POESÍAS: LOPE DE VEGA: A LA ORACIÓN DEL HUERTO

A LA ORACIÓN DEL HUERTO

 pasion-de-cristo-huerto-de-los-olivos (1)

Lope de Vega

Hincado está de rodillas

a su Eterno Padre inmenso

el que a su diestra sentado

juzgará a los vivos y muertos.

O

Como ha de morir en monte,

en el monte está el Cordero,

para ver, pues dio la hostia,

el cáliz donde le ha puesto.

O

A las palabras que dice,

las peñas se estremecieron,

que apenas de Dios las peñas

saben hacer sentimiento.

O

De ver a Dios de rodillas

se está deshaciendo el suelo,

aunque a los rayos del Padre

se huelga de verle en medio.

O

Si dice Dios que su alma

tristeza está padeciendo,

¿Cómo ha de haber cosa alegre

en la tierra ni en el cielo?

O

Que para verificarse

que era hombre verdadero,

fue menester que su carne

tuviese a la muerte miedo.

O

Al fervor de la oración

sudó sangre todo el cuerpo,

que sus delicados poros

quedaron todos abiertos.

O

Aquel bálsamo precioso

cogió la tierra en su seno,

que como es su hijo el hombre,

quiere guardar su remedio.

O

Echóse en la tierra Cristo,

su rostro le deja impreso,

que es de amantes dar retratos

cuando se están despidiendo.

O

Al Padre vuelve la espalda,

para que en sus hombros tiernos

den los rayos de su ira

no al suelo que está cubriendo.

O

En fin, volviendo la cara,

de su mismo Padre espejo,

movió el cielo con la voz

a lástima y a silencio.

O

Pase este cáliz de mí,

si es posible, Padre eterno;

mas no se haga la mía,

tu voluntad obedezco.

O

Crecieron tanto las ansias,

que fue menester que luego,

rompiendo un ángel los aires,

bajase a darle consuelo.

O

¡Ay Jesús de mis entrañas,

cómo habéis venido a tiempo

que os consuelen, siendo Dios,

las criaturas que habéis hecho!

O

¿Adónde estáis, Virgen pura,

que a vuestra falta los cielos

un ángel a Cristo envían?

Llegad y esforzadle presto.

O

Decidle: Dulce Hijo mío,

cuando ayunasteis, vinieron

mil ángeles a esforzaros

con soberano sustento.

O

Cuando nacisteis, bajaron

dos mil ejércitos bellos;

y cuando vais a morir,

uno solo viene a veros.

O

Limpiadle, Virgen piadosa,

la sangre con los cabellos;

y pues le deja su Padre,

vea a su Madre a lo menos.

O

Id vos con ella, alma mía,

entrad también en el huerto,

no sospeche que os quedáis

con el que viene a prenderlo.

O

Decidle: Dulce Jesús,

aquí estoy al lado vuestro,

para padecer con vos,

no para negaros luego.

O

Vamonos presos los dos,

pues vais por mis deudas preso:

cinco mil son los azotes;

muchos son, partir podemos.