SAN EQUICIO

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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 Hoy nos encomendamos a:

San Equicio, abad.

Florecía en el Abrucio cuando san Benito establecía su regla en el monte Casino. En su juventud padeció violentas tentaciones de la carne, de las cuales triunfo por medio de las austeridades y de una continua oración. San Equicio pobló toda la Valeria de monjes fervorosos que vivían diseminados en las montañas y los bosques, y que pasaban el tiempo en la contemplación y el trabajo de sus manos. El santo los visitaba en su soledad, les instruía en sus deberes, les animaba a la práctica de las virtudes, y se detenía al mismo tiempo en los pueblos y aldeas a fin de excitar al pueblo al amor y al servicio de Dios. Como era lego, algunos reprobaban su conducta, y lo miraban como hombre que se arrogaba el derecho de ejercer las funciones eclesiásticas. Formulose contra él una grave queja, la cual fue llevada al papa, que después de suficientemente informado de los hechos, prohibió inquietar a Equicio o interrumpir el curso de sus exhortaciones, que tenían a la caridad por principio, y en las cuales le servía de maestro el espíritu de Dios.

Todo el día lo pasaba trabajando en el campo, menos cuando visitaba a sus discípulos, y por la noche volvía a su ermita para descansar un corto tiempo. Sus vestidos eran pobres y andrajosos; su exterior inspiraba amor a la penitencia, y vivos sentimientos de caridad y devoción. Estuvo encargado de la dirección espiritual de un gran número de religiosos, y después de haber edificado con sus exhortaciones y ejemplos, murió santamente por los años de 540. Sus reliquias se conservan en Aquila, en la iglesia de San Lorenzo.

Leyenda de oro

DR. José Palau

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea