EN HONOR A LA VERDAD

¿Se cumple siempre la voluntad de Dios?
Respuesta
SI
Fundamento teológico
SANTO TOMÁS DE AQUINO
Suma Teológica
I Parte
Cuestión 19
Artículo 6
Objeciones por las que parece que la voluntad de Dios no se cumple siempre:
1ª San Pablo dice I Tim., 2, 4 que Dios quiere que todos los hombres se salven, y que lleguen al conocimiento de la verdad; lo cual no sucede así. Luego la voluntad de Dios no se cumple siempre.
2ª La voluntad es al bien lo que la ciencia a la verdad. Dios sabe todo lo que es verdadero. Luego quiere todo lo que es bueno. Sin embargo, no todo lo que es bueno se hace; porque hay muchas cosas buenas que pueden hacerse y no se hacen. Luego la voluntad de Dios no se cumple siempre.
3ª Aunque la voluntad divina es la primera causa, no excluye las causas intermedias. Pero el efecto de la causa primera puede ser impedido por defecto de una causa segunda; así como la facultad que tenemos de movernos puede ser contrariada por la debilidad de las piernas. Luego, también el efecto de la voluntad divina puede ser frustrado por efecto de las segundas causas. Por lo tanto la voluntad de Dios no se cumple siempre.
Contra esto está que se dice en el Salmo 113, 13: Dios hizo todo cuanto quiso.
Respondo que es necesario que la voluntad de Dios se cumpla siempre.
Para demostrarlo, observemos que, siendo el efecto semejante en su forma a la causa que lo produce, es menester razonar sobre las causas eficientes del mismo modo que sobre las causas formales.
Ahora bien, en las formas se verifica que, aunque algún efecto pueda discrepar de cierta forma particular, no puede sin embargo separarse de la forma universal. Así, puede existir algo que no es hombre, o vivo; mas no algo que no sea ente.
La misma observación es aplicable a las causas eficientes: porque algún efecto puede ser producido fuera del orden de tal o cual cosa particular, mas no fuera del orden de alguna causa universal, que comprende en sí todas las causas particulares. Porque, si alguna causa particular no produce su efecto, es porque ha sido impedida en su acción por otra causa particular, la cual se halla comprendida bajo la causa universal.
Por consiguiente, de ningún modo puede un efecto sustraerse al orden de la causa universal. Lo cual es notorio aun en los seres corporales, porque puede impedirse que alguna estrella no produzca su efecto; pero cualquier efecto que se siga de causa corpórea impediente en los seres corporales, conviene que se reduzca por algunas causas intermedias a la influencia universal del primer cielo.
Por lo tanto, puesto que la voluntad de Dios es la causa universal de todos los seres, es imposible que no produzca su efecto; y por consiguiente, el ser que parece sustraerse de ella bajo un concepto, recae en la misma bajo otro. Así el pecador, que, cuanto es de su parte, se separa de la voluntad divina pecando, recae bajo su acción, siendo castigado por su justicia.
Respuesta a las objeciones:
1ª Aquella expresión del Apóstol: Dios quiere que todos los hombres sean salvos, etc., puede entenderse de tres modos:
1º Interpretando en esa frase cierta justa distribución, en este sentido: Dios quiere que se salven todos los hombres que se salvan; no porque haya hombre alguno que no quiera que se salve, sino en cuanto nadie consigue la salvación que Dios no quiere que la obtenga, como dice San Agustín.
2º Mediante una distribución por géneros de individuos, y no por individuos de cada género; significando entonces esta frase que Dios quiere que haya individuos que se salven, de toda clase de estados, hombres y mujeres, judíos y gentiles, grandes y pequeños; pero no todos los de cada estado.
3º Según San Juan Damasceno, debe entenderse de la voluntad antecedente, y no de la consiguiente. Esta distinción no se refiere a la voluntad misma de Dios, puesto que para ella no hay antes ni después, sino a las cosas que son su objeto.
Para entenderlo bien debe notarse que Dios quiere cada cosa en razón de lo que en ella hay de bueno; pero la cosa considerada primordialmente en sí misma y de una manera absoluta, puede ser buena o mala; y mudar después de carácter, cuando se la considera con alguna adición ya adjunta a ella. Así, es bueno, absolutamente hablando, que el hombre viva, y malo que se le prive de vida; pero, si tal hombre es homicida o peligroso a la sociedad, dada esta cualidad, es bueno quitarle la vida, y malo el que viva.
Puede, pues, decirse que un juez justo quiere antecedentemente que todo hombre viva, pero consecuentemente quiere que el homicida sea ajusticiado. Igualmente Dios quiere, con voluntad antecedente, que todo hombre se salve, mas, con voluntad consecuente, quiere que algunos se condenen, según la existencia de su justicia.
No por esto sin embargo lo que nosotros queremos con voluntad antecedente, lo queremos de un modo absoluto, sino sólo bajo alguna hipótesis; toda vez que la voluntad se refiera a las cosas según lo que son en sí mismas, y en sí mismas tienen existencia particular. He aquí por qué queremos absolutamente, lo que queremos después de haber considerado todas las circunstancias particulares determinantes, lo cual es querer con voluntad consecuente; y así se puede decir que un juez justo quiere absolutamente que el homicida sea decapitado; mas bajo otro concepto quisiera que viviese, es decir en cuanto es un hombre; por cuya razón esta manera de querer puede ser llamada más bien veleidad que voluntad absoluta. Así es evidente que todo lo que Dios quiere absolutamente, se realiza; aunque lo que quiere con voluntad antecedente, no llegue a tener efecto.
2ª El acto de la facultad de conocer se verifica, según que el objeto conocido está en el sujeto que lo conoce; mientras que el de la potencia apetitiva se refiere a las cosas, según lo que son en sí mismas. Todo lo que puede tener razón de ente y de verdadero, está virtualmente en Dios; mas no todo existe así en las criaturas. Por lo cual Dios conoce todo lo verdadero; y no quiere todo lo bueno, sino en tanto que se quiere a sí propio, en quien todo bien existe virtualmente.
3ª L la causa primera no puede ser privada de su efecto por la falta de una causa segunda, sino en tanto que aquélla no sea universalmente primera y comprensiva de todas las causas; por que, siéndolo, de ningún modo podría el efecto eludir su eficacia; y en tal caso precisamente se halla la voluntad de Dios, como queda dicho poco ha.
De un total de 90 respuestas:
58 contestaron SI
32 contestaron NO
Según esta estadística la mayoría contestó CORRECTAMENTE.
Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.
