RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

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¿SE PUEDE AÑADIR ALGO A LAS PALABRAS DE LA FORMA SACRAMENTAL?

 

Respuesta

OTRO

Fundamento teológico

SANTO TOMÁS DE AQUINO

Suma Teológica

IIIa Parte

Cuestión 60

ARTÍCULO 8

Objeciones por las que parece que no se puede añadir nada a las palabras de la forma sacramental:

1ª. No son de menor valor las palabras sacramentales que las palabras de la Sagrada Escritura. Pero a las palabras de la Sagrada Escritura nada se les puede añadir o quitar. Se lee, efectivamente, en el Dt., 4, 2: no añadáis ni quitéis nada a lo que os digo; y en el Ap., 22, 18-19: yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro. Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro. Y si alguno quita algo de las palabras de este libro pro/ético, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida. Por tanto, tampoco a las formas de los sacramentos se les puede añadir o quitar nada.

2ª. En los sacramentos las palabras son como la forma. Pero en las formas, como en los números, según Aristóteles, cualquier adición o sustracción hace variar la especie. Luego si se quita o añade algo a la forma sacramental, el sacramento no será el mismo.

3ª. La forma del sacramento requiere no sólo un determinado número de palabras, sino también un determinado orden en ellas y la continuidad en la pronunciación. Ahora bien, si la adición o sustracción no destruyen la validez del sacramento, tampoco la destruirán la translocación de las palabras o la pronunciación interrumpida.

Contra esto está que en las formas sacramentales unos dicen cosas que otros omiten. Así, mientras los latinos bautizan con esta forma: Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, los griegos emplean esta otra: Sea bautizado el siervo de Cristo N. en el nombre del Padre, etc. A pesar de lo cual, tanto los latinos como los griegos confieren válidamente el sacramento. Luego a las fórmulas sacramentales se les puede añadir o quitar algo.

Respondo que acerca de las variaciones que se pueden verificar en la forma de los sacramentos, se deben tener en cuenta dos cosas:

La primera depende de quien pronuncia las palabras, cuya intención es indispensable para que se realice el sacramento. Por tanto, si con esta adición o sustracción pretendiese realizar un rito no conocido por la Iglesia, no parece que se verifique el sacramento, pues no parece que pretenda hacer lo que hace la Iglesia.

La segunda depende de la significación de las palabras. En efecto, puesto que las palabras operan en el sacramento según su propio sentido, es oportuno considerar si la alteración introducida hace desaparecer el requerido sentido de estas palabras. Porque si desaparece este sentido es evidente que el sacramento no se realiza.

Es claro que, si se elimina de la forma del sacramento un elemento esencial, desaparece el requerido sentido de las palabras y, por tanto, no se realiza el sacramento.

Por eso Dídimo en el libro De Spiritu Sancto dice: Si alguien intenta bautizar omitiendo uno de los nombres indicados, o sea, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, bautizará vanamente.

Por el contrario, si se omite de la forma un elemento no esencial, tal omisión no suprime el requerido sentido de las palabras y, consiguientemente, tampoco suprime el sacramento.

Así, en la forma de la Eucaristía: porque esto es mi cuerpo, la supresión de la palabra porque no suprime el requerido sentido de las palabras, y por eso no impide la realización del sacramento, aunque pudiese suceder que el autor de la omisión cometiese un pecado de negligencia o de desprecio.

También en la adición cabe la posibilidad de introducir alguna palabra que corrompa el requerido sentido, como si, por ejemplo, uno dijera: Yo te bautizo en el nombre del Padre, que es superior, y del Hijo, que es inferior, que es como bautizaban los arríanos. Por eso, una adición de esta clase destruye la realidad del sacramento.

Pero si la adición no destruye el requerido sentido de las palabras, tampoco destruiría el sacramento.

Y no importa que la adición tenga lugar al principio, en el medio o al final, como si, por ejemplo, alguien dijese: Yo te bautizo en el nombre de Dios Padre omnipotente y de su Hijo unigénito y del Espíritu Santo consolador. Aquí hay verdadero bautismo. Como también lo habría si se dijese: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y que la bienaventurada Virgen te ayude.

Sin embargo, no habría bautismo en el caso de que se dijera: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y de la bienaventurada Virgen María, porque se dice en I Cor., 1, 13: ¿Acaso ha sido Pablo crucificado por vosotros o habéis sido bautizados en su nombre?

Esto es cierto si bautizar en el nombre de la bienaventurada Virgen se entiende con el mismo sentido que en el nombre de la Trinidad por la que el bautismo es sagrado. Tal sentido, en efecto, sería contrario a la verdadera fe y, consiguientemente, destruiría la realidad del sacramento. En cambio, no se destruiría esta realidad sacramental si al añadir y en el nombre de la bienaventurada Virgen no se intenta significar que este nombre produce algo en el bautismo, sino que únicamente se pide que su intercesión sirva al bautizado para conservar la gracia bautismal.

Repuesta a las objeciones:

1ª. No se puede añadir nada a la Sagrada Escritura que cambie el sentido, pero tratándose de la explicación del sentido, son muchas las palabras que añaden los exégetas. Sin embargo, no se puede hacer pasar estas palabras añadidas como partes integrantes de la Sagrada Escritura. Esto sería una falsificación. Y lo mismo ocurriría si alguien dijese que algo es parte esencial de la forma sacramental sin serlo.

2ª. Las palabras constituyen la forma sacramental en virtud de su significado. Por eso, la adición o sustracción de palabras que no altere el genuino sentido, no destruye la esencia del sacramento.

3ª. Si la interrupción de las palabras es tan prolongada que se suspende la intención de quien las pronuncia, desaparece el sentido del sacramento y, consiguientemente, su realidad. Pero ésta no desaparece cuando la interrupción es tan breve que no compromete ni la intención del ministro ni la inteligencia de la frase. Y lo mismo hay que decir de la translocación de las palabras. Si con ella se destruye el sentido de la frase, no se realiza el sacramento, como se hace bien patente en el caso de que una negación se anteponga o se posponga a la frase decisiva. Pero si la translocación no cambia el sentido de la frase, no desaparece la realidad del sacramento, porque, como dice Aristóteles, aunque los nombres y los verbos cambien de lugar, significan lo mismo.

De un total de 101 respuestas:
7 contestaron SI  
93 contestaron NO 
1 contestaron OTRO

Según esta estadística la mayoría contestó INCORRECTAMENTE.

Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.