PAYADA A LA INMACULADA VIRGEN DE LUJAN

Payada a la Inmaculada Virgen de Luján

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Aquí me pongo a cantar

con cualquiera que se ponga

la mejor, la gran milonga

que se habrá de perpetuar.

Entre La Pampa y el mar

y el que es mayor de los dos,

cielo estrellado de Dios

donde sus plantas están,

canto a la Flor de Luján

canto a la Madre de Dios.

 

Dios hizo el cielo y el rayo

hizo el sol, hizo la estreya,

hizo la Pampa sin güeya

hizo al toro y al cabayo

hizo al hombre, y aquí callo

porque fue su obra mejor,

pero el Mandinga traidor

conoció que era de barro.

Pecó el hombre, rompió un carro

y se le enojó el Creador.

Y lo echaron de la estancia

pa’ la tierra del infiel

a tragar miseria y yel

al que nació en la abundancia.

Pero su mesma ignorancia

le dio compasión al Juez.

Pensó un momento, y después

exclamó lleno de cencia:

“Se ha de cumplir mi sentencia,

pero güelta del revés”.

“La muerte que al hombre aterra,

yo a mí mesmo me la aplico:

yo soy grande y me hago chico,

y siendo Dios me hago tierra,

yo he de vencer esta guerra

con las armas que me dan,

porque vencer de rufián

a Dios no es cosa que cuadre”.

Y eligió para su Madre

a la Virgen de Luján.

Aquí hay misterios muy fieros,

Y aquí hay un pozo muy hondo;

yo m’ inorancia no escondo

ni me meto en agujeros.

Aquí hasta los más matreros

boleados se quedarán,

y jamás entenderán,

porque es de cencia infinita.

Y eligió para Mamita

a la Virgen de Luján.

Miren qué humildá, qué empeño

el del Hijo de Dios Padre,

ir a elegir para Madre

en un pago tan pequeño.

El que es de este mundo el dueño

no se guía por las ropas,

podía ir por las Uropas

a elegir las potentadas.

Pudo sacar as de espadas

y robó cuatro de copas.

Y de que Dios la encontró

güena madre y cariñosa,

guapa, limpia, habilidosa,

y su corazón probó,

al tiempo que la dejó

quiso hacer algo que asombre,

y le dijo: “Por mi nombre

y estando en esta cruz triste,

Madre de Dios güena fuiste:

yo te hago Madre del hombre.

Gaucho pampa a donde irías

cuando no tuvieras madre,

vos que sos duro de encuadre

y de pocas teologías.

Vos que te hayás estos días

guacho en la tierra que hiciste:

te han quitao hasta el alpiste

para darte la istrución,

te han quitao el corazón

y te dan un libro triste.

Reina del Plata, Señora

del pobre criollo olvidado,

techo que nos ha quedado

contra esta yuvia invasora.

Estreyita pa’ la hora

de la tormenta feroz,

mira que se vuelve a Vos

mi alma que no desconfía,

porque si sos Madre mía,

sos también Madre de Dios.

Madre de Dios, Madre mía,

y no quiero saber más.

Haceme morir en paz

con Dios y con Vos, María.

Al filo de mi agonía

no recordés mis reveses,

recordá, en vez, cuántas veces,

y ya desde muy gauchito,

yo te recé el Bendito,

la Salve y los Cinco Dieces…

 

Padre Leonardo Castellani