
Hace apenas unos días, la Iglesia recordaba en el canto de los Improperios cuán ingratos hemos sido con nuestro Salvador:
¡Pueblo mío! ¿Qué te hice o en qué te contristé? Respóndeme.
Porque te saqué de la tierra de Egipto, preparaste una Cruz a tu Salvador.
Quizá aún se escuchaba el eco de este triste y conmovedor cántico cuando en algún lugar, la prensa de una maldita imprenta vomitaba unas estampas blasfemas que más tarde se repartirían a estudiantes universitarios.
En efecto, durante una clase en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, Sabina Florio -profesora-, repartiría esas estampas que presentan una imagen blasfema de la Santísima siempre Virgen María con una “oración” satánica en la que se pide por el derecho al aborto.
En la “oración” se pide que se conceda el “derecho a decidir sobre nuestro cuerpo”, se pide “la gracia de no ser vírgenes ni madres”, se pide que se les libre “de la autoridad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para que seamos nosotras las que decidamos por nosotras”.
La blasfema “oración” continúa pidiendo: “ruega porque el poder judicial no haga suyos los mandatos de la Iglesia y ambos nos libren de la misógina opresión”.
En su afán de ofender, quien quiera que sea el autor de esta blasfemia se atreve a parodiar la hermosa oración que nos enseñara nuestro Divino Maestro. Así pues, el texto impreso en las malditas estampas termina:
“Venga a nosotros el derecho a cuestionar si es bendito el fruto de nuestro vientre.
No nos dejes caer en la tentación de no luchar por nuestros derechos.
Y concédenos el milagro de la legalidad del aborto en Argentina.”
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo?
¿Qué puede causar tanta maldad y tanta ceguera? No basta ya el pecado individual, sino que se va en pos del pecado comunitario. No es ya la traición de Judas, sino el incitar a todo el pueblo a que peque clamando:
¡Crucifícale! ¡Crucifícale!
Ante tanta necedad, ¡Señor, perdónanos, que no sabemos lo que hacemos!

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