EN HONOR A LA VERDAD

¿Es el diablo directamente causa de que el hombre peque?
Respuesta
NO
Fundamento teológico
Suma Teológica
Parte Ia-IIæ
Cuestión 80 Artículo 1
Objeciones por las que parece que el diablo es directamente causa de que el hombre peque:
1ª. El pecado consiste directamente en el afecto. Pero Agustín dice en el libro IV De Trinit. que el diablo inspira a su sociedad afectos malignos; y Beda, a propósito de Act 5, 3, dice que el diablo arrastra al alma a afectos malos; e Isidoro, en el libro De summa Bono, dice que el diablo llena los corazones de los hombres de codicias ocultas. Luego el diablo directamente es causa del pecado.
2ª. Dice Jerónimo que, como Dios es el artífice del bien, así el diablo es el autor del mal. Ahora bien, Dios es la causa directa de nuestros bienes; luego el diablo es directamente causa de nuestros pecados.
3ª. En algún capítulo de la Etic. a Eudem. prueba el Filósofo que es necesario que haya un principio extrínseco del consejo humano. Mas el consejo humano no sólo es del bien, sino también del mal. Luego así como Dios mueve al consejo bueno y por ello es directamente causa del bien, así también el diablo mueve al hombre al consejo malo y por ello se sigue que el diablo directamente es causa del pecado.
Contra esto está lo que prueba Agustín, en los libros I 6 y III 7 De lib. arb., que por ninguna otra cosa se hace esclava de la liviandad la mente del hombre si no es por su propia voluntad. Ahora bien; el hombre no se hace esclavo de la liviandad a no ser por el pecado. Luego la causa del pecado no puede ser el diablo, sino la propia voluntad sola.
Respondo que el pecado es un acto.
Por tanto, una cosa puede ser directamente causa del pecado del mismo modo que es directamente causa de un acto. Lo cual a la verdad no acontece sino porque mueve a obrar al principio propio de dicho acto.
Mas el principio propio del acto del pecado es la voluntad, porque todo pecado es voluntario.
De ahí que nada pueda ser directamente causa del pecado a no ser que pueda mover a la voluntad a obrar.
Pero la voluntad puede ser movida por dos cosas:
1ª) por el objeto: así se dice que lo apetecible aprehendido mueve el apetito;
2ª) por aquel que inclina interiormente la voluntad a querer. Mas esto último no es sino la voluntad misma o Dios.
Resta, pues, que por este lado sola la voluntad del hombre es directamente causa de su pecado.
Por parte del objeto se puede entender triplemente que una cosa mueva a la voluntad.
1º) El objeto mismo propuesto; así decimos que el alimento excita el deseo de comer;
2º) el que propone u ofrece dicho objeto;
3º) el que persuade que el objeto propuesto tiene su razón de bueno; pues también éste de alguna manera propone a la voluntad su objeto, que es el bien de la razón, verdadero o aparente.
Así, pues, del modo primero mueven a pecar a la voluntad las cosas sensibles, que aparecen al exterior; mas del segundo y tercer modo pueden incitar a pecar el diablo o el hombre, ya ofreciendo algo apetecible a los sentidos, ya persuadiendo a la razón.
Sin embargo, por ninguno de estos tres modos puede ser algo causa directa del pecado: porque la voluntad no es movida necesariamente por ningún objeto, si no es por el último fin.
De ahí que no sean causa suficiente del pecado ni la cosa externamente ofrecida, ni el que la presenta ni el que la persuade.
Por donde se sigue que el diablo no es causa del pecado ni directa ni suficientemente; sino sólo en cuanto que persuade o propone lo apetecible.
Respuesta a las objeciones:
1ª. Todas esas autoridades y otras parecidas que pudieran encontrarse, hay que referirlas al hecho de que el diablo induce al afecto pecaminoso por sugestión o proponiendo alguna cosa apetecible.
2ª. Dicha comparación hay que entenderla en el sentido de que el diablo de algún modo es causa de nuestros pecados, como Dios es de algún modo causa de nuestras buenas obras. Sin embargo, no se entiende en cuanto al modo de causar: pues Dios causa las buenas obras moviendo interiormente la voluntad, cosa que no puede decirse del diablo.
3ª. Dios es el principio universal de todos los movimientos del hombre; mas que la voluntad humana se determine a un designio malo, esto, a la verdad, es cuestión de la voluntad; y del diablo sólo como persuasor o presentador de lo apetecible.
De un total de 183 respuestas:
53 contestaron SI – 28.96%
125 contestaron NO – 68.31%
5 contestaron OTROS – 2.73%
Según esta estadística la mayoría contestó correctamente
Insistimos en la importancia de conocer la doctrina de nuestra Iglesia para conservar intacta nuestra fe como nos ha sido mandado por Nuestro Señor y, de esta manera, no correr el riesgo de ser engañados por los errores, que pueden llevarnos a una eternidad sin Dios.
