CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN

Santa Teresita tenía un alma de cruzado.
La idea de la lucha alimentó constantemente el alma fuerte de la santa de la «lluvia de rosas».
«Me quedé dormida un instante durante la oración», contó a la madre Agnès. “Soñé que no había soldados suficientes en una guerra contra los prusianos. Y usted dijo: Necesitamos enviar a la Hermana Teresa del Niño Jesús. Respondí que aceptaba, pero que prefería luchar en una guerra santa. Pero finalmente yo fui de todas maneras».
«Oh no, no tendré miedo de ir a la guerra. Con la misma alegría, por ejemplo, en el tiempo de las Cruzadas, y habría ido a combatir a los herejes. Si. No habría temido ser muerta; no habría temido el fuego». (1)
«¡Cuando yo pienso que estoy muriendo en una cama! Me habría gustado morir en la arena». (2)
(1) Carnet Jaune, 4.8.6 in Demiers entretiens, Éditions du Centenaire, Desclée de Brouwer Éditions du Cerf, Paris, 1971.
(2) Summarium of the Process of Beatification and Canonization 1, testimony of Celine, 2753.
Novena a Santa Teresita aquí
S.S. Pío XI: «La estrella de mi pontificado»
Pío XI (1922-1939), más que cualquier otro papa, sintió durante toda su vida, incluso antes de su elección al trono de Pedro, una profunda devoción por Teresa. Cuando era nuncio apostólico en Varsovia, tenía siempre sobre la mesa de su despacho la Historia de un alma; y lo mismo hizo como arzobispo de Milán. Durante su pontificado, Teresa fue elevada a los altares con gran rapidez. Fue beatificada el 29 de abril de 1923; canonizada el 17 de mayo de 1925, durante el Año Santo; el 14 de diciembre de 1927 fue proclamada, junto con san Francisco Javier, patrona universal de las misiones católicas. Tanto la beatificación como la canonización fueron las primeras del pontificado de Achille Ratti.
El 11 de febrero de 1923, durante su discurso con motivo de la aprobación de los milagros necesarios para la beatificación el Papa dijo: «Milagro de virtud en esta gran alma, que nos hace repetir con el Divino Poeta: “venida del cielo a la tierra para mostrar el milagro” […]. La pequeña Teresa se ha hecho también ella una palabra de Dios […]. La pequeña Teresa del Niño Jesús quiere decirnos que es fácil para nosotros participar en todas las más grandes y heroicas obras del celo apostólico mediante la oración». A los peregrinos franceses presentes en Roma para la beatificación de Teresa les dijo: «Aquí estáis a la luz de esta Estrella –como nos gusta llamarla– que la mano de Dios quiso que resplandeciera al comienzo de nuestro pontificado, presagio y promesa de una protección, que nosotros estamos experimentando felizmente».
A la intercesión de Teresa, el papa Ratti atribuyó después una protección especial en momentos cruciales de su pontificado. En 1927, en uno de los momentos más duros de la persecución contra la Iglesia católica en México, consagró el país a la protección de Teresa: «Cuando la práctica religiosa quede restablecida en México», escribía a los obispos, «deseo que santa Teresa del Niño Jesús sea reconocida como la mediadora de la paz religiosa en vuestro país». A ella imploró la solución de la dura contraposición entre la Santa Sede y el gobierno fascista italiano en 1931, que llevó a la Acción católica italiana a un paso de la supresión: «Mi pequeña santa, haz que para la fiesta de la Virgen todo se arregle». La controversia se resolvió el 15 de agosto de ese mismo año. Ya a finales del Año Santo de 1925 el papa Ratti había enviado a Lisieux una fotografía suya en la que había escrito esta elocuente leyenda: «Per intercessionem S. Theresiae ab Infante Iesu protrectricis nostrae singularis benedicat vos omnipotens et misericors Deus». Y en 1937, al final de la larga enfermedad que padeció en los últimos años de pontificado, dio las gracias públicamente a aquella «que tan válidamente y de modo tan evidente ha venido en ayuda del sumo Pontífice y aún parece dispuesta a ayudarlo: Santa Teresa de Lisieux». No pudo coronar su deseo de ir personalmente a Lisieux en los últimos meses de su vida. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial el pontificado pasaba a Pío XII (1939-1958), que bien conocía y estimaba a la pequeña santa.
