COLOQUIO ENTRE CRISTO Y LA CANANEA

JUEVES DE LA PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

San Mateo 15: 21-28

Saliendo de allí, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.» Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.» Respondió Él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.» Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!» Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.» «Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.» Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

COLOQUIO ENTRE CRISTO Y LA CANANEA

Alonso de Bonilla

(1562-1623)

― No me persigas más, mujer, detente,

que es excusado que mercedes pida

alma que está del gremio dividida,

de la Ley de mi Padre omnipotente.

Ni la justicia admite ni consiente

dar al ingrato can pasto y comida

del pan, cuya substancia es preferida

al hijo propio, grato y obediente.

― Si soy perra, Señor, curad mi rabia,

pues sois Salvador en quien se encierra

gracia inmortal, de que hacéis barato.

No me agraviáis (que la verdad no agravia),

antes me engrandecéis, que, si soy perra,

bien os podré sacar por el olfato.