“DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN. ORACIÓN DE MARÍA MAGDALENA”
Juan F. Cafferata.
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La de María Magdalena, es la más breve de las oraciones de la Biblia.
Una sola palabra, pero una palabra que pronunciada en aquel momento y como respuesta al llamado del Maestro, tiene un significado excepcional. Es el primero testimonio y la primera afirmación de la Resurrección.
“El primer día de la semana, al amanecer, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada de él la piedra”.
Convencida de que el cuerpo del Señor había sido robado, corrió a manifestar su temor a los apóstoles. Vuelta al sepulcro, “Vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde estuvo colocado el cuerpo de Jesús”.
Y lloró y como vio que a su lado estaba alguien de pie, creyendo fuese el hortelano lo interrogó: “Señor – le dijo – si tú le has quitado, dime donde le pusiste y yo me lo llevaré”.
Entonces, “dícele Jesús: María”.
Y al instante “volviese ella y le dijo: Rabboni – que quiere decir Maestro –“.
Es de imaginar el asombro de María Magdalena y como sonaría en sus oídos la voz de Jesús. Pocas horas antes, en la tarde del viernes, lo había visto crucificado y agonizante en el Calvario, clamando con infinita congoja: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”. Ahora volvía a oír la voz amiga, con el mismo acento familiar con que la llamaba en la casa de Betania.
“- Rabboni”. Responde. Esa sola palabra es como decirle: Señor, Maestro. Creo que eres Vos mismo, el Cristo, Hijo de Dios vivo. Que moriste en la cruz y que has resucitado según las Escrituras. Creo en Vos Señor. Te amo con todo mi corazón y sobre todas las cosas.

