RESPUESTA DE LA SEMANA

EN HONOR A LA VERDAD

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Si Eva hubiese pecado, pero no Adán, ¿sus hijos hubiesen contraído el pecado original?

 

Respuesta

NO

Fundamento teológico

SANTO TOMÁS DE AQUINO

Suma Teológica

Ia-IIæ

Cuestión 81

Artículo 5

Objeciones por las que parece que, si Adán no hubiese pecado, pero sí Eva, los hijos contraerían el pecado original:

1ª. Contraemos el pecado original por nuestros padres, en cuanto que estábamos en ellos, según aquello del Apóstol, en Rom., 5, 12: En el que pecaron todos. Mas como el hombre preexiste en su padre, también en su madre. Luego se contraería el pecado original por el pecado de la madre igual que por el del padre.

2ª. Si hubiese pecado Eva, pero no Adán, sus hijos nacerían pasibles y mortales, pues la madre suministra la materia en la generación; y la muerte y la pasibilidad provienen de la pobreza de la materia. Ahora bien, la pasibilidad y la necesidad de morir son castigo del pecado original. Luego, si hubiese pecado Eva, sin pecar Adán, los hijos contraerían el pecado original.

3ª. Dice el Damasceno que el Espíritu Santo vino sobre la Virgen, de la cual había de ser concebido Cristo sin pecado original, purificándola. Mas dicha purificación no habría sido necesaria si la infección del pecado original no derivase de la madre. Y así, pecando Eva, aunque Adán no hubiese pecado, sus hijos contraerían el pecado original.

Contra esto está lo que dice el Apóstol, en Rom., 5, 12: Por un hombre entró el pecado en este mundo. Pero si la mujer transmitiese el pecado original a la prole, más bien debiera haber dicho que había entrado por dos, ya que ambos pecaron; o antes bien, por la mujer, que pecó primero. Luego el pecado original no es transmitido a los hijos por la madre, sino por el padre.

Respondo que el pecado original es transmitido por el primer padre en cuanto que éste es el motor o principio activo en la generación de los hijos; de ahí que no se contraería el pecado original si fuese uno engendrado sólo materialmente de una carne humana.

Pues es evidente, según la enseñanza de los filósofos, que el principio activo en la generación proviene del padre, suministrando la materia la madre.

Por ende, el pecado original no se contrae por la madre, sino por el padre.

Y según esto, si hubiese pecado Eva sin pecar Adán, sus hijos no hubiesen contraído el pecado original.

Mas sería lo contrario si hubiese pecado Adán y no hubiese pecado Eva.

Respuesta a las objeciones:

1ª. El hijo preexiste en el padre como en su principio activo; y en la madre, como en el principio material y pasivo. Por consiguiente, la comparación no vale.

2ª. Según el parecer de algunos, si Adán no hubiese pecado, pero sí Eva, sus hijos estarían inmunes de la culpa, mas, sin embargo, estarían sujetos a la necesidad de morir y a otros sufrimientos provenientes de la pobreza de la materia, que suministra la madre; no por razón del castigo, sino en cuanto defectos naturales. Mas esto no parece congruente. Pues la inmortalidad y la impasibilidad del primer estado no provenían de la condición de la materia, sino de la justicia original, por la cual el cuerpo estaba sujeto al alma, mientras el alma estuviese sujeta a Dios. Si, pues, no hubiese pecado Adán, el pecado original no se hubiese transmitido a sus descendientes por el pecado de Eva y, evidentemente, en los hijos no faltaría la justicia original. Por consiguiente, no serían pasibles ni estarían sujetos a la necesidad de morir.

3ª. Aquella purificación previa de la Bienaventurada Virgen no se requería para apartar la transmisión del pecado original, sino porque era necesario que la Madre de Dios brillara con la pureza máxima. Pues no hay nada que pueda ser un receptáculo digno de Dios a no ser que esté limpio, según aquello del Salmo 92, 5: A tu casa, Señor, conviene la santidad.

De un total de 108 respuestas:
69 contestaron SI 63.89 %
36 contestaron NO  33.33%
3 contestó OTRO  2.78%

Según esta estadística la mayoría contestó INCORRECTAMENTE.

Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.