RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

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Estar sentado a la derecha del Padre, ¿le conviene a Cristo en cuanto hombre?

Fundamento Teológico

Santo Tomás

SUMA TEOLÓGICA

Parte Tercera – Cuestión 58

Artículo 3

Objeciones por las que parece que el estar sentado a la derecha del Padre no le conviene a Cristo en cuanto hombre:

1ª. Como dice el Damasceno, llamamos derecha del Padre a la gloria y al honor de la divinidad. Pero el honor y la gloria de la divinidad no le convienen a Cristo en cuanto hombre. Luego parece que Cristo, en cuanto hombre, no está sentado a la derecha del Padre.

2ª. Sentarse a la derecha del que reina parece excluir la sujeción, porque el que se sienta a la derecha del que reina, en cierto modo reina con él. En cambio, Cristo, en cuanto hombre, está sujeto al Padre, como se dice en I Cor., 15, 28. Luego parece que Cristo, en cuanto hombre, no se halla a la derecha del Padre.

3ª. Sobre Rom., 8, 34, el que está a la derecha de Dios, comenta la Glosa: Esto es igual al Padre en el honor en que Dios Padre se halla; o a la derecha del Padre, es decir, en los mejores bienes de Dios. Y sobre el pasaje de Heb., 1, 3, está sentado a la derecha de Dios en las alturas, dice la Glosa: En igualdad con el Padre, sobre todas las cosas en lugar y dignidad. Pero ser igual al Padre no le conviene a Cristo en cuanto hombre, porque, a este propósito, dice Él mismo, en Jn., 14, 28: El Padre es mayor que yo. Luego da la impresión de que el sentarse a la derecha del Padre no le conviene a Cristo en cuanto hombre.

Contra esto está lo que dice Agustín, en un Sermón De Symbolo: Por la derecha entended la potestad que recibió aquel hombre elevado por Dios, para que venga a juzgar el que antes había venido para ser juzgado.

Respondo que por la expresión derecha del Padre se entiende: o la misma gloria de su divinidad, o su eterna bienaventuranza, o su potestad judicial y real.

Y la preposición «a» designa un cierto acceso a la derecha, mediante el cual se significa conformidad junto con alguna distinción.

Lo cual puede acontecer de tres modos.

Primero, existiendo conformidad en la naturaleza y distinción en la persona. Y, en este sentido, Cristo, en cuanto Hijo de Dios, está sentado a la derecha del Padre, porque tiene la misma naturaleza que el Padre. Por lo cual, las tres cosas antedichas convienen esencialmente al Hijo lo mismo que al Padre. Y esto es hallarse en igualdad con el Padre.

Segundo, por razón de la gracia de unión que, por el contrario, lleva consigo la distinción de naturaleza y la unidad de persona. Y, en este aspecto, Cristo, en cuanto hombre, es Hijo de Dios y, por consiguiente, está sentado a la derecha del Padre; de tal modo, sin embargo, que el «en cuanto que» no designe la condición de la naturaleza sino la unidad del supuesto.

Tercero, el acceso antedicho puede entenderse con arreglo a la gracia habitual, que en Cristo es más abundante que en todas las otras criaturas, en tanto que la misma naturaleza humana de Cristo es más bienaventurada que las demás criaturas, y tiene, por encima de todas ellas, la potestad real y judicial.

Así pues, si el «en cuanto» designa la índole de la naturaleza, Cristo, en cuanto Dios, está sentado a la derecha del Padre, esto es, en igualdad con el Padre.

Pero, en cuanto hombre, está sentado a la derecha del Padre, es decir, en los bienes del Padre mejores que todas las criaturas, esto es, en la mayor bienaventuranza, y tiene la potestad judicial.

Pero, si el «en cuanto» alude a la unidad del supuesto, también así Cristo, en cuanto hombre, está sentado a la derecha del Padre en igualdad de honor, es a saber: en cuanto que con el mismo honor veneramos al propio Hijo de Dios con la naturaleza que tomó.

Respuesta a las objeciones:

1ª. La humanidad de Cristo, atendidas las condiciones de su naturaleza, no tiene la gloria o el honor de la divinidad; pero sí lo tiene por razón de la persona a la que está unida. Por lo cual añade el Damasceno en el mismo lugar: En la cual, esto es, en la gloria de la divinidad, existe el Hijo de Dios desde la eternidad como Dios y, consustancial al Padre, está sentado junto a Él con su carne glorificada. En consecuencia, con una sola adoración es adorada la única hipóstasis con su carne por toda criatura.

2ª. Cristo, en cuanto hombre, está sometido al Padre, teniendo en cuenta que el «en cuanto» designa la condición de la naturaleza. Y, en este aspecto, no le compete estar sentado a la derecha del Padre en condición de igualdad, puesto que es hombre. Pero le compete estar sentado a la derecha del Padre cuando con tal expresión se alude a la excelencia de la bienaventuranza y a la potestad judicial sobre toda criatura.

3ª. Ser igual al Padre no compete a la naturaleza humana de Cristo, sino sólo a la persona que la asumió. Pero estar en los mejores bienes de Dios, en cuanto esto lleva consigo ventaja sobre las otras criaturas, compete también a la misma naturaleza asumida.

Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.