MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.
Hoy nos encomendamos a:
SAN CEFERINO, PAPA Y MÁRTIR (C. 217 p.c.)

SAN CEFERINO sucedió a San Víctor I en el pontificado hacia el año 199.
En aquella época, perturbaban la paz de la Iglesia los montañistas, dos sectarios llamados Teódoto y una disputa cristológica entre dos partidos. El jefe de uno de los partidos era un sacerdote llamado Hipólito (13 de agosto). Hipólito se opuso violentamente a Ceferino y a su diácono y consejero Calixto. El Pontífice se negó a aceptar la doctrina cristológica de Hipólito. Así pues, resulta difícil aceptar que, según la afirmación del propio Hipólito en sus Philosophumena, Ceferino haya sido un hombre sin educación y débil de carácter, simple instrumento en manos de Calixto.
Eusebio cuenta que San Ceferino se opuso con tal celo a las blasfemias de los dos Teódotos, que los partidarios de éstos se volvieron contra él y le llamaron, para gran gloria del Pontífice, «el principal defensor de la divinidad de Cristo».
El emperador Septimio Severo abandonó en sus últimos años su política de tolerancia del cristianismo y decretó duras penas contra los que se convirtiesen. Lo único que sabemos de esta persecución es que numerosos cristianos confesaron en Roma la fe.
Se venera a San Ceferino como mártir. El santo merece ese título por las persecuciones de que fue objeto.
VIDAS DE LOS SANTOS
BUTLER
Leer el Santo Evangelio del día y catena aurea
