SOLEDADES

¿Será acaso la soledad que hiere cuando no estás conmigo?

Si Te perdí por el camino de mis días…; si Te alejé con mis actos y hasta con mis pensamientos más ocultos…; si me aparté en silencio y hasta en puntillas…; si oculté mi rostro por vergüenza, apesadumbrada…, la soledad cae sobre mis hombros cuando Tú no estás…, y hasta que no recupero tu amistad mi alma divaga entre penumbras frías y desoladas…

¿Qué haré sin tu compañía?

¿Cuántas veces me alejo sin siquiera percibirlo?

El Señor es mi pastor, nada me faltará. Él me hace recostar en verdes prados, me conduce a manantiales que restauran, confortando mi alma, guiándome por senderos rectos, para gloria de su Nombre.

Aunque atraviese un valle de tinieblas, no temeré ningún mal, porque Tú vas conmigo. Tu bastón y tu cayado me infunden aliento. Para mí Tú dispones una mesa ante los ojos de mis enemigos. Unges con bálsamo mi cabeza; mi copa rebosa.

Bondad y misericordia me seguirán todos los días de mi vida; y moraré en la casa de Yahvé por días sin fin.

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Aunque atraviese un valle de tinieblas, no temeré ningún mal, porque Tú vas conmigo…

¡Con qué belleza está expresado en los Salmos!

Y es así, Señor, porque en mis días malos, en esos donde el miedo sabe bien el trabajo sucio que debe hacer, y el demonio aprovecha descarnadamente de ellos, es ahí cuando en una pequeña lucecita, allí en lo profundo de mi alma, Te veo a Ti, mi tan amado y perseverante centinela, ahí estás alumbrando mi ceguera, diciendo ábrete a mis oídos, trayendo consuelo a mis desasosiegos.

¿Cómo no he de amarte, mi dulce Pastor, cuando con tanta ternura buscas a esta ovejuela que por las distracciones del sendero corre confundida entre las espinas y los abrojos, cuando con tu suave mano tratas de atraerme para no desperdiciar los verdes campos que quieres enseñarme?

Soy esa ovejita que se aleja de tus llamados, pero a la vez, quiero ser esa dócil que busca descansar bajo el cobijo de tus brazos.

Sígueme…, búscame…; yo intentaré con mayores ánimos y fuerzas acercarme más y más, hasta lograr no despegarme ya de tu lado, asentarme en tu amor infinito y que pueda darte mi corazón completamente, sin mezquindades, darte la totalidad de lo que soy y tengo…

Amor tan amado, guárdame en lo profundo de tu Corazón y que quede yo atrapada allí, en la celda amorosa de tu Santo pecho, quieta, serena, confiada…, como María Magdalena…, y así no sentir nuevamente la soledad de haberte perdido…

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