EN HONOR A LA VERDAD

¿EXISTE EN NOSOTROS UNA LEY NATURAL?
Respuesta
SI
Fundamento teológico
SANTO TOMÁS DE AQUINO
Suma Teológica
Parte Ia-IIae – Cuestión 91
De las distintas clases de leyes
Artículo 2
Objeciones por las que parece que no existe en nosotros ley natural alguna:
1ª. El gobierno del hombre está suficientemente atendido con la ley eterna, pues dice San Agustín que la ley eterna es aquella en virtud de la cual es justo que todas las cosas se hallen perfectamente ordenadas. Mas la naturaleza no abunda en lo superfluo, como tampoco falta en lo necesario. Luego no se da en el hombre una ley natural.
2ª. La ley ordena los actos del hombre a su fin. Pero esta ordenación no brota de la naturaleza, como sucede en las criaturas irracionales, que sólo obran por un fin en virtud de su apetito natural; sino que el hombre lo hace mediante la razón y la voluntad. Luego en el hombre no hay ley natural alguna.
3ª. Cuanto uno es más libre tanto menos está sujeto a la ley. Pero el hombre es más libre que ningún otro animal, merced al libre albedrío, del que carecen los demás animales. Por tanto, al no estar los otros animales sujetos a una ley natural, tampoco lo está el hombre.
Contra esto está lo que, a propósito de las palabras de Rom., 2, 14: Los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente los preceptos de la ley, comenta la Glosa: Aunque no tienen ley escrita, tienen, sin embargo, la ley natural, mediante la cual cada uno entiende y es consciente de lo que es bueno y de lo que es malo.
Respondo que, siendo la ley regla y medida, puede existir de dos maneras: tal como se encuentra en el principio regulador y mensurante, y tal como está en lo regulado y medido.
Ahora bien, el que algo se halle medido y regulado se debe a que participa de la medida y regla.
Por tanto, como todas las cosas que se encuentran sometidas a la divina providencia están reguladas y medidas por la ley eterna, es manifiesto que participan en cierto modo de la ley eterna, a saber, en la medida en que, bajo la impronta de esta ley, se ven impulsados a sus actos y fines propios.
Por otra parte, la criatura racional se encuentra sometida a la divina providencia de una manera muy superior a las demás, porque participa de la providencia como tal, y es providente para sí misma y para las demás cosas.
Por lo mismo, hay también en ella una participación de la razón eterna en virtud de la cual se encuentra naturalmente inclinada a los actos y fines debidos.
Y esta participación de la ley eterna en la criatura racional es lo que se llama ley natural. De aquí que el Salmista (Salmo 4,6), tras haber cantado: Sacrificad un sacrificio de justicia, como si pensara en los que preguntan cuáles son las obras de justicia, añade: Muchos dicen: ¿quién nos mostrará el bien? Y responde: La luz de tu rostro, Señor, ha quedado impresa en nuestras mentes, como diciendo que la luz de la razón natural, por la que discernimos entre lo bueno y lo malo —que tal es el cometido de la ley—, no es otra cosa que la impresión de la luz divina en nosotros.
Es, pues, patente que la ley natural no es otra cosa que la participación de la ley eterna en la criatura racional.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Ese argumento tendría valor si la ley natural fuera cosa diversa de la ley eterna. Pero ya vimos que no es sino una participación de ésta.
2ª. Cualquier operación de la razón y de la voluntad surge en nosotros a partir de algo que nos es natural, porque todo raciocinio parte de principios naturalmente conocidos, y todo apetito relativo a los medios deriva del apetito natural del fin último. Por la misma razón es también indispensable que la primera ordenación de nuestros actos al fin sea obra de una ley natural.
3ª. También los animales irracionales, además de la criatura racional, participan de la razón eterna a su manera. Pero la participación que hay en la criatura racional se recibe mediante la inteligencia y la razón, y por eso se llama ley con toda propiedad, puesto que la ley es cosa de la razón. En cambio, la participación que se da en la criatura irracional no es recibida racionalmente, y, en consecuencia, no puede llamarse ley sino por asimilación.
De un total de respuestas:
contestaron SI 90 VOTOS 94.74 %
contestaron NO 5 VOTOS 5.26 %
Según esta estadística la mayoría contestó CORRECTAMENTE.
Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.
