MONS. OLGIATI: LA PIEDAD CRISTIANA – VII – EL DÍA DE RETIRO

Monseñor FRANCISCO OLGIATI

LA PIEDAD CRISTIANA

SEGUNDA PARTE

LAS PRÁCTICAS DE PIEDAD

Continuación…

OLGIATI-PIEDADVII

EL DÍA DE RETIRO

En la Historia de un alma, la Santa de Lisieux nos describe su edad infantil y su cándido corazón de niña pequeña.

A los cuatro años murió la mamá, y desde entonces su hermana Paulina fue su madre. De noche, cuando la acostaba, Teresita preguntaba invariablemente a su hermana: «¿Me porté bien hoy? ¿El Señor está contento de mí? ¿Volarán los ángeles a mi alrededor?»

Sonreímos conmovidos ante la ingenua frescura de aquella niña destinada a grandes cosas. Pero su pregunta: «¿El Señor está contento de mí?» no puede dejar de impresionarnos. Más que a los primeros albores de una vida, resplandeciente de inocencia, la debemos dirigir a nosotros mismos, de cuando en cuando, porque, en su simplicidad, encierra la única duda que nos puede desazonar. Sumergidos en el trabajo, absorbidos por las preocupaciones diarias, amargados por los asaltos, las tentaciones y contrastes, por las insidias y las disipaciones, cansados y fatigados, sentimos la necesidad de seguir la voz del buen Maestro, que como un día a sus Apóstoles, nos dice: —Descansad un poco; requiescite pusillum.

¿Qué son los días de Retiro que muchos hacen mensualmente, sino un reposo espiritual, en el que se estudia el estado de la propia conciencia, se examinan los defectos y los progresos, se renueva el coraje para proseguir en el camino a menudo doloroso que se ha de andar y se pregunta: «El Señor está contento de mí»? Quien no desea ser «una caña agitada por el viento»; quien «no quiere poner la mano en el arado» y luego mirar atrás; quien desea renovar de cuando en cuando las fuerzas del alma, ama el Retiro que debe ser considerado como un coloquio con Jesús.

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RETIROS INDIVIDUALES

El más hermoso ideal sería un Retiro concebido como continuación y aplicación de los Ejercicios Espirituales, y practicado en el silencio de una Casa Religiosa.

Se obtendría, en efecto, la verdadera unificación de nuestra vida espiritual, si habiendo salido de una tanda de Ejercicios con un programa que cumplir, nos apartásemos lejos del mundo para reflexionar algunos de los aspectos de nuestros propósitos, de manera que tendamos a una gradual y progresiva realización de los mismos.

Mas esto será muchas veces difícil y no siempre posible. Por lo tanto, es indispensable que cada día de retiro:

1º — Tenga algo orgánico en sí, o sea que desarrolle y profundice una única idea, y a su luz escrute la propia vida, en función de las propias luchas espirituales (éste es el secreto del éxito inesperado y sorprendente que tuvo la iniciativa de la Obra de la Realeza de Cristo con su Sanctificatio nostra, o sea con la guía para el retiro mensual de los sacerdotes).

Las almas anhelan la unidad organizadora, y por el contrario, se sienten molestas frente a la desconectada variedad de pensamientos y temas.

2º — Que el día de retiro haya pasado, aunque sea en nuestra propia casa, en una íntima unión con Dios. Si esto es deseable otros días, cuánto más debe considerársele un deber en el día que mensualmente ofrecemos al Señor. El venite seorsum in desertum locum nos es dicho también a nosotros en tal ocasión.

Debemos sentirnos una sola cosa con Aquél que imploró del Padre: «Ut unum sint!» «¡Que sean una sola cosa conmigo, como yo y Tú, oh Padre, somos Uno!» Por lo tanto, la noche precedente al día del retiro, es necesario:

1º) Determinar el tema; preparar el libro o libros necesarios, si es posible de acuerdo con el propio Director Espiritual; orientar la propia mente de modo que al día siguiente no se ande a tientas.

2º) Disponer la propia voluntad con actos de amor hacia Cristo Nuestro Señor, e ir a descansar con el alma cristianamente tranquila, en la serenidad de Cristo, alegres ante el día que nos espera y que pasaremos en su compañía.

Entonces, repito, un solo concepto deberá unificar el hermoso día.

1. — Las meditaciones nos invitarán a adueñarnos cada vez más de una verdad. Leeremos, reflexionaremos y no es de condenar el método seguido por el Cardenal Newman, de meditar con la pluma en la mano. Jesús, Nuestro Maestro, está cerca; está en nuestro corazón y nos enseña. Escuchemos atentamente para recoger su palabra; escribamos, sintetizando y precisando las ideas.

Y esto con calma, con mucha paz, como conviene a quien piensa y ora con el Rey de la paz. Acaso —como recuerdan Las Fuentes de Gratry—, ¿no obraba así San Agustín? El libro de los Soliloquios recomienda en sus primeras líneas:

«Pide fuerzas y luego ayuda para encontrar lo que buscas, después escríbelo, para que esta creación de tu corazón te reanime y te haga fuerte. Escribe sólo los resultados, y con pocas palabras. No pienses en la muchedumbre que podrá leer esas páginas; alguno sabrá comprenderlas».

El mismo Jesús en el día del retiro ilumina la inteligencia con el rayo de su sol y toca las cuerdas de nuestro corazón, como si fuese un arpa; ajusta la cuerda que estaba floja, modera la que da sonidos excesivamente agudos. Casi exclamaríamos: «¡Levántate, oh lira de mi alma! Exsurge, psalterium et cithara!», para que pulse el divino artista.

«Symphonialis est anima, el alma está llena de música»: así hablaba una santa de la Edad Media.

También lo dice el libro de la Imitación. Cuando el alma se recoge y comienza a percibir algo de Dios y la inundan la paz y la alegría, sucede justamente lo que dice Gerson: «Si tú, Señor, das paz, si infundes el gozo santo, el alma de tu siervo se llenará de melodía. Si das pacem, si gaudium sanctum infundes, erit anima servi tui plena modulatione«.

Así debe estar nuestro corazón en un día de retiro.

2. — No puede faltar —y será uno de los momentos esenciales del día— el examen de conciencia mensual, con relación a los propósitos hechos durante los Ejercicios y en nuestro programa especial del mes.

Y será útil hacer en uno de los días siguientes la Confesión mensual y si es posible contar todo al Director Espiritual, a fin de que Juzgue nuestros adelantos y retrocesos.

Naturalmente que tal examen no puede limitarse a lo negativo de deplorar las deficiencias, sino que debe, y es lo que más importa, preocuparse de lo positivo de la cuestión, formulando el plan de batalla para el próximo mes. De esta manera las meditaciones, el examen de conciencia y la vida serán organizados juntamente y constituirán un solo todo, fuerte y vigoroso.

3. — Finalmente, nunca se termine un día de retiro sin el pensamiento de la muerte y sin la oración preparatoria para ella.

Mientras Sócrates estaba en la prisión —observa Gratry— durante los días que lo separaban de la muerte, el oráculo le imponía un trabajo:

«cuando le dijo aquella frase, que no sabemos traducir bien: No te preocupes más que de la música, frase que quiere significar que es necesario terminar la vida en una sagrada armonía.

Pero estas hermosuras del atardecer de la vida no son sino ilusiones para la mayoría de los hombres; y para casi todos la realidad es bien distinta. La vida entera no puede terminar en una armonía sagrada, en un santo y fecundo reposo, lleno de gérmenes que la muerte debe hacer germinar para el otro mundo, sino cuando cada uno de nuestros días han sabido terminar con un sagrado reposo; porque el otoño de la vida no recoge sino lo que cada día ha sembrado».

Quisiera que esto se reflexionase en cada Retiro Espiritual. Para que un día nuestra muerte esté circundada por las resonantes notas de la esperanza inmortal y del amor, es útil inclinar nuestra cabeza al final de las meditaciones sobre el Corazón de Cristo, para preguntarnos si nuestra vida es verdaderamente un canto, que merezca terminar un día con sus divinas palabras: «In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum».

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2

RETIROS COLECTIVOS

Hoy se va difundiendo la piadosa y útil costumbre de las fórmulas de retiro para laicos; sobre todo, para los socios de nuestras asociaciones de Acción Católica.

Muchas veces son preparadas con descuido. Participa un gran número de elementos de formación espiritual y de cultura muy dispares; y no es raro que concurran oves et boves et universa pecora campi, dando la impresión de un arca de Noé; donde parece no faltar ninguna especie de animales feroces.

Hay que organizar estas Jornadas:

1) Con grupos selectos, si es posible ya preparados en alguna tanda de Ejercicios. Cuando los congregados pasan de cierto número, muy poco fruto se obtiene prácticamente;

2) En una Casa religiosa adecuada, o sea, aislada y tranquila;

3) Con una disciplina férrea, en lo referente al silencio, la puntualidad en la llegada y la observancia del horario;

4) Con sermones que desarrollen un solo pensamiento durante la Jornada entera procurando hacerlo asimilar.

Cuando se observan tales normas, la cosecha es copiosa y confortante. Las almas, por ejemplo, que se consagran a la propaganda en la Acción Católica, tienen una viva necesidad de tales Retiros y sienten luego el más benéfico influjo.

Tuvo un óptimo éxito en muchos lugares el Día de la Confesión, o sea, un retiro con un solo tema: La Confesión y las propias Confesiones.

Preparadas con homogeneidad de personas en un ambiente cerrado, con oraciones por parte de Comunidades religiosas, según las sugerencias de Monseñor Bignamini, que realizó muy agradables experiencias a este respecto, puede desarrollarse así:

1) Los jóvenes deben encontrarse en el lugar a las ocho o nueve de la mañana; los recibe el sacerdote que dirige (no el que predica) el retiro. Una vez llegados todos, el director da algunos avisos para la buena marcha del retiro y recomienda absoluto silencio.

2) Se comienza con la Misa, acompañada de cantos y oraciones en común.

3) Apenas terminado el Santo Sacrificio, el predicador pronuncia un sermón de tesis (un novísimo o el comentario de una página evangélica), esforzándose por inducir al joven a encontrarse a sí mismo, a conocer el estado actual de su alma, y a concebir el vivo deseo de un mejoramiento espiritual y de un acercamiento más íntimo a Dios.

4) Al primer sermón se hace seguir un instante de reflexión en la Iglesia y luego una media hora de descanso (en silencio) al aire libre.

5) Hacia las once, los jóvenes vuelven a la Iglesia, cantando las estrofas de algún cántico a la Virgen y escuchan el segundo sermón. Éste debe versar sobre la Confesión, tratada en forma genérica. Excitar la fe en la grandeza de este Sacramento… Su institución divina… Sus íntimas relaciones con las necesidades de nuestros pobres corazones. Efectos maravillosos que produce en las almas… Cómo puede ser la confesión: ordinaria, extraordinaria, general…

Exhortar a una confesión general, especialmente si nunca se hubiera hecho en la vida… Una mirada a las confesiones pasadas… Excitar a una buena Confesión que marque el principio de una nueva vida, más prácticamente cristiana… Inducir a los jóvenes a elegir un confesor y a manifestarse con constancia, claridad, gran confianza, etcétera, etcétera…

6) A las 13.30, previo el canto de un himno sacro, tiene lugar el tercer sermón. En él, se debe hablar de los defectos que anulan o hacen sacrílegas las confesiones de los jóvenes; de las disposiciones necesarias para recibir con fruto este Sacramento, insistiendo, en modo especialísimo, sobre el dolor y la sinceridad.

7) Terminada esta instrucción práctica, se inician las Confesiones. Éstas se pueden diferir unas horas.

Se regula la afluencia a los confesonarios, procurando que cada uno se confiese con devoción y comodidad.

Durante este tiempo, los jóvenes ya confesados o que esperan su turno, se toman un descanso y rezan el Via Crucis.

8) Terminadas las confesiones, los jóvenes se reúnen en la Iglesia por última vez y se les dirige una exhortación, sugiriendo, como medio de perseverancia, en las resoluciones tomadas, la Confesión frecuente y la dirección espiritual.

Se termina el día con la Bendición Eucarística.

Semejante retiro se torna eficacísimo especialmente para los jóvenes.

«Todo aquél que sepa —dice Monseñor Bignamini— cuánto colabora la Confesión para formar íntimamente a un joven y que no ignore las mil astucias usadas por Satanás para transformar en veneno una poderosa medicina y maravilloso reconstituyente, ayudados por la caridad infinita de Dios en la fragilidad, en las debilidades, en las inconstancias de las almas juveniles, reconocerá, sin cansancio, la preciosidad de aquella providencial y saludable iniciativa y se dedicará a propagarla con entusiasmo y pasión.

El más eficaz y conmovedor panegírico de este día es —para mí— la vivísima y plena alegría que se encuentra en los jóvenes que han tenido la gracia de participar… Son las cálidas lágrimas de reconocimiento con que los jóvenes bendecían al Señor mientras se acercaban, quizás como nunca lo hicieron, al Sacramento que eleva, que sana, que resucita, que anima, que ilumina, que multiplica las energías para el bien, que concede la tranquilidad y la paz».

Hoy, tal iniciativa, en algunas diócesis, como en Vicenza, se ha extendido a los hombres y ha resultado providencial.

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RETIROS MÍNIMOS

Finalmente debo referirme brevemente a los Retiros mínimos que son una forma especial de las Jornadas de Retiro.

Recomendando, para una amplia exposición detallada, fruto de años de experiencia, un estudio de Fr. Alessandro Alessandrini, solamente diremos que tales retiros son una especie de Ejercicios Espirituales reducidos a términos mínimos por su duración, por el número de participantes, por la limitación del tema tratado, si bien aspiran a una intensidad y a resultados máximos.

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio —observa Fr. Alessandrini— tendrían que durar treinta días. Sin embargo, ¿cuántos son los que pueden, hoy día, hacer los Ejercicios en toda su integridad? ¿Quién consigue, hoy día, dedicar un mes entero al problema sumo de la propia salvación, a la organización estable de la propia vida espiritual? Los Ejercicios están reducidos a ocho, cinco, o tres días, para adaptarse a las exigencias de la época; pero con tan excesiva reducción se atenúan sus características y se disminuye su eficacia. La maravillosa evolución psicológica que acompaña el desarrollo de los Ejercicios exige necesariamente un tiempo conveniente.

Pero, a pesar de que hoy el ritmo de la vida anda más rápidamente, un proceso que en la mente del autor, iluminado por Dios, debe naturalmente durar treinta días, no puede ser reducido a tres días sin perder su eficacia.

Los Ejercicios Espirituales, si han de ser hechos integralmente y con la conveniente seriedad, exigen por lo mismo tiempo y no pueden por consiguiente representar más que un medio de reconstitución extraordinaria. Y nosotros en cambio tenemos necesidad de una reconstitución frecuente; especialmente tenemos necesidad para nuestros católicos de una metódica y ordinaria formación religiosa, formación que sin embargo hizo falta o fue insuficiente.

Es necesario pues, cuando no son posibles los Ejercicios, arbitrar un equivalente que conserve el espíritu, aunque adaptándolo a las nuevas contingencias. En los Ejercicios encontramos como características el recogimiento, la oración, el examen, la meditación, el todo regulado en un orden lógico y maravilloso. Y cualquier Retiro debe conservar las mismas características, aun reduciendo el tiempo a sus mínimos términos.

Hoy, los Retiros, para que sean fácil y frecuentemente accesibles, deben ser mínimos, deben coincidir con el descanso semanal, haciéndose desde el sábado al anochecer, al lunes de mañana temprano, de manera que pueda conciliarse con cualquier ocupación o profesión. Tal reducción en el plan lógico del tiempo exige naturalmente una reducción en el plan lógico de los Ejercicios. Por consiguiente, la actividad del retiro deberá girar sobre un solo tema fundamental de la vida cristiana y no sobre el desarrollo completo de las tres fases de la vía purgativa, iluminativa y unitiva.

Ese tema puede ser el fin del hombre, la oración, la meditación, o aun más limitadamente, la presencia de Dios, cuando se trate de almas ya formadas en la oración y la meditación. Podrán ser, por ejemplo, la voluntad humana en sus relaciones con la gracia divina; una virtud fundamental, como la humildad, la mortificación, la fortaleza cristiana, la constancia, etc.; o bien: el apostolado, la Eucaristía, la devoción a la Santísima Virgen. Es necesario limitar la extensión del campo para conseguir una mayor profundidad y eficacia.

La elección del tema del retiro debe hacerse naturalmente en base a la calidad de los participantes.

Si se trata de personas que tienen necesidad de ser arrancadas de su sopor espiritual, se tomará como argumento uno de los novísimos; si se trata de personas bien dispuestas, deseosas de formarse en la vida interior, se elegirá un punto relativo a la oración, a la vida de unión, a las virtudes cristianas; si se trata de laicos dedicados a la propaganda católica, podrá considerarse el apostolado en general, o las virtudes especiales del apostolado. Aun manteniendo el mismo argumento, se lo puede adaptar a las condiciones especiales de los participantes. La oración, el apostolado serán considerados en forma diferente ante un grupo de jóvenes de mediocre cultura que ante un grupo de profesionales cultos.

Ésta es otra característica de los «Retiros mínimos», o sea la de dirigirse sólo a un grupo homogéneo de participantes: homogéneo por la edad, por las condiciones sociales y culturales, por la vida espiritual. Tales condiciones conducen necesariamente a una limitación en el número de participantes: de 10 a 20, no más; pero aumenta extraordinariamente la eficacia de las instrucciones con la perfecta adaptación a las disposiciones de cada uno.

Para la realización de semejante programa, es necesario:

1º) Una Casa Religiosa, —con un número suficiente de aposentos para los participantes— en la cual desde el sábado por la tarde hasta el lunes por la mañana se pueda desarrollar el Retiro con el recogimiento necesario.

2º) Un sacerdote, que predique, y una persona, que puede no ser sacerdote, que provea a las instrucciones.

En el sermón se expone la doctrina; en las instrucciones se aplica la doctrina a la vida práctica.

Naturalmente que el predicador y el instructor deben estar de acuerdo y proceder armónicamente.

3º) La unidad del argumento que se ha de profundizar; la homogeneidad de los participantes (por su edad, cultura, etc.), la regularidad en el horario.

Los Retiros mínimos son, sin duda, un medio práctico muy indicado para la formación en la vida interior.

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CONCLUSIÓN

Si sobre estas páginas posaran su vista algunos que ignoran, por falta de experiencia vivida, cuál es la vida religiosa actual de muchos que viven en el mundo, sospecharían que mi cerebro no funciona regularmente.

En cambio, aquéllos —entre las personas del laicado— que practican las Jornadas de Retiro, las aman y, después de haber iniciado las primeras pruebas, no hay peligro de que se les ocurra renunciar a los mismos.

Entre tanta superficialidad se va imponiendo la idea de la necesidad del silencio interior, más elocuente y expresivo que cualquier discurso.

Hoy se habla demasiado. Digamos mejor: se charla demasiado. Para escuchar al Divino Maestro —concluiré yo también con Gratry:

«es necesario callar», hay que recogerse. ¿Quién en medio de los hombres… sabe permanecer en silencio? La mayor parte de los hombres, especialmente estudiosos, no dispone de una media hora diaria de silencio. Y cuando el Apocalipsis dice: «Y se hizo en el cielo un silencio de una media hora», yo creo que el texto sagrado revela un hecho muy raro en el cielo de las almas. Durante todo el día, el hombre de estudio (y lo mismo —podemos añadir— las personas de negocios) escucha a los hombres que hablan o habla él mismo, y cuando parece estar solo y en silencio, hace hablar a los libros con la extraordinaria volubilidad de la mirada y devora en pocos instantes largos discursos. Su soledad está poblada, asediada, molestada, no sólo por los amigos de su inteligencia y por los grandes escritores, cuyas palabras recoge, sino por una multitud de desconocidos, de inútiles charlatanes y de libros que no son más que verdaderos estorbos. Más aun, este hombre que cree querer pensar y llegar a la luz, permite a la turbadora de todos los silencios, a la profanadora de todas las soledades, a la prensa cotidiana, que vaya a robarle cada mañana la parte más pura de su tiempo… robado para la vida de la chismografía cotidiana. Creedme cuando os digo que un espíritu que trabaja en esta forma nunca aprenderá nada, o poca cosa, precisamente por la razón de que hay un solo Maestro, que este Maestro está en nosotros, y que es necesario escucharlo para entenderlo, y callar para escucharlo».

Continuará…