ACLARACIÓN DEL PADRE JUAN CARLOS CERIANI
Debido a que mis sermones están siendo publicados en otro blog, sin mi nombre y sin hacer referencia de dónde son tomados, me veo en lo obligación de aclarar que el único blog al cual envío mis sermones para su publicación es Radio Cristiandad, que lo viene haciendo con empeño y esmero desde septiembre de 2009, lo cual agradezco vivamente.
Por supuesto que no puedo más que alegrarme de que mi prédica se difunda y llegue al mayor número de lectores. ¡Enhorabuena! No hay en esto inconveniente alguno.
Pero lo mínimo que puede esperarse de un blog serio y cabal es que, al menos, indique el autor del escrito, aun cuando no quiera mencionar el blog del cual lo obtiene, lo cual indica ya una grave anomalía.
Que quede claro, entonces, que cuando mis sermones sean reproducidos por cualquier otro blog que no sea Radio Cristiandad, de aquí han sido obtenidos.
FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Hay en el año varios meses consagrados a devociones especiales, las cuales se practican durante los tantos días seguidos del mes: así tenemos el Mes de María o Mes de las Flores, que viene a ser una fiesta de treinta días dedicados a honrar a la Santísima Virgen.
Durante este mes se ensalzan todas sus virtudes, se honran los misterios de su vida y siempre se consigue alguna nueva gracia.
También tenemos el Mes de San José y el de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor.
De este modo, cada devoción importante tiende señalado algún mes para practicar en él sus ejercicios especiales.
Esta es cosa excelente y muy importante para la piedad católica. Porque la devoción que se practica un mes seguido abraza todo el objeto, lo considera en todos sus aspectos y alcanza de él un verdadero y cabal conocimiento.
Por medio de las meditaciones diarias y de cierta unidad de ejercicios, de oraciones y de virtudes a practicar sobre el mismo objeto, se llega a conseguir una verdadera y sólida devoción respecto del misterio que se ha considerado durante el mes.
Donde no hay más que un pensamiento concentrado, éste es vigoroso y completo.
Nuestra devoción debe ser robusta y compacta y tender a un objeto único.
¿Por qué muchas almas piadosas no llegan a una santidad notable? Porque dividen su atención en muchas devociones. Su alma piadosa no encuentra alimento suficiente para conservar la piedad y hacerla progresar. No saben formarse un cuerpo de doctrina.
Tengamos, pues, una devoción concentrada y continua.
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El mes de junio está consagrado a honrar al Sagrado Corazón de Jesús.
El objeto de esta devoción es el Corazón adorable de Nuestro Señor Jesucristo, abrasado en amor por los hombres, y ofendido por la ingratitud de los mismos a quienes ama.
Devoción tardía en cuanto a sus prácticas, no lo es en cuanto a su esencia, porque Dios es caridad, dice el apóstol San Juan; y la Ley nueva ¿no es llamada Ley de Amor?
Ahora bien: ¿qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, sino la práctica de este Amor, un extender por todas partes esa amorosa llama que vino Cristo a prender en la tierra, y en cuyos ardores anhela Él que se abrasen y consuman todos los corazones?
Dos fines hemos de proponernos en esta devoción:
1° Reconocer esas disposiciones del Corazón de Jesús, y corresponder a ellas, recibiendo con más frecuencia la Santa Eucaristía;
2° Ofrecernos como víctimas expiatorias de los agravios que recibe diariamente ese divino Corazón, y señaladamente de la tibieza con que tratan los hombres el adorable Sacramento del Altar.
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El autor de esta devoción es el mismo Jesucristo. Él es Quien la reveló, la mandó instituir, explicó su naturaleza, enseñó sus prácticas, y prometió derramar la abundancia de sus gracias sobre los que a ella se dedican.
El año pasado, para esta misma Fiesta, relaté y comenté la historia de esta devoción, reservada especialmente para los últimos tiempos. A los que no la conocen o la han olvidado, recomiendo su lectura y meditación. Ver Aquí
En cuanto a la práctica interna de esta devoción, lo que pide señaladamente Jesucristo de las almas que abrazan el culto de su divino Corazón es un estudio e imitación de sus virtudes: entre las cuales le fueron singularmente estimadas la mansedumbre y la humildad, conforme a sus mismas palabras: De mí aprended que soy manso y humilde de corazón.
En cuanto a prácticas exteriores, pidió el mismo Jesucristo a Santa Margarita María la Comunión y el Acto de desagravios para el día de la Fiesta de su Corazón, y el primer viernes de cada mes.
Tal es el origen y práctica de una de las más preciadas devociones de los católicos.
Quiera Dios que nuestros pechos se esfuercen por llevar a tan santas prácticas el espíritu de amor, de celo y de reparación, que es como la esencia de esa hermosa devoción.
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El mes de junio está, pues, consagrado a honrar al Sagrado Corazón de Jesús. Pero, de ordinario se encuentra en este mes, junto con la del Sagrado Corazón, la del Santísimo Sacramento, más antigua, solemne y de un rito superior.
Que se adore y venere el Sagrado Corazón como el trono del amor infinito de Jesucristo, está muy bien; pero las almas eucarísticas sabrán honrarle también en el Santísimo Sacramento.
Porque, ¿dónde se halla verdadera y substancialmente vivo el Corazón de Jesús sino en el Cielo y en el Santísimo Sacramento?
Muchos le honran en sus imágenes y tienen especial devoción a los cuadros del Sagrado Corazón de Jesús. Este culto es bueno, no hay por qué menospreciarlo, pero es sólo relativo, y nosotros debemos ir más allá de la imagen, hasta llegar a la realidad…
Y en el Santísimo Sacramento, el Corazón de Jesús está vivo y late por nosotros…
Que Él sea, pues, nuestra vida, y que el centro de nuestra actividad se halle en ese Corazón vivo y animado; sepamos honrar al Sagrado Corazón de Jesús en la Sagrada Eucaristía; y hagamos de manera que siempre anden unidas estas dos cosas en nuestras devociones, sin admitir nunca separación entre el Sacratísimo Corazón de Jesús y la Santísima Eucaristía.
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Si el mes de María Santísima obra tantas conversiones, si produce tanto bien en las almas y alcanza tantas gracias de todo género, ¿qué no hará el mes del Santísimo Sacramento teniendo en cuenta que en él honramos las virtudes, los sacrificios y la persona misma de Jesús Sacramentado?
Y si sabemos unificar lecturas, aspiraciones y virtudes en la Eucaristía, al fin de este mes habremos obtenido alguna victoria sobre nosotros mismos; nuestro amor se habrá acrecentado y las gracias recibidas serán más poderosas.
El Señor dijo que el que come su Carne y bebe su Sangre vive en Él; ¿qué sucederá si completamos nuestra Comunión sacramental con otra comunión del amor, de las virtudes, de la santidad y de la vida de Jesús en el Santísimo Sacramento, y esto durante treinta días consecutivos?
Aquí tenemos en qué consiste la unificación de nuestras devociones. Sin esto, tendremos buenos pensamientos, pero careceremos del principio que les da vida.
La lluvia torrencial que dura unos instantes no hace más que arrastrar la tierra; pero la lluvia fina que dura mucho tiempo la penetra y fecundiza.
El pensamiento de la Sagrada Eucaristía sostenido durante un mes seguido será al fin de dicho mes un manantial abundante que fecundará nuestras virtudes y se convertirá en fuerza divina que nos hará volar por el camino de la santidad.
Y no temamos que esta concentración de nuestro espíritu sobre un mismo misterio acorte o reduzca nuestro horizonte.
La Sagrada Eucaristía encierra todos los misterios y todas las virtudes: en Ella encontramos también el medio de hacerlas revivir y de considerarlas en su propio sujeto, vivo y animado, que lo tenemos delante de nosotros, todo lo cual facilita singularmente la meditación.
Que este mes sea para nosotros un mes de gracia, en que vivamos íntimamente unidos a Jesús.
Ya lo sabemos, su conversación no cansa jamás, su compañía no causa amargura.
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No temamos agotar la materia, pues las profundidades del amor de Jesús son inconmensurables; siempre nuevo, siempre infinito.
No temamos que se vaya a secar este manantial infinito; tiene el Señor tantas gracias que darnos ahora, y, después, tanta gloria.
Practiquemos alguna virtud en consonancia con el estado de Jesús en la Eucaristía; su silencio…, sobre todo su vida de recogimiento en su Padre, y su anonadamiento.
Hagamos algún sacrificio particular en honor del Santísimo Sacramento. Él se digna concedernos que podamos acercarnos a su adorable Persona para presentarle nuestra ofrenda.
No despreciemos este favor que nos concede, efecto de su ardiente amor hacia nosotros.

