CONSERVANDO LOS RESTOS
SUMA TEOLÓGICA
IIIa Parte
Cuestión 75
EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA
La conversión del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo (II)
Continuación…

ARTÍCULO 5
¿Permanecen en este sacramento los accidentes de pan y vino?
Objeciones por las que parece que en este sacramento no permanecen los accidentes del pan y del vino:
1ª. Si se hace desaparecer lo primero, desaparece también lo que viene después. Pero la sustancia es naturalmente anterior al accidente. Luego, como después de la consagración no permanece la sustancia en este sacramento, parece que tampoco pueden permanecer sus accidentes.
2ª. En el sacramento de la verdad no debe haber lugar para ningún engaño. Ahora bien, por los accidentes juzgamos de la sustancia. Parece, pues, que quedaría engañado el juicio humano si permaneciesen los accidentes y no permaneciese la sustancia del pan. Luego esta permanencia es incompatible con este sacramento.
3ª. Aunque la fe no esté sometida a la razón, no está contra la razón sino sobre ella. Ahora bien, nuestra razón tiene su origen en los sentidos. Luego nuestra fe no debe estar contra los sentidos juzgando éstos que es pan lo que la fe cree que es la sustancia del cuerpo de Cristo. Luego no conviene a este sacramento que los accidentes de pan, objeto de los sentidos, permanezcan, y la sustancia del pan no.
4ª. Lo que permanece después de la conversión parece que debe ser el sujeto de la mutación. Luego si permanecen los accidentes del pan después de la conversión, parece que han de ser estos accidentes el sujeto de la conversión. Lo cual es imposible, porque no hay accidente de otro accidente. Luego en este sacramento no deben permanecer los accidentes del pan y del vino.
Contra esto está lo que dice San Agustín: Bajo los elementos de pan y vino que vemos, nosotros veneramos cosas invisibles, o sea, la carne y la sangre.
Respondo que consta por el testimonio de los sentidos que, después de la consagración, los accidentes del pan y del vino permanecen. Y esto lo ha dispuesto así sabiamente la divina providencia.
Primero, porque no es habitual entre los hombres, sino cosa horrible, comer y beber carne y sangre humanas, se nos ofrece la carne y la sangre de Cristo bajo las especies de unos alimentos que son los más frecuentemente utilizados por los hombres, o sea, el pan y el vino.
Segundo, para no exponer este sacramento a la burla de los infieles, cosa que sucedería si comiéramos al Señor en su estado físico.
Tercero, para que el hecho de recibir invisiblemente el cuerpo y la sangre del Señor aumente el mérito de nuestra fe.
Respuesta a las objeciones:
1ª. El efecto depende más de la primera causa que de la segunda. De ahí que por el poder de Dios, que es la primera causa de todas las cosas, puedan permanecer cosas posteriores, habiendo desaparecido las anteriores.
2ª. No hay engaño alguno en este sacramento, porque los sentidos juzgan acerca de los accidentes, y éstos están ahí en toda su realidad. Ahora bien, la inteligencia, cuyo objeto propio es la sustancia, es preservada del engaño por la fe.
3ª. Con esto se responde a la tercera objeción. Porque la fe no se opone a los sentidos, sino que a ella le conciernen cosas que los sentidos no pueden detectar.
4ª. Propiamente hablando, esta conversión no tiene sujeto. No obstante, los accidentes que permanecen, tienen una cierta semejanza con él.
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ARTÍCULO 6
¿Permanece en este sacramento la forma sustancial del pan después de la consagración?
Objeciones por las que parece que en este sacramento permanece la forma sustancial del pan después de la consagración:
1ª. Después de la consagración permanecen los accidentes. Pero, puesto que el pan es algo artificial, también su forma es un accidente. Luego después de la consagración, permanece.
2ª. La forma del cuerpo de Cristo es su alma, pues el alma es acto del cuerpo físico que tiene vida en potencia. Pero no puede decirse que la forma sustancial del pan se convierta en el alma de Cristo. Luego parece que la forma sustancial del pan permanece después de la consagración.
3ª. La propia operación de cada cosa se deriva de su propia forma sustancial. Ahora bien, lo que permanece en este sacramento nutre y produce todos los efectos que produciría el pan. Luego la forma sustancial del pan permanece en este sacramento después de la consagración.
Contra esto está que la forma sustancial del pan es parte de la sustancia del pan. Pero la sustancia del pan se convierte en el cuerpo de Cristo. Luego la forma sustancial del pan no permanece.
Respondo que algunos opinaron que, después de la consagración, no sólo permanecen los accidentes del pan, sino también la forma sustancial del pan. Pero esto no puede ser.
Primero, porque si permaneciese la forma sustancial, se convertiría en el cuerpo de Cristo solamente la materia del pan. Y de ahí se seguiría que la conversión no se haría a todo el cuerpo de Cristo, sino solamente a su materia. Lo cual es incompatible con la forma del sacramento que dice: Esto es mi cuerpo.
Segundo, porque si permaneciese la forma sustancial del pan, permanecería o unida a la materia o separada de ella. Ahora bien, lo primero no puede ser, porque si permaneciese unida a la materia del pan, permanecería entonces toda la sustancia del pan, lo cual está en contradicción con lo dicho. Pero tampoco puede permanecer unida a otra materia, porque cada forma está unida a la propia materia. Y si permaneciera separada de la materia, ya sería una forma actualmente inteligible, y también inteligente, porque todas las formas separadas de la materia son así.
Tercero, esa permanencia sería inconciliable con este sacramento, porque los accidentes del pan permanecen en este sacramento para que se vea bajo ellos el cuerpo de Cristo, pero no en su figura física.
Por consiguiente, hay que decir que la forma sustancial del pan no permanece.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Nada hay que impida hacer artificialmente algo cuya forma no sea accidental, sino forma sustancial. Artificialmente, por ejemplo, pueden producirse ranas y serpientes, ya que la artesanía no produce estas formas por su propia virtud, sino por virtud de los principios naturales. Y así es como el panadero produce la forma sustancial del pan, por la virtud del fuego que cuece la masa, hecha de harina y de agua.
2ª. El alma es la forma del cuerpo, y es lo que confiere a éste toda la estructura del ser perfecto, como es el ser, el ser corpóreo, el ser animado, etc. La forma del pan se convierte, pues, en la forma del cuerpo de Cristo para darle el ser corpóreo, pero no para darle el ser animado con tal alma.
3ª. Algunas de las operaciones del pan proceden de él por razón de sus accidentes, como es el impresionar nuestros sentidos. Y estas operaciones se encuentran en los elementos del pan después de la consagración, puesto que permanecen los accidentes. Otras operaciones, sin embargo, proceden del pan por razón de la materia, como es el convertirse en otro, o por razón de la forma sustancial, como es la operación derivada de su especie, por ejemplo, vigorizar el corazón del hombre. Y tales operaciones se encuentran en este sacramento no porque permanezca la forma o la materia, sino porque se comunican milagrosamente a los accidentes, como se dirá después (ver q. 77, a. 3 ad 2; a. 5).
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ARTÍCULO 7
Esta conversión, ¿es instantánea o se hace paulatinamente?
Objeciones por las que parece que esta conversión no es instantánea, sino que se hace paulatinamente:
1ª. En esta conversión está primeramente la sustancia del pan, y después la sustancia del cuerpo de Cristo. Luego no están las dos en el mismo instante, sino en dos instantes. Pero entre dos instantes hay un tiempo intermedio. Luego esta conversión se hace en el proceso de un tiempo que transcurre entre el último instante en que está presente el pan y el primer instante en que está presente el cuerpo de Cristo.
2ª. En toda conversión hay un hacerse y un estar hecho. Pero estas dos cosas no se dan a la vez, porque lo que se hace no es todavía, y lo que está hecho ya es. Luego en esta conversión hay un antes y un después. Luego no puede ser instantánea, sino sucesiva.
3ª. San Ambrosio dice que este sacramento se realiza con las palabras de Cristo. Pero estas palabras se pronuncian sucesivamente. Luego esta conversión se hace sucesivamente.
Contra esto está que esta conversión se realiza por el poder infinito, y es propio de este poder obrar instantáneamente.
Respondo que una mutación puede ser instantánea por tres razones.
Primera, por parte de la forma que es punto de llegada en esta mutación. Porque si se trata de una forma que admite un más y un menos, como es la salud, el sujeto la adquiere de modo sucesivo. Pero como la forma sustancial no admite un más y un menos, su introducción en la materia es instantánea.
Segunda, por parte del sujeto, que a veces se va preparando gradualmente para recibir la forma, como es el caso del agua que se va calentando poco a poco. Pero cuando el sujeto está en la última disposición para recibir la forma, súbitamente la recibe. Así, un cuerpo diáfano se ilumina instantáneamente.
Tercera, por parte del agente de poder infinito, que puede disponer la materia para recibir la forma instantáneamente, como lo que se lee en Mc., 7, 34-35, cuando Cristo dijo: Efetá, que significa abrir, y al instante se abrieron los oídos del hombre, y se le soltó la traba de la lengua.
Y por estas tres razones esta conversión es instantánea.
Primero, porque la sustancia del cuerpo de Cristo, punto de llegada de esta conversión, no admite un más y un menos.
Segundo, porque en esta conversión no hay un sujeto que se vaya preparando sucesivamente.
Tercero, porque se realiza por el poder infinito de Dios.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Hay algunos que no conceden que entre dos instantes haya un tiempo intermedio. Esto tiene lugar, dicen ellos, entre dos instantes que pertenecen al mismo movimiento, pero no entre dos instantes que se refieren a movimientos distintos. Así, entre el instante que señala el fin del reposo y el otro instante que señala el principio del movimiento, no hay un tiempo intermedio. Pero en esto se equivocan. Porque la identidad del tiempo y del instante, o su diversidad, no se toman por relación a cualquier movimiento, sino por relación al primer movimiento del cielo, que es la medida de todo el movimiento y de todo el reposo.
Por eso, otros conceden la existencia del tiempo intermedio en el tiempo que mide el movimiento dependiente del movimiento del cielo. Ahora bien, hay movimientos no dependientes del movimiento del cielo, y que no están mensurados por él, como se dijo hablando del movimiento de los ángeles. Por eso, entre dos instantes correspondientes a estos movimientos, no hay un tiempo intermedio. Pero esto no hace al caso. Porque, aunque esta conversión, de suyo, no tenga relación con el movimiento del cielo, sigue, sin embargo, a la pronunciación de las palabras, pronunciación que necesariamente está mensurada por el movimiento del cielo. Por tanto, es indispensable que entre dos instantes cualesquiera de la conversión haya un tiempo intermedio.
Por eso, otros afirman que el último instante en que está presente el pan, y el primero en que está presente el cuerpo de Cristo, son dos con relación a las realidades medidas, pero es uno solo con relación al tiempo mensurante, como, cuando dos líneas se tocan, son dos puntos por parte de las dos líneas, pero es uno solo por parte del lugar que las contiene. Pero aquí el caso es distinto. Porque el instante y el tiempo no es una medida intrínseca en los movimientos particulares, como lo es la línea y el punto en los cuerpos, sino sólo extrínseca, como lo es el lugar para los cuerpos.
Por eso, otros dicen que el instante es idéntico en la realidad, aunque la mente lo conciba como doble. Pero de aquí se seguiría que dos cosas realmente opuestas coexistirían en el mismo sujeto. Porque la duplicidad mental de los instantes no haría variar la realidad.
Por consiguiente, hay que decir que esta conversión se realiza por las palabras de Cristo, proferidas por el sacerdote, de tal modo que el último instante de la pronunciación de las palabras es el primer instante en que está presente el cuerpo de Cristo en el sacramento. Y en todo el tiempo anterior está allí la sustancia del pan. En este tiempo no se puede considerar un instante que precedería inmediatamente al último, porque el tiempo no se compone de instantes que se suceden unos a otros. En consecuencia, puede precisarse un instante en que el cuerpo de Cristo está presente, pero no se puede precisar el último instante de la presencia del pan, aunque sí se puede precisar un último tiempo. Por lo demás, esto es lo que acontece también en las mutaciones naturales, como demuestra Aristóteles.
2ª. En las mutaciones instantáneas hay coincidencia entre el hacerse y el estar hecho, como la hay entre iluminarse y estar iluminado. En estas mutaciones, en efecto, se dice estar hecho en cuanto que ya es, y se dice hacerse en cuanto que antes no era.
3ª. Esta conversión se realiza en el último instante en que se pronuncian las palabras, porque es entonces cuando se completa su significado, un significado que es eficaz en las formas de los sacramentos. Y de aquí no se sigue que esta conversión sea sucesiva.
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ARTÍCULO 8
¿Es verdadera la proposición «del pan se hace el cuerpo de Cristo»?
Objeciones por las que parece que la proposición del pan se hace el cuerpo de Cristo es falsa:
1ª. Todo aquello de lo cual se obtiene otra cosa, se hace esa cosa. Pero no viceversa. Decimos, en efecto, que de lo blanco se hace el negro, y que lo blanco se hace negro. Pero, aunque digamos que un hombre se hace negro, no decimos, sin embargo, que del hombre se hace lo negro. Por tanto, si es verdad que del pan se hace el cuerpo de Cristo, también será verdad que el pan se hace el cuerpo de Cristo, lo cual parece falso, porque el pan no es el sujeto de ese cambio, sino su punto de partida. Luego no es verdad que del pan se hace el cuerpo de Cristo.
2ª. El hacerse termina en el ser o en estar hecho. Pero esta proposición no es verdadera: El pan es el cuerpo de Cristo, ni ésta: El pan se ha hecho el cuerpo de Cristo, ni esta otra: El pan será el cuerpo de Cristo. Luego parece que tampoco es verdadera la proposición: Del pan se hace el cuerpo de Cristo.
3ª. Todo aquello de lo cual se hace una cosa, se convierte en la cosa que se hace de ello. Pero esta proposición parece que es falsa: El pan se convierte en el cuerpo de Cristo, ya que esta conversión parece que es más milagrosa que la creación, hablando de la cual, sin embargo, no se dice que el no ser se convierta en el ser. Luego parece que también esta proposición: Del pan se hace el cuerpo de Cristo es falsa.
4ª. Una cosa de la cual se hace otra, puede ser esa otra. Pero esta proposición es falsa: El pan puede ser el cuerpo de Cristo. Luego también ésta es falsa: Del pan se hace el cuerpo de Cristo.
Contra esto está que dice San Ambrosio: Cuando viene la consagración, del pan se hace el cuerpo de Cristo.
Respondo que esta conversión del pan en el cuerpo de Cristo es en cierto aspecto semejante a la creación y a la transmutación natural, y, en otro aspecto, difiere de las dos.
Efectivamente, es común a las tres la sucesión de términos, o sea, el que una cosa venga después que otra.
Porque en la creación viene el ser después del no ser; en este sacramento viene el cuerpo de Cristo después de la sustancia del pan.
Y en la transmutación natural viene lo blanco después de lo negro, o el fuego después del aire.
Y es común a ellas también el que los términos no coexisten a la vez.
La conversión de que hablamos es semejante a la creación porque en ninguna de las dos hay un sujeto común para ambos extremos: al contrario de lo que ocurre en las transmutaciones naturales.
No obstante, esta conversión tiene semejanza con las transmutaciones naturales en dos cosas, aunque de modo diverso.
Primera, porque en ambas uno de los extremos se cambia en el otro, como el pan se cambia en el cuerpo de Cristo, y el aire, en el fuego; mientras que el no ser no se convierte en el ser.
Sin embargo, este cambio se realiza de distinta manera en una y en otra.
Porque en el sacramento toda la sustancia del pan se cambia en todo el cuerpo de Cristo, mientras que en la transmutación natural la materia de una cosa recibe la forma de otra, una vez desechada la forma precedente.
Segunda, en la una y en la otra permanece algo que les es común, lo cual no sucede en la creación.
Hay, sin embargo, diferencias. Porque en la transmutación natural permanece la misma materia o sujeto, mientras que en este sacramento permanecen los mismos accidentes.
Pues, por todas estas razones, se colige que nuestro lenguaje en cada caso debe ser muy diferente. Puesto que, efectivamente, en ninguno de los tres casos coexisten simultáneamente los extremos, o sea, los puntos de partida y de llegada, en ninguno de los tres casos puede predicarse un extremo del otro con el verbo sustantivo de presente, por lo que no decimos: el no ser es ser, o el pan es el cuerpo de Cristo, o el aire es fuego, o lo blanco es negro.
Pero teniendo en cuenta que los extremos se suceden, en los tres casos podemos utilizar la preposición de para designar la sucesión. Podemos, en efecto, decir con propiedad y verdad: del no ser se hace el ser, del pan se hace el cuerpo de Cristo, del aire se hace el fuego, y de lo blanco se hace lo negro.
Pero, puesto que en la creación uno de los dos extremos no se cambia en el otro, hablando de ella no podemos utilizar la palabra conversión diciendo que el no ser se convierte en el ser. Pero sí que podemos utilizarla en este sacramento y en las transmutaciones naturales. Mas, como en este sacramento toda una sustancia se cambia en toda otra sustancia, a esta conversión se la llama propiamente transustanciación.
Más aún. Puesto que en esta conversión no hay sujeto, todo lo que acontece en la conversión natural por razón del sujeto no es aplicable a esta conversión.
En primer lugar, es claro que la potencia de pasar a un término opuesto, presupone la existencia de un sujeto, por cuya razón decimos que lo blanco puede ser negro o el aire puede ser fuego, aunque esta segunda expresión no sea tan propia como la primera, porque el sujeto de lo blanco, en el que está la potencia para la negrura, es toda la sustancia de lo blanco, y la blancura no es parte de esta sustancia; mientras que el sujeto de la forma del aire es parte de la sustancia del aire.
Por lo que decir: el aire puede ser fuego es una proposición verdadera por sinécdoque, o sea, tomando la parte por el todo.
Porque en esta conversión, como en la creación, no hay sujeto común, por lo que no se dice que un extremo puede ser otro. Por ejemplo, no se dice que el no ser puede ser ser o que el pan puede ser el cuerpo de Cristo. Y, por la misma razón, no se puede decir con propiedad que el no ser se hace el ser, o que del pan se hace el cuerpo de Cristo, porque la preposición de indica una causa consustancial, y tal consustancialidad de los extremos en las transmutaciones naturales depende de idéntico sujeto.
Y, por la misma razón, no está permitido decir que el pan será el cuerpo de Cristo o que el pan se haga el cuerpo de Cristo, como tampoco, hablando de la creación, puede decirse que el no ser será el ser o que el no ser se haga el ser, porque esta manera de hablar tiene lugar en las mutaciones naturales por razón del sujeto, como cuando decimos que lo blanco se hace negro o que lo blanco será negro.
Pero, porque en este sacramento, después de la conversión, queda algo de lo que había antes, o sea, los accidentes del pan, pueden admitirse con cierta semejanza algunas de las locuciones siguientes: El pan sea el cuerpo de Cristo, o el pan será el cuerpo de Cristo, o del pan se hace el cuerpo de Cristo, con tal de que con el nombre pan no se sobreentienda la sustancia del pan, sino en general esto que se contiene bajo los elementos de pan, bajo los cuales primeramente estaba contenida la sustancia del pan, y, después, el cuerpo de Cristo.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Aquello de lo cual se hace otra cosa, algunas veces indica el sujeto juntamente con uno de los extremos de la mutación, como cuando decimos de lo blanco se hace lo negro. Otras veces, sin embargo, indica solamente lo opuesto o el otro extremo, como cuando se dice: de la mañana se hace el día. En estos casos no se quiere decir que esto se hace aquello, o sea, que de la mañana se haga el día. Y lo mismo sucede aquí. Aunque propiamente se diga que del pan se hace el cuerpo de Cristo, no es propia, sin embargo, la expresión el pan se hace cuerpo de Cristo, sino solamente semejante.
2ª. Aquello de lo cual se hace una cosa, alguna vez será esa cosa por razón del sujeto presupuesto. Y, por eso, como en la conversión sacramental no se da este sujeto, la comparación no vale.
3ª. En esta conversión hay cosas más difíciles que en la creación, en la que solamente es difícil esto: que hay algo que se hace de nada, lo cual, sin embargo, pertenece al modo propio de obrar de la causa primera, que no presupone nada para su actuación. Pero en esta conversión no solamente es difícil que este todo se convierta en otro todo, de modo que nada quede del anterior, cosa que no pertenece al modo común de producirse una cosa, sino que tiene esta otra dificultad, y es que permanecen los accidentes una vez desaparecida la sustancia, y muchas más. A pesar de todo, la palabra conversión es aceptable para este sacramento, mientras que para la creación, no, como se ha dicho.
4ª. Como ya se ha dicho, la potencia de ser una cosa u otra radica en el sujeto, sujeto que en esta conversión no se da. Por eso no se puede decir que el pan puede ser el cuerpo de Cristo, ya que la conversión sacramental no se hace por la potencia pasiva de la creatura, sino por la sola potencia activa de Dios.
