RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

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¿PERTENECE EL SACRAMENTO A LA CATEGORÍA DE LOS SIGNOS?

FUNDAMENTO TEOLÓGICO

SUMA TEOLÓGICA

IIIa Parte

Cuestión 60

ARTÍCULO 1

Objeciones por las que parece que el sacramento no pertenece a la categoría de los signos:

1ª. La palabra «sacramento» proviene de «sacralizar», como «medicamento» proviene de «medicinar». Pero esta denominación parece referirse más a la causa que al signo. Luego el sacramento pertenece más a la categoría de causa que a la de signo.

2ª. El vocablo «sacramento» parece indicar algo oculto. Así se lee en el libro de Tob., 12, 7: Es bueno ocultar el sacramento del rey, y en Ef., 3, 9: … y esclarecer cómo se ha manifestado el misterio escondido desde siglos en Dios. Ahora bien, lo que está oculto parece oponerse a la noción misma de signo, que, según San Agustín, es aquello que, además de impresionar nuestros sentidos, nos conduce al conocimiento de una cosa distinta. Luego parece que el sacramento no pertenece a la categoría de signo.

3ª. La palabra «sacramento» cae algunas veces bajo la denominación de juramento. Así se dice en las Decretales, XXII, q.5: No se obligue a jurar a los niños que no han llegado al uso de la razón, y quien haya jurado una vez en falso no sea admitido ya ni para ser testigo ni para prestar sacramento, o sea, juramento. Pero el juramento no pertenece a la categoría de los signos. Luego el sacramento tampoco.

Contra esto está que dice San Agustín en X De Civ. Dei: El sacrificio visible es sacramento, o sea, signo sagrado del sacrificio invisible.

Respondo que todas las cosas que se relacionan, aunque sea de diverso modo, con una misma realidad, de ella pueden tomar su denominación.

Así, en relación con la salud que se encuentra en el animal, se puede denominar sano no solamente el animal que la posee, sino también el medicamento que la causa, el régimen dietético que la conserva y el orín de la que es signo.

Pues esto es lo que ocurre con el vocablo «sacramento».

Una cosa puede llamarse sacramento, bien porque contiene en sí una santidad oculta —y entonces sacramento equivale a «secreto sagrado»—; bien porque tiene una relación con esta santidad, ya sea como causa, como signo o de cualquier otro modo.

Nosotros aquí hablamos de los sacramentos en cuanto se relacionan con la santidad bajo el aspecto de signo.

Y en este sentido el sacramento entra en la categoría de signo.

Respuesta a las objeciones:

1ª. Por ser la medicina causa eficiente de la salud, todos los derivados del concepto «medicina» hacen referencia a este único primer agente. Y por eso el término «medicamento» lleva implícita una cierta causalidad. Sin embargo, la santidad implicada en la palabra «sacramento» no expresa una causalidad eficiente, sino más bien una causalidad formal o final. Por tanto, no es necesario que la palabra «sacramento» implique siempre causalidad.

2ª. La objeción parte de que sacramento es lo mismo que secreto sagrado. En este sentido no sólo el secreto de Dios se dice que es sagrado y que es sacramento, sino también el del rey, ya que, según los antiguos, se decían santas o sacrosantas las cosas que no estaba permitido violar. Y esto se aplicaba incluso a los muros de una ciudad, o a las personas constituidas en dignidad. Por eso, a los secretos —divinos o humanos—, que no se les puede violar publicándolos, se les llama sagrados o sacramentos.

3ª. También el juramento tiene una cierta relación con las cosas sagradas por ser una testificación en la que se invoca algo sagrado. Y en este sentido se le puede llamar sacramento. Pero nosotros, al hablar aquí de los sacramentos, no adoptamos este significado. Aquí tomamos la palabra «sacramento» no en sentido equívoco, sino análogo, o sea, según las diversas relaciones a una misma cosa.

De un total de 70 respuestas:
49 contestaron SI  
21 contestaron NO 

 

Según esta estadística la mayoría contestó CORRECTAMENTE.

Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.