OSKO: BERGOGLIO CONTRA CRISTO REY

Dialéctica Revolucionaria en Santa Marta

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¿Ambigüedades?… Por supuesto y, por todas partes. Sin embargo, sin ellas, Bergoglio se ha referido varias veces al CLERICALISMO, para condenarlo. Pues bien, ¿a qué se refiere «Su Vacuidad» con «clericalismo»? Definir con claridad de qué se trata, es la diferencia entre separarse de un hereje, o permanecer en comunión con él y su herejía.

La Iglesia Católica manda separarse de los herejes, pero para poder hacerlo hay que saber reconocerlos, y para reconocerlos hay que saber cómo hacerlo.

En sus ya clásicos sermoncetes matutinos en la Casa Santa Marta, Bergoglio muestra sus credenciales gota a gota. Es por ello que procuramos seguirlos. Bergoglio sabe de la repercusión de esos breves sermones y los utiliza bien y sistemáticamente.

Pueden preguntarse los lectores si no es algo exagerado esto de que Bergoglio va contra CRISTO REY, pero eso lo veremos con la lectura de la Encíclica QUAS PRIMAS del Papa PÍO XI.

Invitamos a que vuelvan a hacerse la misma pregunta al finalizar este escrito.

¿QUÉ ES EL CLERICALISMO?

Esto es lo que dice del clericalismo la concepción revolucionaria:

«El clericalismo es una conducta política que puede manifestar el clero de una religión, en un estado laico, para tratar de favorecer sus intereses institucionales y materiales e incrementar su poder. Es (como el militarismo) una manifestación de la politización excesiva de las fuerzas sociales (en este caso, de las fuerzas de las organizaciones religiosas), consecuencia de un bajo nivel de institucionalización política. Generalmente va acompañado de una actitud de hostilidad y rechazo hacia el estado laico, el cual aparece como promotor de la pérdida de posiciones de prestigio y hábitos tradicionales.»

«En parte gracias a la labor de la Reforma protestante y a la de los filósofos del Humanismo, del Racionalismo, del Empirismo y de la Ilustración, el clericalismo y la inquisición fueron desapareciendo progresivamente de las diversas naciones de Europa y la libertad de pensamiento fue esparciéndose contra las doctrinas ultramontanas del Clericalismo, que asumían el Papa y la Compañía de Jesús principalmente, y que se mostraban poco beneficiosas para la naciente burguesía desde un punto de vista meramente económico al no permitir desamortizaciones de los improductivos bienes de manos muertas que representaban las enormes riquezas en poder de la Iglesia Cristiana. Los jesuitas fueron expulsados de diversas naciones europeas en el siglo XVIII y la enseñanza se secularizó poco a poco desde la Revolución francesa (1789) a través de diversas revoluciones burguesas (1820, 1830, 1848).»

Esta es la posición real de quienes combaten el clericalismo:

El anticlericalismo sostiene que las creencias religiosas pertenecen al ámbito exclusivamente privado del ciudadano, por lo que las organizaciones que las sustentan, al formarse como instituciones, ejercen influencias intolerantes y, por tanto, indeseables, política y públicamente, en el conjunto social. Surge como respuesta a la existencia de un clericalismo integrista o poder teocrático sustentado por una casta sacerdotal.

También se denomina como anticlericales a quienes, aun manteniendo creencias religiosas, cuestionan el papel de mediador que ejerce el clero en la profesión de fe.

En un sentido estricto, el anticlericalismo es un laicismo combatiente y activo que trata de mantener dentro del ámbito o esfera personal e individual toda convicción religiosa. Las derivaciones de este pensamiento han sido muchas: en unos casos el movimiento anticlerical ha ido acompañado de actos violentos contra edificios o arte religioso (iconoclastia) o contra las personas; en otros, por el contrario, ha tenido un contenido más intelectual y político y ha sido asumido por humanistas como Erasmo, ilustrados como Voltaire, filósofos como Friedrich Nietzsche, hijo de un clérigo protestante, por ideologías como la francmasonería, el liberalismo, el anarquismo y el comunismo y por las filosofías materialista, epicúrea, empírica, ilustrada, nihilista y pesimista.

Y esto es lo que enseñan los modernistas que usurpan hoy los cargos eclesiásticos:

El clericalismo moderno renació en Italia cuando el papa Pío IX (1846-1878) promulgó su Syllabus (1864) considerándose prisionero del recién nacido estado italiano; en él condenaba todo aspecto del Liberalismo y del Modernismo dando vida a los movimientos del Catolicismo intransigente que rechazaban reconocer el nuevo Reino de Italia. La iglesia católica, refractaria a constatar su real pérdida de prestigio ideológico y de poder en este mundo (el llamado «poder temporal»), reaccionó cerrándose en una doctrina integrista, ultramontana y fundamentalista y defendiendo doctrinas políticas ultraconservadoras en distintos países como el Carlismo en España; entre otras cosas, eso provocó la ejecución del arzobispo de París Georges Darboy por la Comuna el 24 de mayo de 1871. Con la encíclica Rerum novarum («Sobre las nuevas cosas») del papa León XIII (1891), la iglesia católica mostraba su poco entusiasmo por la democracia y afirmaba que las clases y la desigualdad constituyen rasgos inalterables de la condición humana, como son los derechos de propiedad. Abominaba en este escrito por igual del capitalismo y del socialismo, y creó con ello una tercera vía de la que nació una doctrina política integrista que inspiró los partidos de la Democracia Cristiana y los llamados Sindicatos católicos, al lado de otros movimientos reaccionarios como el Realismo o la Acción Católica en Francia; con todos estos órganos los eclesiásticos podían así influir en la sociedad. Al estallar la Guerra Civil en España, los clericales de toda Europa sin excepción apoyaron a Francisco Franco, con la única excepción del filósofo Jacques Maritain.

Esto es lo que dice Bergoglio (16-12-2013; sermoncete en Santa Marta):

«El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la tiene viva, la recuerda, la repite. Luego mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a alzarse, a continuar el camino hacia el futuro. El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado; contemplación del presente; coraje para indicar el camino hacia el futuro. Y el Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los cuales el Pueblo estaba desalentado o destruido, cuando no había Templo, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero Señor tú nos has prometido esto! Y ahora ¿qué pasa?'».

«Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que esto deja es ocupado por el clericalismo: es precisamente este clericalismo que interpela a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’. Y la memoria de la promesa y la esperanza de ir adelante se reducen sólo al presente: en el pasado, ni futuro de esperanza. El presente es legal: si es legal vas adelante».

«Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos a la Navidad del Señor, sea: ‘¡Señor, que en tu pueblo no falten los profetas!’. Todos nosotros bautizados somos profetas. ‘Señor, que no olvidemos tu promesa! ¡Que no nos cansemos de ir adelante! ¡Que no nos cerremos en las legalidades que cierran las puertas! Señor, libra a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’«.

ESTA ES LA REALIDAD:

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Lema de la República francesa sobre el tímpano de la iglesia de Aups, en Francia. Fue colocado en 1905 con motivo de la aprobación de la ley francesa de separación de las Iglesias y el Estado. La iglesia sigue abierta al culto y es regentada por la Iglesia Católica, mientras que el ayuntamiento de Aups, como propietario del edificio, asume su conservación y mantenimiento conjuntamente con el Estado.

Y ESTA ES LA DOCTRINA DE LA IGLESIA:

CARTA ENCÍCLICA

QUAS PRIMAS

DEL SUMO PONTÍFICE

PÍO XI

SOBRE LA FIESTA DE CRISTO REY

CONTRA EL MODERNO LAICISMO

23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

24. Los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo, los hemos lamentado ya en nuestra encíclica Ubi arcano, y los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todavía, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien público y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado egoísmo, sólo atento a sus particulares provechos y comodidades y midiéndolo todo por ellas; destruida de raíz la paz doméstica por el olvido y la relajación de los deberes familiares; rota la unión y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad.

CONCLUSIONES GENERALES:

Basta con tan sólo dos parágrafos de una de las Encíclicas Papales que integran el Magisterio Infalible de la Iglesia Católica para demostrar la HETERODOXIA de las enseñanzas bergoglianas.

Hemos elegido este fragmento por provenir precisamente de aquella Encíclica con la cual el Papa PIO XI se explaya sobre la Festividad de CRISTO REY.

La FE no cambia; la FE no muta; la FE no evoluciona.

El cambio, las mutaciones y la evolución no son otra cosa que premisas REVOLUCIONARIAS, que provocan los «cambios de estructuras» tan caros a los sentimientos Revolucionarios.

En su maridaje con la REVOLUCIÓN, los clérigos se convirtieron en ANTICLERICALES; las sociedades en LAICISTAS, y el REY DE REYES fue reducido al estrecho y miserable establo de las cuestiones privadas y de conciencia.

Los estados APOSTATARON, porque precisamente de eso se trata la apostasía: LA PROSCRIPCIÓN DE DIOS DE LA VIDA PÚBLICA.

ROMA APOSTATÓ, porque finalmente, después del Concilio Vaticano II, adhirió a los postulados REVOLUCIONARIOS, entre ellos, el LAICISMO ANTICLERICAL, que no significa otra cosa que LIBERTAD RELIGIOSA y LIBERTAD DE CONCIENCIA, que son dos entre otras muchas LIBERTADES DE PERDICIÓN.

CONCLUSIONES PARTICULARES:

El CLERICALISMO que rechaza Bergoglio es el mismo que aquel que rechaza la REVOLUCIÓN. La Revolución hizo que los estados, a medida que fueron conquistados por ella, profiriesen aquel grito de: «NO QUEREMOS QUE ÉL REINE». El proceso Revolucionario, muy lejos de haberse detenido, continúa avanzando.

La cuestión no admite interpretaciones. No se pretenda que el clericalismo que critica Bergoglio es aquel del que hablaba, entre otros, el P. Leonardo Castellani, porque eso es una flagrante mentira. El anticlericalismo de Bergoglio es de corte netamente revolucionario.

El proceso Revolucionario ES LAICISTA y por lo tanto ejerce una completa y total oposición a CRISTO REY.

Bergoglio contradice la Encíclica QUAS PRIMAS del Papa PÍO XI. Esta Encíclica forma parte del Magisterio Infalible de la Santa Iglesia, por lo tanto Bergoglio enseña y predica implícita y explícitamente contra UNA VERDAD DE FE.

Asimismo, Bergoglio CONTRAPONE DIALÉCTICAMENTE «el espíritu del clericalismo» vs. «el espíritu de profecía».

Está contraposición totalmente arbitraria, es producto de su aversión hacia la IGLESIA CATÓLICA anterior al Concilio Vaticano II.

Desde el Conciliábulo se puso especial énfasis en el «sacerdocio de los fieles», lo cual fue en detrimento del SACERDOCIO CATÓLICO. Consecuencia de ello es el miserable estado en que se encuentra el «clero conciliar», plagado de escándalos, convertidos en una suerte de activistas sociales, desacralizados, y un largo etcétera, que los hace cada vez más y más parecidos a los predicadores protestantes.

El «espíritu de profecía» (falsa profecía en realidad) bergogliano se encuentra en línea directa de conexión con el CARISMATISMO más rancio, herético y heretizante. Ese que pulula en las «parroquias» conciliares conquistándolo todo, subsumiendo a los pobres fieles en una pesudo-religión sentimentalista y de «experiencias religiosas» que, en el mejor de los casos sólo raya con fenómenos de sugestión e histeria colectiva, pero que, en realidad, representa un abandono de las Verdades de la Fe, una claudicación en lo DOGMÁTICO.

Por falta de conocimiento de las Verdades de FE, el PUEBLO HA PERECIDO. Eso se llama APOSTASÍA.

Bergoglio contribuye con la construcción de la CIUDAD DEL HOMBRE, contrapuesta y enemiga irreconciliable de la CIUDAD DE DIOS.

BERGOGLIO ES UN HEREJE, CREE EN LA HEREJÍA Y ENSEÑA LA HEREJÍA.

BERGOGLIO ES UN ENEMIGO NOTORIO DEL REINADO DE CRISTO.

TAL PERSONAJE NO PUEDE SER OTRA COSA QUE UN FALSO PROFETA.

LOS FALSOS PROFETAS SON ANTICRISTOS.

UN FALSO PROFETA, ¿PUEDE SER UN VERDADERO PAPA?

UN ANTICRISTO, ¿PUEDE LLEGAR A SERLO?

ANATHEMA SIT

VEN SEÑOR JESÚS