MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
San Argimiro, mártir.
Era hijo de padres católicos, descendiente de la antigua Egabro, ciudad antes con silla episcopal, que hoy es la villa de Cabra en el reino de Córdoba. Su nobleza y sus buenas prendas le abrieron camino a la gracia del rey Mahomad, aunque tan contrarios ambos en religión. Hízole merced del oficio público de censor, cuyo cargo y profesión no sabemos cuál fuese, a no ser que los moros estableciesen este oficio a semejanza del que tenían los romanos con el mismo nombre. Algunos conjeturan que equivalía al de juez o prefecto, al cual estaba aneja jurisdicción y administración de justicia.
En este cargo se porto Argimiro con la equidad y pureza que prometía su piedad, de que tenemos bastante testimonio en el resplandor de su vida y de su gloriosa muerte.
Algunos historiadores aseguran, fundados en el título de confesor que le da san Eulogio, que hizo profesión pública de la fe, antes de llegar a la corona de mártir; y tal vez por esta confesión fue privado del oficio. San Eulogio solo dice, que desembarazado de los negocios del mundo, hizo vida de monje. Pero ni en su retiro lo dejaron en paz los enemigos de la fe: acusáronle ante un juez que ensalzaba la dignidad del Hijo de Dios, y trataba a Mahoma de insensato, de autor de falsedad y caudillo de gente perdida.
Alterado el juez con la acusación, lo mando encarcelar y encadenar con extraña fiereza. Al cabo de algunos días lo hizo comparecer ante su tribunal, y para atraerlo a su secta fingió blandura y suavidad que no sentía. Argimiro no hizo caso de sus halagos, ni tuvo miedo a su ferocidad, y continuo hablando y obrando como soldado de Cristo. Ratificó la primera confesión de la fe con la grandeza de ánimo que engendra la caridad, y el juez mando que lo atormentasen en el caballete, y que aun en él lo atravesasen de parte a parte con una espada.
Llego Argimiro a la consecución de la palma del martirio, el día 28 de jumo del año 836.
Su cuerpo fue, según costumbre de los moros, colgado de un alto palo a la vista de la ciudad, y quitándolo de allí por órden del juez, un piadoso monje pudo apoderarse de él, y con asistencia de algunos sacerdotes le dio sepultura en la iglesia de San Acisclo, junto al sepulcro de este mártir, y de san Perfecto, y en la actualidad se hallan estas preciosas reliquias en la parroquia del apóstol San Pedro en la ciudad de Córdoba
LEYENDA DE ORO
DR. JOSÉ PALAU

