MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
San Mederico, abad.
Nacido en Autun en el séptimo siglo, mostró desde niño grande amor a la virtud. No se
ocupaba en las cosas propias de niño sino de su alma, y como contase solo trece años, dejo la casa paterna y vistió el hábito monástico. Tuvo que superar algunos obstáculos de parte de sus parientes, mas al fin entro en la abadia de San Martina de Autun. Mucho aprendió Mederico de aquellos monjes, en la virtud y sobre todo en la caridad, humildad y obediencia. Nombrado prior de la casa dio ejemplo a los demás siendo en todo ejemplar. Su santidad era tan conocida, que no solo los monjes sino también los seglares venían de los puntos mas remotos para consultarle, sometiéndose siempre a sus decisiones. Temeroso de que sus consultas le hiciesen caer en el pecado de orgullo, se retiro a un bosque lejos dos horas de Autun, permaneciendo mucho tiempo oculto en un lugar llamado ahora la celda de san Mederico. Allí estaba dedicado a la oración y a los ejercicios de penitencia, hasta que descubierto su retiro se vio obligado a volver a su ministerio. Conociendo se acercaba su muerte se preparo para ella, dirigiose a París con uno de sus amigos, llamado Fradulfo, y fijo su permanencia en un arrabal de la villa, construyendo una pequeña celda al lado de una capilla dedicada a san Pedro. Tres años vivió en ella hasta que por último murió por los años 700. Fue Mederico enterrado en la dicha capilla de San Pedro, donde se edificó después una grande iglesia colegial que lleva su nombre.
Leyenda de oro
DR. José Palau

