MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

Por la fe hicieron los Santos maravillas, sufrieron persecuciones, practicaron virtudes excelentes, y padecieron con heróica constancia todo género de adversidades. Y bien, ¿no tenemos nosotros la misma fe? ¿no profesamos La misma religión? Pues, ¿en qué consiste que seamos tan poco parecidos a ellos? ¿en qué consiste que imitemos tan poco sus ejemplos? Siguiendo un camino enteramente opuesto al que los Santos siguieron, ¿nos podemos racionalmente lisonjear de que llegaremos al mismo término? Una de dos, o los Santos hicieron demasiado, o nosotros no hacemos lo bastante para ser lo que ellos fueron. ¿Nos atreveremos a decir que los Santos hicieron demasiado para conseguir el cielo, para merecer la gloria, y para lograr la eterna felicidad que están gozando? Muy de otra manera discurrían ellos de lo que nosotros discurrimos; en la hora de la muerte, en aquel momento decisivo en que se miran las cosas como son, y en que de todas se hace el juicio que se debe, ninguno se arrepintió de haber hecho mucho, todos quisieran haber hecho mas, y no pocos temieron no haber hecho lo bastante.
Hoy nos encomendamos a:
S. ESTANISLAO DE CRACOVIA
OBISPO Y MARTIR (1030 – 1079)

HACIA fines de! siglo X vivía en Sezepanow, cerca de Cracovia, en el reino de Polonia, una familia virtuosa y santa: los esposos Wielislao y Bogna, descendientes de noble estirpe y poseedores de inmensas riquezas y extensos dominios. Wielislao, tan valeroso
guerrero como fervoroso cristiano, se había distinguido en varias campañas en la guerra de los polacos contra los rusos. Sin embargo, más que luchar contra los hombres, procuraba mantener viva la guerra contra Satán, el gran enemigo del género humano, pues decía, y con razón: «Que aunque esta lucha es más larga, el triunfo es también más brillante y duradero».
Consecuentes con sus ideas Wielislao y su esposa practicaban con ardimiento los consejos evangélicos. Ambos esposos trocaron los bienes de la tierra en moneda celestial, pues con ellos compraron los eternos tesoros del cielo; su casa era refugio seguro en donde las viudas, los pobres y los huérfanos, hallaban en todo tiempo alivio y consuelo.
Tan grandes eran sus ansias de piedad y anhelos de virtud, que, en su propio palacio, hicieron construir una capilla donde se celebraban los divinos oficios, a los que asistían siempre con devoción ardentísima. Gran parte del día lo pasaban en comunicación directa con Dios, porque la oración era su ejercicio predilecto. Los habitantes de la región decían que eran verdaderos frailes, tan mortificada era la vida que llevaban. Por lo cual decían a cuantos viajeros pasaban cerca del castillo de su residencia: «Allí viven como solitarios el señor Wielislao y su esposa Bogna».
Acontecía, empero, que eran ya de avanzada edad y no tenían hijos. Durante más de treinta años suplicaron al cielo que atendiera a sus deseos, mas parecía sordo a su clamor. ¿Morirán sin sucesión? No , porque Dios se dignó bendecir este matrimonio, estéril durante tanto tiempo, y les concedió un hijo. Estanislao nació el 26 de julio del año del Señor 1030, en circunstancias milagrosas.
La misión a que Dios destinaba al joven Estanislao requería el desprecio y apartamiento absoluto de las cosas de la tierra. Para ello se preparó desde la primera edad, pues desde entonces su única preocupación fue agradar a Dios. Practicaba de continuo la caridad, el ayuno y la mortificación.
Gustaba de dormir en el suelo y sufrir los fríos más rigurosos. El dinero que sus padres le enviaban para legítimos gustos y placeres, lo empleaba en limosnas que repartía a los pobres. Así prepara Dios para el combate a los escogidos.
SACERDOTE Y CANÓNIGO
CUANDO Estanislao cumplió la edad requerida, sus padres le hicieron estudiar las artes liberales y la Filosofía y, para perfeccionarse en en los estudios filosóficos, le enviaron a la ciudad de Gniezno, donde radicaba, a la sazón, la escuela más floreciente de Polonia.
De Gniezno, pasó probablemente a un monasterio de Lorena para estudiar Teología. Allí permaneció siete años, durante los cuales se granjeó el cariño y la amistad de todos sus condiscípulos, y perfumó el ambiente de la escuela con el buen olor de sus virtudes.
Durante su permanencia en Lorena, se apartó aun más del mundo y de sus vanidades. No pensaba sino en el claustro, para poder servir mejor a Dios, lejos del mundanal ruido y del humano tumulto. «Pero — dice San Francisco de Sales— . Dios odia la paz de los que han sido hechos para la guerra», y esperaba el momento determinado por su gracia para adueñarse de Estanislao. Al volver a Polonia, habiendo muerto y a sus padres y hallándose dueño de una fortuna considerable, la repartió toda a los pobres.
Desde entonces, sólo aguardaba ocasión propicia para realizar sus piadosos deseos, cuando Lamberto, obispo de Cracovia, le llamó, ordenóle sacerdote y le nombró canónigo de su catedral en 1062.
Los habitantes de Cracovia aplaudieron la elección y designación de Estanislao para la canonjía. Éste temblaba al considerar el peso abrumador que tan pronto se le había echado sobre los hombros, por lo cual se desprendió de cuanto podía estorbarle para el perfecto cumplimiento de cargo tan importante. Asiduo al coro y a la oración, empleaba gran parte del día en el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y de la Teología. Gracias a este trabajo continuo y a su inteligencia poco común, en corto tiempo adquirió tanta ciencia, que de todas partes acudían a solicitar sus consejos y a tomarle como árbitro en los litigios.
Atendía con mansedumbre y amabilidad a las exigencias de todos en forma tal, que muchos salían maravillados de su casa, diciendo: «Este hombre es admirable, es un verdadero santo».
OBISPO DE CRACOVIA
Ala muerte de Lamberto, acaecida en 1072, Estanislao fue elegido por el clero y pueblo para sucederle. Esta vez, el piadoso canónigo se resistió, y no quiso ceder hasta recibir del papa Alejandro II, la orden expresa, que acató como si emanase del mismo Dios.
Creíase tan indigno del nuevo cargo que le habían conferido, que redobló la austeridad y el fervor de sus virtudes, para merecer del cielo la fuerza necesaria para desempeñarlo.
Vistió un cilicio que llevó hasta la muerte. Su caridad inagotable aumentaba día a día. Los pobres eran numerosos en Cracovia; el santo obispo mandó que hiciesen un recuento exacto de todos, y ordenó a un familiar suyo que no negase nada a nadie. Por lo demás, él mismo presidía, a menudo, la distribución de las limosnas, dando, al propio tiempo que el pan material que alimenta el cuerpo, el pan espiritual que sustenta al alma. En tales circunstancias aparecía tan humilde y tan manso, que todos aquellos desgraciados lloraban de alegría por haber encontrado semejante padre.
A pesar de tanta bondad. Estanislao fue varias veces víctima de las injuirias más escandalosas; pero su virtud era superior a todas las pruebas.
Invitóle un noble cierto día a consagrar una iglesia en una de sus propiedades. Consintió en ello el obispo con alegría. Llegado el día prefijado, el obispo con su séquito se encamina a la finca de dicho señor y llega a las puertas del castillo. Preséntase el noble y, sin saber por qué, le trata con increíble insolencia y le arroja de su casa llenándole de injurias. Es más, algunos criados se lanzan sobre los clérigos que rodean al pontífice y los
muelen a golpes. Estanislao no opone la menor resistencia, y se retira con su séquito a un prado inmediato. Por toda venganza dirige a Dios la siguiente plegaria: «Señor, ya que me impiden bendecir el lugar que debía consagrar, dad vuestra bendición al sitio en que me hallo». Y pasa la noche sufriendo el hambre y el frío en aquel prado, que se llamó más tarde «prado bendito», nombre que aun conserva en la actualidad.
Algunos días después, avergonzado el noble, pidió perdón al obispo y le prometió reparar su falta, llevando en adelante una vida más cristiana; como prenda de su sinceridad, donó el referido prado a la Iglesia de Cracovia.
SAN ESTANISLAO ANTE EL IMPÍO BOLESLAO
POLONIA estaba gobernada a la sazón por el impío Boleslao II, rey desde 1077. Este príncipe, que se había mostrado valeroso en la guerra contra los rusos y lleno de liberalidad con sus súbditos, empañó la gloria pasada con acciones vergonzosas e inicuas. Los escándalos de su vida, secretos en un principio, no tardaron en salir a la luz, y llenaron de indignación a todos sus vasallos. Sin embargo, nadie se atrevía a reconvenirle.
Sólo Estanislao, con el valor que dan la oración y la gracia divina, se atrevió a presentarse ante el monarca culpable y , con un lenguaje inspirado por la caridad y la firmeza apostólicas, condenó sus desórdenes y le exhortó a hacer penitencia. Trató de hacerle ver que los pecados de los reyes son mucho más feos que los de los particulares, tanto por la mayor obligación que tienen con Dios, como por el mayor daño que se sigue para toda la nación.
El tirano, lleno de furor contra el siervo de Dios, le colmó de injurias.
— ¿Acaso — le dijo— tengo yo que recibir consejos de un hombre vil como vos, indigno del episcopado y que mereceríais ser arrojado como pasto a los puercos?
— Príncipe — respondió noble y tranquilo el obispo— , conozco el respeto que debo a vuestra autoridad, y creo no haber faltado en este punto a mi deber; pero tampoco olvido que la dignidad apostólica de que estoy investido es muy superior a la de los reyes. Es de institución divina, y el rey y los demás príncipes deben someterse a la jurisdicción espiritual del obispo, aunque éste proceda de linaje menos noble que el suyo. Por tanto, si cuidáis de la salvación de vuestra alma, debéis escuchar mis consejos y
advertencias. Sólo así podréis vivir en paz con Dios y reinar con gloria sobre vuestros vasallos.
Estas palabras, lejos de enmendar al rey, enfureciéronle más aún contra el que se presentaba como el médico más bondadoso de su alma y como el mejor de sus amigos, y determinó perseguirle, hacerle callar mal de su grado y echarle de su iglesia.
VENGANZA DE BOLESLAO
ESTANISLAO había comprado a un hombre rico, llamado Pedro, un campo, en Piotrawin, para ampliar su iglesia, y había pagado escrupulosamente el precio convenido. Sin embargo, fuese por descuido, o por exceso de confianza, no había exigido la firma al vendedor, pues el trato se hizo ante varios testigos. Boleslao llamó a éstos, les intimó con
promesas y amenazas a que dijeran lo que a él le convenía y, por desgracia, las cosas le salieron a pedir de boca. Pedro había muerto hacía tres años y, según las instrucciones del rey, sus sobrinos declararon que la propiedad de Piotrawin había sido usurpada por el obispo.
Al saberlo el Santo, declaró que estaba seguro de confundir a sus calumniadores por la declaración de los testigos. Pero, desgraciadamente, éstos le traicionaron hablando contra su conciencia, y el obispo perdió la causa sin remedio. No pudiendo soportar semejante injusticia y lleno de santa indignación, pidió un plazo de tres días.
— Transcurrido este tiempo — dijo— , os presentaré como testigo de la verdad al mismo Pedro, aunque hace tres años que esta enterrado. Un a carcajada burlona acogió estas palabras. Boleslao concedió el plazo solicitado, creyendo encontrar en esto una nueva ocasión para humillar al siervo de Dios.
DECLARACIÓN DE UN RESUCITADO
EL prelado, con algunos clérigos y seglares fervorosos, se retiró a la iglesia edificada en Piotrawin; ayunó, veló y oró con lágrimas a Nuestro Señor, suplicándole que, ya que era causa suya, Él la defendiese.
Impuso también a los suyos un ayuno riguroso. Llegado el tercer día, y celebrado el Santo Sacrificio, el obispo se reviste con los ornamentos episcopales, y avanza procesionalmente hacia la tumba de Pedro. Una vez allí, manda quitar la losa del sepulcro, cavar la tierra y poner a la vista el cuerpo, que estaba casi enteramente reducido a polvo. Estanislao se pone de rodillas y renueva sus instancias ante el Señor en prolongada oración.
Acabada ésta, toca el cadáver con la mano y dice:
— Pedro: en nombre del Padre, y del H ijo , y del Espíritu Santo, te ordeno que salgas de la tumba para dar testimonio de la verdad, que ha sido negada por los hijos de los hombres.
Inmediatamente, ¡oh prodigio!. Pedro se levanta lleno de vida; el obispo le tomó por la mano y los asistentes quedaron sobrecogidos de espanto.
Algunos emisarios corren a anunciar el milagro a Boleslao, que se halla en pleno tribunal. Éste no quiere creerlo, pero pronto llega Estanislao acompañado del resucitado, a quien lleva de la mano y, presentándole al rey:
— Príncipe — le dice— , aquí está el testigo más irrecusable de la verdad ultrajada por Vuestra Majestad y por vuestros cómplices.
El tirano enmudece lleno de espanto. Pedro entonces, elevando la voz,
exclama:
— Habéis de saber que Dios omnipotenté. movido por las súplicas de su siervo Estanislao, me envía a la tierra para dar testimonio de la verdad ante este tribunal. En presencia de todos, declaro que yo vendí el terreno al obispo y a su Iglesia y recibí el precio convenido. Declaro además que mis sobrinos no tienen ningún derecho sobre él; sólo la calumnia ha podido determinarlos a hacer esta falsa reivindicación.
Vuélvese luego hacia ellos y les dice:
— ¿Qué locura ha podido induciros a cometer semejante crimen? ¿Ha sido malicia?, ¿ha sido timidez? Si no hacéis pronto penitencia. Dios descargará sobre vosotros su brazo vengador en esta vida y en la otra.
Forzado por tan irrecusable como extraño argumento, el déspota libertino declara que el derecho está de parte del santo obispo. Pero su furor, lejos de disminuir, se encendió y acrecentó todavía más.
Al salir del tribunal, la multitud se apiñó alrededor del resucitado para hacerle variadas y encontradas preguntas, a las cuales respondió lo menos que pudo:
— Pues — decía— estoy aquí para hablar solamente de lo que me mande Estanislao.
Éste le condujo de nuevo a su sepulcro, y allí, en presencia del pueblo y del clero, le hizo esta pregunta:
— Pedro, ¿quieres que. en acción de gracias al Señor por el beneficio que acaba de concedernos, le pida que te deje aún algunos años más con nosotros?
— Santo Padre — respondió— , ¿qué haría yo en esta vida miserable de la tierra, que antes debe llamarse muerte que vida? Os suplico que no me impidáis gozar de la vida verdaderamente feliz, donde se ve a Dios cara a cara. Hasta el presente he estado en las llamas del purgatorio, de donde espero salir muy pronto. Dignaos, pues, rogar al Señor por mí para que esta esperanza se realice lo más pronto posible o, si se opone a ello la justicia divina, para que mis penas disminuyan y se acorten.
El prelado no insistió y prometió orar mucho por él; Pedro bajó de nuevo a la tumba y, saliendo su alma del cuerpo, volvió a la eternidad. El clero y el pueblo rezaron las oraciones por los difuntos, cubrióse de nuevo la losa, y todos se retiraron maravillados, al par que resueltos a llevar vida ejemplar en los años que les quedaban de vida, para alcanzar la felicidad de que les había hablado el testigo resucitado.
¿A quién no convirtiera un milagro tan ilustre y evidente como éste?
¿Qué pecho tan duro y empedernido puede haber que no se ablande y enmiende al ver a un hombre resucitado, que quiera antes tomar a morir que vivir en esta frágil y miserable vida? Mas el corazón del rey estaba tan abrazado con sus vicios y tan encarnizado en sus deshonestidades y crueldades, que todo esto no bastó para reducirle y rendirle a Dios; antes, como era una fiera, se relamía en la sangre inocente de sus súbditos, y como animal inmundo se revolcaba en el cieno de sus torpezas, con notable escándalo de su reino.
EL ALTAR ENSANGRENTADO
PARA curar esta llaga tan encancerada del rey, Estanislao usó al principio de medios suaves y blandos; pero, viendo que todo era en vano, le apartó de la comunión de los fieles mediante la excomunión, con lo cual se endureció más, y, cansado de tantos avisos, dijo:
— Basta ya; hay que hacer desaparecer a este importuno.
La muerte del Santo fue discutida y decretada en consejo secreto. A pesar de las prevenciones tomadas para mantener oculta esta sentencia, fue conocida del pueblo.
Estanislao se alegró inmensamente cuando supo la noticia, pues hacía tiempo que deseaba la palma del martirio.
Sin embargo, el 11 de abril de 1079, día señalado para el crimen, quiso el obispo celebrar la misa en lugar seguro y se retiró a la iglesia de San Miguel, muy venerada por los polacos.
El rey le siguió de cerca con sus sicarios. Cuando llegaron, el obispo había comenzado ya la misa. El tirano aguardó unos instantes a la puerta hasta que terminase, pero Estanislao celebraba más despacio que de costumbre.
Los asesinas se impacientaban y Boleslao envió algunos soldados para que le matasen en el mismo altar. Entraron decididos; pero, apenas llegaron al pie del altar, una fuerza divina los derribó en tierra. No les era posible dar un paso; sólo lograron salir de la iglesia medio arrastrándose con trabajo por el suelo. El rey se resiste a creer lo sucedido. Dos veces más los asesinos intentan cometer el crimen, y otras tantas son derribados.
Por último, el mismo Boleslao se resuelve a cometer al asesinato. Se encamina hacia el altar y mata de una estocada al santo obispo. Ármase luego de un cuchillo y, cogiendo por la cabeza el cuerpo que aun palpita, le corta las orejas, la nariz y las mejillas. Bárbaro hasta lo increíble, lo entrega a la brutalidad de los soldados. Éstos, obedeciendo al monstruo coronado, descuartizan el cuerpo del mártir y tiran los pedazos por el campo.
SEPULTURA MILAGROSA
CUATRO días después, el rey y sus consejeros fueron a visitar el lugar donde habían sido esparcidos los miembros del obispo mártir, creyendo que habrían sido devorados por los perros o las aves. Vieron entonces con asombro que cuatro potentes águilas revolotearon en torno de aquellas reliquias, para defenderlas contra cualquiera que intentase robarlas.
La noche siguiente, algunos cristianos virtuosos vieron sobre cada parte del cuerpo una luz viva y brillante que desde muy lejos se veía. Animados por estos prodigios e indignados por la cobardía de los parientes del santo que no se atrevían a infringir la prohibición de Boleslao, los canónigos de Cracovia, acompañados de algunos seglares, recogieron durante la nochelas reliquias veneradas. Por un nuevo prodigio, que una vez más proclamaba la santidad del obispo, apenas juntaron aquellos preciosos restos, recobró el cuerpo su forma ordinaria, sin que quedase la menor cicatriz tal como si el prelado hubiese muerto de muerte natural.
Fue enterrado en la iglesia de San Miguel. El rey no se atrevió a turbar los funerales con un nuevo crimen. Por lo demás, la hora de la divina usanza había sonado ya. En 1081, mientras todos los polacos bendecían la memoria de San Estanislao, Boleslao, excomulgado y depuesto del trono por el papa Gregorio VII , aborrecido de todos y atormentado por el verdugo cruel de su conciencia, tuvo que huir a Hungría, donde murió en el monasterio de Ossiac, en 1053, después de severa penitencia, que terminó con una muerte dichosa, alcanzada — según dicen— por intercesión de su víctima.
San Gregorio VII mandó a los obispos polacos, que sin su licencia no ungiesen ni coronasen a nadie por rey.
Honró Dios al santo obispo con varios milagros muy notables, y fue canonizado por Inocencio IV, el 17 de septiembre del año 1253, y en 1595, en el pontificado de Clemente VIII, fue inscrito en el martirologio romano, el 1 de mayo. Este mismo Papa mandó que se celebrase con rito doble en la Iglesia católica.
Las reliquias del Santo fueron trasladadas desde el Skalkat — nombre de la colina coronada por la iglesia de San Miguel, cerca de la cual fue asesinado Estanislao— a la catedral de Cracovia, donde se conservan en una magnífica urna de plata colocada en un altar en el centro del crucero.
La cabeza se guarda en un precioso relicario de oro.
EL SANTO DE CADA DÍA
EDELVIVES
