitar el Purgatorio, agreguemos a todas estas precauciones la práctica de la misericordia y la caridad para con nuestros hermanos…; perdonar y hacer el bien a todos; se hará como nosotros mismos lo hayamos hecho a los demás…
Además, debemos esforzarnos por vivir santamente:
a) Siempre, con la ayuda de Dios, en todo lo que hagamos con una gran pureza de intención.
b) Tengamos cuidado de santificar las pequeñas cosas, nuestras acciones ordinarias, nuestras pruebas.
c) Cumplir fielmente nuestros deberes de estado.
d) En una palabra, vivamos como vivirían las Benditas Almas del Purgatorio si Dios les permitiera regresar algún tiempo a la tierra.
Finalmente, tengamos una gran devoción al Santísimo Sacramento y al Santo Sacrificio del Altar, para merecer que la Sangre de Nuestro Señor, que se ofrece allí, nos purifique de nuestros pecados.
Y no olvidemos tener también una filial devoción a la Virgen Santísima para que nos ayude a vivir piadosamente ahora, nos conceda la perseverancia final y una buena muerte, y nos libere rápidamente del Purgatorio. Para ello, portemos su Santo Escapulario y recitemos todos los días el Santo Rosario.
He aquí, en pocas palabras, las lecciones saludables que nos dan las Benditas Almas del Purgatorio.
Escuchémoslas y pongamos en práctica su enseñanza.
Tomemos también la santa resolución de no pasar un solo día sin hacer algo para la satisfacción de esas queridas Almas. Será uno de nuestros consuelos en el momento de la muerte, y Dios nos recompensará nuestra caridad.

