LA ARMADURA DE DIOS
LA VIRGEN MARÍA
Y SU PATRONATO EN ARGENTINA
NUESTRA SEÑORA DE LOS BUENOS AIRES
Nuestra Señora del Buen Aire es una advocación de la Virgen María. También aparece como de Buenos Aires, del Buen Ayre y, en menor medida, del Bonaire (del italiano Madonna di Bonaria).
El origen de esta advocación está en Cerdeña en el siglo XIV. Ya en el siglo XVI existía en Sevilla la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Aire, a la que pertenecían los marinos.
Para su conmemoración, se ha establecido la fiesta de la Virgen del Buen Aire el 24 de abril.
Suele representarse a la Virgen María con el Niño Jesús y con un barco. A veces esta Virgen lleva una candela o cirio.

Santuario de Nuestra Señora de Bonaria
En 1218, el religioso catalán San Pedro Nolasco, nacido en Barcelona en 1189, fundó la Orden de Santa María de la Merced, para rescatar a cautivos de los sarracenos.
En el año 1324 la Corona de Aragón formalizó la conquista de la isla de Cerdeña, que estuviera antes controlada por la República de Pisa.
El infante Alfonso, futuro Alfonso IV de Aragón, decidió edificar en la colina de Cagliari (en italiano Colle di Cagliari) un convento dedicado a la Trinidad y a la Virgen María. En 1330 consta que en el convento había una capilla dedicada a Maria de Bonayre.
En 1335 Alfonso IV donó el convento a la Orden de la Merced.
Una leyenda dice que un fraile mercedario llamado Calo Catalano predijo que la Virgen realizaría un milagro cuando él ya hubiera muerto. Según esta leyenda, el milagro consistió en que el 25 de marzo de 1370 una tormenta sorprendió cerca de las costas de Cerdeña al barco de Barcelona que llevaba entre su carga la imagen de la virgen de la Merced para el convento. Los marineros tiraron la carga y todas las cajas se hundieron, aunque una se mantuvo a flote y llegó hasta la costa de Cerdeña. Los mercedarios abrieron la caja y encontraron la escultura de la Virgen de la Merced, que llevaron a su iglesia. Desde entonces, fue venerada con el título de Bonaria, Buen Ayre o Buenos Aires, constituyéndose en protectora de navegantes y marineros.

Nuestra Señora de Bonaria
El teólogo Antíoco Brondo, que había estudiado en Valencia y en Pisa, vivió en este convento y publicó en 1595 Historia y milagros de Nuestra Señora del Buen Aire de la ciudad de Caller.
De Cerdeña, la advocación pasó a España, llevada por los marineros y navegantes, por los cautivos redimidos por los mercedarios y por las autoridades civiles y eclesiásticas que procedían de la península.

Fue así como esta devoción tuvo su mayor arraigo en Sevilla, con los navegantes españoles que, desde su puerto, se hacían a la mar en frágiles naves con rumbo a tierras desconocidas.
De este modo llegó a playas argentinas con la expedición de don Pedro de Mendoza quien, al fundar el puerto y asiento de la futura capital, el 2 de febrero de 1536, le puso de nombre Puerto de Santa María del Buen Aire, llevado por la devoción hacia la madre de Dios y por los consejos de los dos mercedarios que lo acompañaron.
La ciudad fue fundada de forma definitiva por Juan de Garay el 11 de junio de 1580, conservando su nombre.

Imagen en la Capital de Argentina
Basílica de Nuestra Señora de Buenos Aires
En el año 1893, se hallaba en Roma, el Padre José León Torres, Provincial de los Mercedarios argentinos, quien durante su estadía tuvo ocasión de tratar con el Padre Francisco Sullis, anciano historiador de la Orden y devoto de Nuestra Señora de Bonaria.
El Padre Sullis, que se hallaba postrado, sabía ya que el Padre Torres había emprendido una nueva fundación de Buenos Aires, algunos meses atrás, y en una de sus charlas, le dijo que construyesen en Buenos Aires algún templo o santuario a la Santísima Madre de Bonaria, y que propagasen su culto.
El Padre Torres tomaría la recomendación de ese anciano enfermo, y al regresar traería consigo algunas reliquias del Santuario de Cerdeña, la historia del origen de la advocación y la íntima decisión de poner bajo la protección de Nuestra Señora de Buenos Aires, la capilla de la flamante fundación de Caballito.
Fue así como, en el predio donado por doña Celina Bustamante de Belaustegui en el “camino de Gauna” y Espinosa, quedó librada al público la nueva capilla, pequeña y humilde, pero evocando con su nombre las gestas intrépidas del mar: Nuestra Señora de los Buenos Aires, la protectora de los navegantes y marineros, cuyo nombre adoptara don Pedro de Mendoza para bautizar aquel caserío.
Se trataba de un modesto oratorio dedicado por los padres cordobeses Osan y Torres a San Pedro Nolasco, Fundador de los Mercedarios y bendecido por Monseñor Federico Ameiros el 17 de noviembre de 1893.
El 10 de marzo de 1894, en la esquina de la calle Gauna, hoy Gaona, y otra calle proyectada, hoy Espinosa, Monseñor Antonio Espinosa bendijo la piedra fundamental de una capilla que se inauguró el 10 de agosto del mismo año 1894, y en la que en 1895 se celebró por primera vez en Buenos Aires a Nuestra Señora de Bonaria.
El 21 de septiembre de 1897 se pasó a otra capilla construida por Nicolás González y bendecida por Monseñor Espinosa.
Finalmente, el 3 de diciembre de 1911 se bendijo la piedra fundamental de este templo, que se inaugura 21 años después, el 3 de diciembre de 1932.

Dice Fray José Brunet en su obra Santa María del Buenos Aires que la Basílica de Buenos Aires, cuyas torres alcanzan los 75 metros de altura, es un proyecto del arquitecto salesiano Presbítero Ernesto Vespignani, quien adoptó los planos del Ingeniero Conde Carlos Copi para la iglesia del Sagrado Corazón de María de la ciudad de Turín.
A la muerte de Vespignani, lo sucedió el padre Francisco Martínez, también salesiano. Los primitivos constructores Murnie y Costa fueron reemplazados por Pini y Costa.
Su estilo es el neogótico o lombardo. Un importante rosetón pentagonal sobre la fachada y las bases de las dos torres campanarios, de planta cuadrangular, colocadas diametralmente a los ejes del edificio, envuelven el majestuoso atrio con dos puertas centrales.



El altar mayor se halla aislado en el centro del presbiterio, circundado por una nave, con un baldaquino sobrepuesto y coronado por una majestuosa cúpula, cuya linterna alcanza los 45 metros de altura.



Vista del presbiterio desde la altura
La patrona titular, cuya imagen tallada en madera fue realizada en Pavía, es copia fidedigna de la imagen del Santuario. El altar está trabajado con mármoles de Italia y mosaicos de Venecia, con fondo de oro.

La imagen sobre el altar mayor

La nave central

Vista hacia la salida y el coro

Los vitrales representan las Letanías Lauretanas


La Virgen de la Merced como Generala del Ejército Argentino
La historia nos cuenta que el General Belgrano, durante la batalla de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, en plena guerra por la independencia, puso toda su confianza en Dios y en Nuestra Señora de las Mercedes, a quién adoptó como Patrona del Ejército.
La mañana de ese día, en que se libró el combate, el General estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen. Después de la victoria, en el parte de guerra que transmite al gobierno, escribe textualmente: “La Patria puede gloriarse de la victoria que han obtenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de la Merced, bajo cuya protección nos pusimos”.
El General, profundamente conmovido por el triunfo, nombró a la Virgen de las Mercedes como Generala del Ejército, colocando su bastón de mando en la mano de la imagen que, había sido sacada en procesión por la ciudad de Tucumán.
Las religiosas de Buenos Aires, al enterarse de esto, remitieron a Belgrano cuatro mil escapularios de la Merced para que distribuyese entre los soldados.
A partir de estos hechos, esta advocación mariana adquiere una solemnidad particular en los principales santuarios de la cristiandad.
En el año 1912, al cumplirse el Centenario de la Batalla de Tucumán, la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes de Tucumán, fue coronada solemnemente en nombre del Papa San Pío X.
La imagen original de la Virgen, así como el bastón de mando del General Belgrano, se encuentran en custodia en la Basílica Nuestra Señora de los Buenos Aires.

Altar del Camarín de La Generala

Detalle

Uno de los vestidos de Nuestra Señora

Diseño del Bastón de Mando entregado por el Gral. Belgrano
