SAN SIMEÓN DE TRENTO, EL NIÑO ASESINADO POR LOS PÉRFIDOS

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.

Hoy nos encomendamos a:

San Simeón, vírgen, inocente y mártir.

1 Surio en el segundo tomo, en el día 24 de marzo, trae la vida de este gloriosísimo niño, sin quitar, ni añadir una palabra, de como la escribió su autor Juan Matías Tiberino; y de la misma forma irá aquí fielmente copiada, con el preámbulo, que hace su autor, que es en esta forma.

2 Una maravilla estupenda, y tal, que desde la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo hasta estos tiempos no han oído las edades otra semejante, quiero referiros y escribir, la cual ha sucedido en esta ciudad de Trento pocos días ha.

Habiendo permitido su divina Majestad, que se descubra y se sepa, para que nuestra fe católica, si en alguna parte flaquea, se fortifique y haga firme como una roca, y la antigua raza de los perversos judíos se borre y acabe del todo, sin que mas se permita vivir en pueblo alguno cristiano, y su memoria totalmente se aniquile en el orbe. Oíd, los que gobernáis los pueblos, una maldad nunca oída, y velad con cuidado, como fieles pastores del rebaño de Cristo, los vuestros.

Despierten los vuestros, que habitan la tierra: abran los ojos y vean, qué fieras crían en sus senos. Los crueles judíos, no solo con sus rabiosas, e insaciables usuras consumen  y hacen morir de hambre los pueblos cristianos, sino es que también, conjurados en daño nuestro contra nuestras vidas, se alimentan de la sangre viva de nuestros hijos y tiernos infantes, condenándoles a tormentos atrocísimos en sus sinagogas, quitándoles las inocentes vidas, como a Cristo.

3 Pocos días ha, que en Trento, ciudad que por la e insaciables usuras consumen, y hacen morir de hambre los pueblos cristianos, sino es que también, conjurados en daño nuestro contra nuestras vidas, se alimentan de la sangparte aquilonar, mediando el río Labicio, divide la Italia de la Germania, habitaban en un barrio que está a la izquierda mano del castillo de dicha ciudad, tres familias de judíos, cuyas cabezas eran Tobías, Angelo y Samuel, en cuya compañía vivía un infernal y bárbaro viejo, llamado Moisés, el cual, dicen ello , que sabia el tiempo y la hora, en que había de venir el Mesías, que desesperados y rabiosos, cuanto ciegos esperan.

Estos, pues, la semana santa del año de 1475, el día martes, 21 de marzo, se juntaron en casa de Samuel, donde tenían su sinagoga, para matar un ternero vivo, que le habían traído aquella mañana: y habiendo hablado de varias cosas; Angelo, de su rabioso y dañado pecho, sacó tales palabras: En esta parasceve, o pascua tenemos carnes y peces en grande abundancia; solo una cosa nos falta. Respondió Samuel: Pues ¿qué te falta? Entonces mirándose lodos unos a otros, sin hablar palabra, entendieron que hablaba de sacrificar un tierno infante cristiano, que en menosprecio de nuestro Señor Jesucristo, bárbara, atroz y cruelmente matan en su pascua, derramando la inocente sangre, al comer sus panes ázimos, para preservarse, como ellos dicen, de la hediondez y mal olor, que en sí tiene: y a este llaman su Yoel o jubileo.

No se atrevían a hablar por temor de los criados, que a prevenir lo preciso para su parasceve entraban y salían.

4 Al dia siguiente, juntados todos en la sinagoga consultaban, en qué parte podían hacer el sacrificio, que fuese mas oculto. Toblas y Angelo decían, que sus casas eran estrechas; y así, que no era posible  se hiciese en ellas, porque no se les podría ocultar el hecho a los criados y muchachos, que todo lo sacan a la calle: y así afirmaban todos, que no había casa mas cómoda y capaz para todo, que la de Samuel. Resuelto, que en ella sería, comenzaron a discurrir en la traza de hurtarles un niño a los cristianos; y después de varios pareceres, llamó Samuel a un criado suyo, llamado Lázaro, y le dijo: Amigo Lázaro, si te basta el ánimo para hurtar un niño cristiano a sus padres y traerlo aquí, te daremos de contado cien filipos, que son cien reales de a ocho. A que respondió Lázaro: Padres venerandos, ese es un grave delito  y yo no lo cometeré por el mundo todo; y diciendo y haciendo, temeroso, no hicieran con él, lo que querían con el niño cristiano, se fue huyendo, no solo de la casa, mas aun de la ciudad y provincia.

5 El jueves siguiente, juntos otra vez en la sinagoga, dijeron a Tobías: Tusolo, o Tobias,  puedes satisfacer nuestros deseos; porque tú tienes familiar comunicación y trato con los cristianos; y así puedes con gran facilidad cogerles un niño: pues nadie ha de advertirlo, por la grande amistad que te profesan, y el poco reparo que nadie hace en tí, cuando andas por la ciudad. Si esto haces, fía de nosotros, que todas tus cosas irán en prosperidad grande, haciéndote muchos beneficios. Tobías respondió, que no se atrevía a
negocio de tanta importancia, por el gran peligro que en él había. Ellos volvieron a él con furor diabólico, blasfemando su corto ánimo  y diciéndole mil injurias; y al fin, que si no lo hacia, desde luego le privarían de la entrada en la sinagoga perpetuamente.

Tobías, viendo que todos se habían vuelto contra él, como unos demonios, y asimismo, que le prometían mucho oro, si condescendia con sus ruegos; temeroso de una parto, y vencido de su interés por otra, dijo resuelto: Ea, padres, yo cumpliré vuestros deseos; pero ya sabeis soy pobre, y que mi ejercicio no basta, a que yo pueda vivir con descanso alguno: tengo muchos hijos: a ellos y a mí pongo en vuestras manos y únicamente encomiendo. Entonces todos alegres respondieron: Cumple tú nuestros deseos, trayéndonos este niño, que jamás te seremos ingratos: tú vivirás con descanso, y tus hijos
con grandes medras. Alegre también el traidor, dijo a Samuel al punto: Conviene, que las puertas de tu casa todas estén abiertas con cuidado, para que ofreciéndose ocasión  no haya tardanza  alguna, ni dificultad en mi entrada.

A la tarde salió de casa y comenzó a dar vuelta por toda la vecindad, y poco a poco se entró dentro de la ciudad hasta la plaza: volvía a mirar a una y otra parte, por ver, si alguno observaba su camino; y viendo que nadie en él reparaba, aceleró el paso.

Entró en la calle, que llaman de las Fosas, y luego puso los ojos en un niño hermoso como el sol mismo, que estaba sentado, y solo, sobre el umbral de la puerta de su casa: su nombre era Simeón: su edad dos años y cuatro meses: su belleza tanta, que era en hermosura un ángel, sin que en todo él se hallase mácula alguna de imperfección que notar. Miró el traidor Judas a una y otra parte de la calle, y viendo que nadie le miraba, se llegó el inocentísimo Isaac, y púsole con gran cariño un dedo en su tierna y delicada mano.

El inocente y hermoso ángel le tomó el índice con su blanca manecita, y levantándose, fue en seguimiento del traidor Judas, que lo vendía, y llevaba con caricias y besos traidores al suplicio.

Luego que hubieron pasado dos o tres casas, le tomó la mano y le puso sobre sus rodillas  haciéndole mil traidoras caricias, y dándole el infame beso de paz, lo engañó de suerte, que sin dificultad alguna lo llevó en sus infames brazos fuera del barrio.

Entonces la inocente victima, viéndose fuera de la calle de sus padres, en poder de un hombre que no conocía, comenzó a llorar tiernamente y a invocar el dulce nombre de su madre, que se llamaba María; porque en todo fuese semejante a Jesús, hasta en ser hijo de María.

Sin ánimo quedó el traidor, cuando oyó los llantos y tiernos gritos del niño, por juzgarse ya en manos de la justicia; mas reparando, en que ninguno parecía, sacó un dinero, con que engañó de nuevo y acalló al inocente ángel.

Viendo el cruel verdugo, que ya callaba el cordero, prosiguió su camino, hasta que reparó en un zapatero de viejo, que a su puerta estaba cosiendo: aquí perdió del todo el ánimo, juzgando, se le había descubierto el hurto; mas viendo, que el oficial solo trataba en su trabajo, sin mirarte a él, aceleró el paso  y entróse con el niño en casa de Samuel, donde atentó y recobró los casi perdidos espíritus vitales.

6 Samuel, que esperaba como el tigre la caza, tomando al hermoso niño en brazos, se fue con él a la cama, donde le hizo mil traidores caricias, para ganarle la inocente voluntad, y que callase. Cuánta alegría ocupó los corazones de aquellos dragones fieros, fácilmente se deja entender: las fauces se les secaban de dar alegres aullidos sobre la cristiana sangre: y porque el tierno infante no extrañase los gritos  y la nueva habitación, unos le daban uvas, otros manzanas, otros confites  y otras mil rosillas, que de ordinario cuestan poco, y agradan mucho a los niños: con que consiguieron  que no llorase  ni se extrañase, antes sí estuviese gozoso, y alegre.

Vino la noche: y como María echase menos su amada prenda, salió a buscarle entre las vecinas, donde solía entretenerse con otros de su edad inocente: mas como no le hallase, hiriendo sus pechos  y moviendo a compasión las duras peñas con sus tiernas lágrimas, llamó a Andrés, su marido  y padre del bendito inocente, y los dos dieron vuelta a toda la ciudad; pero en vano.

Los niños inocentes, por cuyas labios de ordinario habla el Espíritu santo, decían  que sin duda se lo habían hurtado los judíos, para crucificarlo aquella noche en oprobio, y afrenta de Cristo; y así , que entre aquellos perros enemigos de Jesús convenía buscarlo, y si no fuera ya noche, y estuviesen cerradas las puertas de la ciudad , sin duda irían al barrio de los judíos a buscarlo; mas hubieron de volverse a su casa tristes, y desconsolados por aquella noche, hasta esperar el siguiente día, en que juzgaban hallar algún consuelo.

7 Tiempo era ya, en que la humana fatiga da el primer descanso a sus pechos , y cede al sueño todos sus cuidados, cuando aun los canes mas vigilantes duermen, y todo está en mudo silencio: entonces, pues, el cruel Moisés con los demás traidores, infames, y malvados judíos, tomando aquel inocente ángel, que descuidado dormía, se fueron a la sinagoga, y sentándose en un escaño, puso sobre sus muslos la hermosísima, cuanto inocente prenda, y rodeándole todos aquellos lobos carniceros, desnudaron la inmaculada víctima, dejándola en carnes; y tomando Samuel un lienzo, que tenia pendiente del cíngulo, rodeándole el cuello, y garganta hermosa con él, embarazaba el aliento del hermosísimo ángel, para que no llorase de suerte, que alguno pudiese oír sus dulces, y tiernos sollozos: los demás le tenían los pies, y manos. ¡Qué diligencias tan bárbaras para tan inocente cordero!

De esta suerte,  pues, estaba ya la inocente ofrenda, hecha espectáculo triste al mundo, cuanto alegre el cielo que le esperaba, envidiándole los mismos ángeles, y gozándose Jesús de ver otro inmaculado cordero, que le imitaba, y seguía en la gloriosa pasión y muerte, cuando el desapiadado viejo Moisés sacó un templado cuchillo, con que le cortó, y abrió el capullo de aquella virginal flor, para que fuese, por circuncidada, mas acepta la víctima: sacó luego unas tijeras, y comenzó, desde la tierna barba a abrirle la mejilla derecha; y cortando un pequeño pedazo de aquella vírgen  y santísima carne, le puso en una fuente o copa, que tenían preparada  para recoger la purpúrea rosa de su rojo carmín, que de las cristalinas fuentes, que ya había abierto el verdugo infame, corría, y los circunstantes recogían con grande anhelo y cuidado.

Ibanse luego siguiendo por su órden y antigüedad cada uno de aquellos perversos judíos, y tomando las tijeras de la infernal  y sacrílega mano del maldito viejo, cada uno hacía lo que él; cortando al ángel un pedacito de carne viva de aquella mejilla tierna, hasta que se la acabaron de cortar y quitar toda. Y si el que le había echado el lazo al cuello, tal vez aflojaba un poco por temor de no ahogarle, para que el sacrificio fuese vivo, y padeciese mas aquel santísimo ángel, y por eso reconocían los otros, que iba a llorar; le ponían a toda prisa las manos en el clavel de su tierna boca  y tan inocente,que aun no sabia quejarse, temiendo, no lo hiciese; de suerte, que sin piedad lo ahogaban, y sofocaban.

¡O crueles! ¡O infames! ¡O canes rabiosos! ¡O judíos perversos! ¿Qué hacéis?
Ese ángel no abrirá la boca, ni desplegará los labios con vosotros: temed su inocente sangre, que cual la de Abel dará voces al cielo: no le tapéis la boca: dejadle que aliente, siquiera, y respire; que si habla alguna palabra, será solo, la que le enseñó su maestro y Redentor Jesucristo, y cederá en provecho vuestro; pues le pedirá  os perdone, porque no sabéis  lo que os hacéis. Pero ya veo, me canso en balde; que estáis tan obstinados y ciegos, que aun no queréis el perdón de vuestras execrandas maldades  e infames culpas:
castigo es bien merecido a tanta incredulidad como la vuestra.

8 Hecha esta cruel, y nunca oída función, tomó el infame viejo Moisés la pierna derecha del inocente mártir, y abriendo con el cuchillo de alto abajo la pantorrilla, tomó luego las tijeras, y cortó un pedazo; y los demás hicieron lo mismo, como antes. Acabada esta crueldad, el endemoniado viejo levantó en alto al mártir de Jesucristo, que ya estaba, como tan atormentado, y desangrado, medio muerto; y si no lo estaba del todo, era sin duda, porque enamorado Jesús de verle así tratar por su nombre, le conservaba la inocente  y delicada vida, para aumentarle del martirio la corona. Pidió el viejo, cruel cabeza de tanta tiranía y crueldad,  a Samuel, que se sentase a su izquierda: hízolo así; y entre ambos levantaron al santo Simeón en alto en forma de cruz, que ya que no habían prevenido cruz , en que crucificarle, quisieron muriese en cruz, crucificándole en sus infames manos.

Despues mandó a los circunstantes, que con alfileres, y agujas pasasen muchas veces aquel delicado cuerpecito. Lucieron todos una rueda, y prevenidos de aleznas, punzones, alfileres, y agujas, comenzaron con rabia  y furor infernal a pasar ,y agujerar aquella santísima carne, desde lo sumo de la delicada  y tierna cabeza, hasia la virginal planta del pie, sin dejar parte en tan delicado cuerpo, que no hiciesen una criba.

Traían, cuando así lo picaban, grande algazara y fiesta, repitiendo todos: Talle Jesse mi
na elle pariehiei elle passusen peg molen: que quiere decir: como a Jesús, Dios de los cristianos, que es nada, quitemos a este cruelmente la vida: así nuestros enemigos los cristianos sean eternamente confundidos.

9 Mas de una hora duró este cruel espectáculo, y el inocentísimo cordero, que abiertos tenia los ojos, mirando al cielo, llamando para testigos de su triunfo a todos sus cortesanos; faltándole ya el espíritu, caídas las fuerzas, inclinando la santísima cabeza, entregó su purísimo espíritu en manos de aquel divino Señor, por quien tanto había padecido: para que añadiendo este nuevo y jamás visto trofeo al coro de los inocentes vírgenes  y santos mártires, allí se pusiesen también ganadas coronas, y le colocasen en el trono do gloria, que ya le esperaba puesto a la mano diestra del divino crucificado Jesús, este nuevo y santísimo crucifijo.

Quedó hermoso su cuerpecito, así como la encarnada rosa suele quedar, torcido el cuello, cuando el arado del inadvertido gañan pasa por ella, y como cuando cae una gran tempestad de agua y granizos, suelen quedar muchas flores torcida la púrpura, y marchita, si hermosa.

10 Entonces Moisés, y todos los demás, levantando los ojos y manos al cielo, daban gracias a Dios, que les había dado a un tiempo venganza y sacrificio de los cristianos; y dejando al santísimo cuerpecito en tierra, con grande aplauso, regocijo  y alegría, subían  y bajaban por unos y otros cuartos de la casa, sin caber en sí de gozo: y bajando a cenar, mandó Samuel a sus criados, que tomasen el cuerpo muerto, y lo ocultasen, y escondiesen debajo de una tinaja, en que solía tener vino. Temían, y con razón, los clamores de los cristianos, y que si el obispo  y jueces llegaban a descubrir su maldad, habían de castigarlos y quitarles las vidas.

11 Amaneció el viernes santo: y los padres del inocente, llevando en su compañía ministros de justicia, hicieron todas las diligencias posibles, buscándolo; pero en vano buscaban entre los hombres, al que ya triunfante con la corona del martirio vivía para siempre entre los ángeles ; y así, sin esperanzas de hallarlo, tristes y desconsolados, se volvieron a su casa.

¡O quién pudiera decirle a la afligida  y desconsolada María, que enjugase las lágrimas  y trocase en risa el llanto; pues su hijo gozaba la mejor suerte  y había ido a prevenirle una silla en las eternas mansiones, que es muy cierto a quien le había dado el ser para tanta gloria, le solicitaría, agradecido, la paga en la gloria misma! ¡Y quién pudiera a Andrés, su padre, darle el mismo consuelo!

Mas dejemoslos envueltos en sus llantos; que llegará el tiempo de su alegría. El sábado se juntaron los judios en su sinagoga y trayendo el santo cuerpecito le pusieron tendido sobre su Almomor, que es una mesa, que tienen ante el altar, donde cantan los salmos, himnos  y antífonas. Acabadas sus oraciones judáicas, volvieron a esconder el cadáver en el mismo lugar que antes. El domingo de Pascua de Resurrección, advirtiendo los perversos judíos, que entre los cristianos se hablaba de ellos, y todos los miraban con cuidado; juntándose en consejo, y habiendo entre ellos varios pareceres, resolvieron: que convenía volver a ponerle sus vestidos al niño  y arrojarlo al rió  que corre junto a sus casas, y después ir al obispo, y decirle, que el agua había traído allí aquel niño ahogado; y detenido en una red o zarza de hierro , que en aquella parte hay, no había podido pasar adelante: porque visto, que ellos mismos iban a dar cuenta, ninguno había de creer, ni persuadirse a que los judíos pudiesen haberle muerto.

Con esta resolución se fue al pontífice de aquella ciudad el traidor, que había hecho el hurto, y contóle  todo lo que habían trazado. Entonces, alegre el obispo de ver había parecido el niño, que por toda la ciudad se buscaba, que luego creyó ser él, fue al lugar señalado  y en su compañía el pretor y presidente de la ciudad y otros muchos señores y ministros, y bajando al rió, luego hallaron la preciosa joya  que buscaban, en el agua, envuelta en sus mismos vestidos.

Sacaron fuera el santísimo cadáver, y mirado bien, y advertidas sus crueles heridas, conocieron todos, había sido martirizado por los dañados y perversos judíos; y venerándole como a glorioso inocente, virgen y mártir, lo llevaron con toda pompa y solemnidad a la iglesia del príncipe de los apóstoles san Pedro, y allí lo colocaron, y pusieron con toda veneración, donde comenzó a concurrir toda la ciudad, y circunvecinos pueblos con enfermos de varias enfermedades; y todos volvían a sus casas sanos y contentos, alabando a Dios y a su glorioso mártir , inocente  y virgen Simeón, el cual de día en día , resplandece mas y mas  con infinidad do milagros.

12 . Ves aquí, cristiano, a tu Jesús segunda vez entre ladrones crucificado: considera, ¿qué
harían los desalmados judíos, si tuviesen algún género de dominio  y mando en los cristianos  y fieles de Jesucristo?

El glorioso Simeón, virgen, inocente y mártir, apenas destetado, cuya santísima lengua aun no sabia pronunciar una palabra; en menosprecio de Cristo  y su santísima ley, fue crucificado, y muerto tan cruelmente, como has visto, por los infames judíos.

Oíd todos aquellos, que en vuestras ciudades, y tierras consentís, habiten tan voraces y crueles enemigos: ved lo que hacen con vuestros hijos y con vuestro Dios  y Redentor Jesucristo: consideradlo bien ; para que los aborrezcais, y no les deis tierra que pisen: antes sí procuréis extinguir su nombre, y del todo acabar con tan infame y vil canalla.

Los judios por estatuto inviolable y eterno, todos los días maldicen el santísimo Sacramento del altar, donde está el verdadero cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, y a su santísima madre la Virgen María, sin pecado concebida: afirman que cuantas palabras salen de sus bocas son pecado fuera de aquellas, que hablan en menosprecio y vilipendio de Cristo  y su esposa la santa Iglesia romana; que estas dicen son santas, buenas  y meritorias.

Asimismo en el tercero libro del Talmud, libro de tanta estimación entre ellos, que le anteponen a los libros de Moisés, y los profetas  y paraque se crea mas en el Talmud, añaden fábulas a fábulas, diciendo  que Dios estudia el Talmud: en este, pues, libro se manda por ley ioviolable y perpetua, que tres veces al día en oración, que tienen por la mas eficaz de cuantas súplicas a Dios se hacen, pidan a Dios, destruya alos cristianos, los confunda  y acabe.

Esta perversa oración la hacen los hombres (en pie, juntas la manos, sin tener el pensamiento en cosa alguna del mundo, sino es en solo pedir a Dios la destrucción de los fieles católicos en lengua hebrea: las mujeres en la lengua vulgar, que saben; y solo el levita la canta en alta voz, respondiendo todos: Amen. Las palabras de la oración son estas. « Los convertidos vivan sin esperanza alguna, y todos de repente perezcan: los niños perezcan en los vientres de sus madres , sin que jamás salgan a  gozar de la luz ; y todos los enemigos de tu pueblo deIsrael sean destruidos , y el reino de maldad de los
 del todo se arranque , y confunda. Hazlo así, Señor, hazlo asi: cumple lo que te pedimos
velozmente en nuestros días ; porque tú solo eres Dios bendito, que ahuyentas nuestros enemigos, y destruyes los impíos. »

13 Y en el segundo Talmud afirman estos perjudiciales enemigos, que nuestro Señor Jesucristo padece grandes tormentos en el infierno: cosa tan detestable, que aun los turcos no pueden oirla  y los aborrecen por eso.

¿De qué nos maravillamos los cristianos, si permitimos en tantas partes vivir entre nosotros estos enemigos de Jesucristo, nos castigue su divina Majestad con guerras, hambres, sedes, truenos, rayos, relámpagos, agua, y piedras? ¿Qué mucho nos envíe peste, y muertes repentinas? ¿Que permita , que siendo nosotros pueblo escogido suyo, redimido con su sangre, vayamos cada día de mal en peor; viendo, hacemos amistades con sus mismos enemigos?

¿Que los dejamos vivir entre nosotros por el vil interés? ¿Que vendemos nuestra sangre,
entregando nuestros inocentes hijos en manos de tan crueles Heredes? ¿ Qué otra cosa es darles ciudades ,y casas, en que vivan, sino es menospreciar la sacrosanta fé de Jesucristo, haciendo
amistades con sus mismos enemigos?

14 Nació nuestro santísimo mártir Sieón viernes, a 26 de noviembre, año 1472 de nuestra redención, de Andrés, y Maria, sus padres, muy pobres  y por eso amados de Jesus; y padeció martirio a 24 de marzo de 1475: por lo cual todos los judíos que vivían en Trento, fueron encarcelados, entre grillos  y cadenas pesadas, de donde no saldrán, hasta que todos hayan pagado su merecido .

Es de Trento , 4 de abril del año 1 476.

Aquí concluye el autor; y aquí Surio  que la escribió del mismo. Escribióla también esta vida Molano en las adiciones a Usuardo: el Martirologio Romano este mismo ida 24 de marzo,  Baronio en sus anotaciones: solo difieren, en que este lo llama Simeón  y los demás Simón: puede ser yerro de la imprenta, que una letra sola, en que está la diferencia, es fácil descuido: si bien puede tener uno y otro nombre

 

LEYENDA DE ORO

DR. JOSÉ PALAU

 

Leer el Santo Evangelio del día y catena aurea