LA SOCIEDAD CIVIL CRISTIANA – MONS. PEDRO SCHUMACHER – CAPÍTULO SEXTO – ENSEÑANZA SIN DIOS Y ESCUELAS ATEAS

LA SOCIEDAD CIVIL CRISTIANA

SEGÚN LA DOCTRINA DE LA IGLESIA ROMANA

Texto de enseñanza moral para la juventud

Ilmo. Sr. Dr. PEDRO SCHUMACHER

Obispo de Portoviejo

SOCIEDADCAPÍTULO SEXTO

ENSEÑANZA SIN DIOS Y ESCUELAS ATEAS

El liberalismo, en la guerra que hace a Dios, trata de apoderarse de las escuelas y de los establecimientos de educación, y, consecuente con su principio fundamental, excluye la religión de la educación y de las materias de enseñanza pública. Su propósito es arrebatar a Dios las almas de los niños, y formar una generación nueva que prescinda de Dios y viva sin religión.

Varios gobiernos de Europa y América, entrando de lleno en este liberalismo práctico, han dispuesto que no se enseñe religión alguna en las escuelas públicas. Estas son las escuelas ateas, laicales o secularizadas. Y, a fin de obligar indirectamente a los padres de familia a que envíen sus hijos a estas escuelas irreligiosas, impiden con todos los medios posibles el establecimiento de escuelas cristianas.

No contentos con invertir exclusivamente en estas escuelas impías los fondos públicos y los dineros del pueblo, expulsan las órdenes religiosas de la enseñanza, y ellos, que se jactan de ser defensores de todas las libertades, no quieren convenir en que se enseñe libremente la religión divina a los niños.

Para dar una expresión palpable a esta guerra contra Dios en las escuelas, los liberales, dueños del poder, han ordenado alejar de los locales de enseñanza la imagen de Nuestro Adorable Salvador, y todo recuerdo religioso. Hace pocos años, el alcalde de una población de la diócesis de Grenoble en Francia, se trasladó a la escuela del lugar, acompañado de otros empleados públicos, y tomando el Santo Cristo que allí estaba fue a tirarlo a un lugar de inmundicias.

El hecho siguiente ocurrió en otra escuela dirigida por los Hermanos Cristianos. En cierta localidad de Francia se presentó una comisión que se decía encargada de remover el crucifijo de la sala de enseñanza. Tanto el maestro como los alumnos se conmovieron hasta las lágrimas al ver que les quitaban la imagen del Divino Maestro; pero la comisión procedió entre los sollozos de los niños a ejecutar su triste encargo. Pasado el hecho, los niños resolvieron colocar cada uno algún pequeño Cristo entre los libros de su mesa. Al día siguiente se presentó de nuevo la comisión perseguidora de las santas imágenes y notó que los niños habían suplido la falta del Santo Cristo; entonces se adelantó uno de la comisión, y tomando en sus manos un Cristo, preguntó a su dueño:

«¿Qué es esto?»

«No lo toque Ud., señor,» le fue contestado, «¡esto me pertenece a mí!»

Nuestro Dios, de quien nos quiere despojar el liberalismo, nos pertenece; es propiedad y sumo bien nuestro. Que el pueblo sepa defender esta su preciosa propiedad, resistiendo a planes impíos de la secta.

Para esto es necesario que el pueblo esté sólidamente instruido sobre las verdaderas tendencias del liberalismo, y sepa que sin catecismo y enseñanza religiosa no puede haber ni ciencia, ni virtud, ni civilización. Esto se probará en las cuestiones que siguen.

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I. NECESIDAD DE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA

PARA LA PERFECCIÓN DE LA CIENCIA

1. ¿Para qué se da enseñanza y educación a la juventud?

La enseñanza y educación que se da en las escuelas deben proponerse dos fines, a saber: 1º ilustrar y perfeccionar el entendimiento, y 2º formar el corazón de los niños con la práctica de las virtudes civiles y cristianas.

2. ¿Qué dice el liberalismo sobre esta materia?

El liberalismo sostiene que se debe excluir la religión de la enseñanza y de la educación pública, porque quiere separar al hombre de Dios desde la infancia.

3. ¿Es posible que haya verdadera y perfecta ciencia sin el conocimiento de Dios?

Pretender esto es el más grande absurdo; sin conocer a Dios, la ciencia queda trunca y se priva de la verdadera luz para caminar segura; se extravía y acaba en los más grandes y ridículos errores.

4. ¿Por qué será la ciencia imperfecta si se separa de Dios?

El propósito más noble de la ciencia, y lo que en ella proporciona al entendimiento más elevada satisfacción, es el conocimiento de la sabiduría de Dios, la cual se manifiesta y brilla en las armoniosas leyes y orden de la naturaleza.

Pero la ciencia atea, que excluye a Dios de las leyes del universo, no descubre en éstas otra cosa que una confusión y multitud de hechos, sin dar razón de su verdadero principio y fin.

Así por ejemplo: La ciencia irreligiosa no sabe decirnos nada plausible sobre el origen del universo; sólo la religión nos enseña que Dios crió el universo de la nada.

En cuanto al origen del hombre, nada sabe la ciencia atea; unos dicen que viene de los monos, otros que es tan eterno como Dios, que es el mismo Dios o parte de Él; la religión nos instruye mejor, haciéndonos saber que Dios crió al hombre según su propia imagen y semejanza.

Del mismo modo calla la ciencia irreligiosa, cuando se trata del fin del hombre; muchos ateos dicen que con la muerte se acaba todo para el hombre, porque no se diferencia de la bestia. La religión nos enseña que los justos esperan después de su vida mortal una vida más perfecta y dichosa.

Tal es la diferencia entre la ciencia cristiana y la ciencia liberal o atea.

5. Pero, ¿qué parte tiene la religión en las ciencias naturales, en la aritmética y en la geografía?

Estas ciencias, tomadas aisladamente y por sí solas no hacen al hombre mejor, ni más feliz, por cuánto pueden servir para el bien como también para el mal; pero la religión nos enseña el uso que debemos hacer de ellas, para el bien nuestro y el de nuestros semejantes.

Mas, este es el objeto principal de las escuelas: formar hombres instruidos y virtuosos. Sin religión empero no hay esta educación perfecta.

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II. NECESIDAD DE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA

PARA LA EDUCACIÓN DE LA JUVENTUD

1. ¿En qué consiste la educación de la juventud?

La educación consiste en formar el corazón de los educandos para la práctica de la virtud, y para dominar las pasiones inherentes a la naturaleza humana.

2. ¿Se puede enseñar a la juventud la práctica de la virtud, y el dominio sobre las pasiones sin el auxilio de la religión?

«Querer excluir a la Iglesia de la educación, dice el Sumo Pontífice León XIII, es un grande y pernicioso error. La sociedad no puede tener costumbres buenas, si se quita la religión. La verdadera maestra de la virtud, y conservadora de buenas costumbres es la Iglesia.» (Enc. Libertas).

Un poco de reflexión nos hará ver esta verdad con toda evidencia: sólo la religión tiene principios fijos y estables de moralidad, ella conserva inviolable la ley natural y los preceptos de la divina revelación.

¿Pero qué hará el liberalismo con su «Moral independiente»? Nada en ella es fijo, ni claro, y el alumno, apoyándose en esta misma moral independiente, podrá rehusar con mucha razón todos los preceptos morales que un maestro liberal le propusiere. El liberalismo no podrá decirnos siquiera qué es bueno ni qué es malo.

Pero, y esto no es de olvidarse, la Iglesia no se limita a enseñar el camino de la virtud; ella sostiene nuestros débiles pasos, nos anima y conforta con los auxilios de la vida sobrenatural. La oración y los Sacramentos de la Confesión y de la divina Eucaristía, son los principales auxilios que suministra a nuestra humana flaqueza. ¡Cuánto puede en el alma da los niños la Confesión sacramental, cuánto la santa Comunión que les comunica vida divina, pura, inmaculada!

Los padres y maestros que privan a sus hijos y educandos de estos auxilios religiosos, se privan en su delicada y difícil tarea de la asistencia de Aquél que dijo: «¡Dejad que los niños vengan a mí!» (S. Mat. 19, 14).

Justamente, pues, reclama la Iglesia para sí el derecho de enseñar y educar a la juventud en estas palabras de su Pastor supremo:

«Consta, pues, claramente que el mejor y más seguro maestro del hombre es Dios, fuente y principio de toda verdad, y también el Unigénito, que está en el seno del Padre, y es camino, verdad, vida, luz verdadera que ilumina a todo hombre, y a cuya enseñanza han de prestarse todos dócilmente, et erunt homines docibiles Dei. Pero, en punto de fe y de costumbres, hizo Dios a la Iglesia partícipe del magisterio divino, y con beneficio también divino, libre de error; por lo cual es la más alta y segura maestra de los mortales, y en ella reside el derecho inviolable a la libertad de enseñar.

Y, de hecho, sustentándose la Iglesia con la doctrina recibida del cielo, nada ha antepuesto al cumplimiento exacto del encargo que Dios le ha confiado; y más fuerte que las dificultades que por todas partes la rodean, no ha aflojado un punto en defender la libertad de su magisterio» (Enc. Libertas).

3. ¿Qué pretextos alega el liberalismo para excluir la religión de la ciencia?

El liberalismo pretende falsamente que la religión está en oposición con la ciencia y los progresos de la Civilización.

4. ¿Puede suceder alguna vez, que la verdadera ciencia pugne con la revelación divina?

Esto es imposible: pues cuando algún sabio se forma un parecer u opinión que pugne con la revelación divina, debe saber de antemano que se ha equivocado, porque Dios es el que sabe más, y no puede errar.

«Como la razón claramente enseña que entre las verdades reveladas y las naturales no puede darse oposición verdadera, de modo que cuanto a aquellas se oponga ha de ser por fuerza falso, por lo mismo dista tanto el magisterio de la Iglesia de poner obstáculos al deseo de saber y al adelanto en las ciencias, o retardar de algún modo el progreso y cultura de las letras, que antes les ofrece abundantes luces y segura tutela. Por la misma causa es de no escaso provecho a la misma perfección de la libertad humana; puesto que es sentencia de Jesucristo, Salvador nuestro, que el hombre se hace libre por la verdad» (Enc. Libertas).

5. ¿Qué se entiende por civilización?

Civilización es el estado de cultura y adelanto de un pueblo instruido, de buenas costumbres, y amante del bien público.

6. ¿Tendrá razón el liberalismo cuando acusa a la Iglesia de ser un obstáculo a la civilización?

Esta acusación es del todo contraria a la razón y a los hechos; pues sólo los pueblos cristianos han alcanzado verdadera civilización, y estos mismos pueblos la pierden cada vez que se alejan de los principios cristianos para seguir los del liberalismo.

7. ¿Cuál es pues el verdadero enemigo de la civilización?

El verdadero enemigo de la civilización es el liberalismo; así lo prueba evidentemente la historia de las revoluciones modernas, provocadas e inspiradas por esta secta. Mas en particular resalta esto de la historia de la grande revolución de Francia, que fue provocada y dirigida por las doctrinas liberales. Y, como el árbol se conoce por los frutos, conviene estudiar la naturaleza del liberalismo por las obras que llevó a cabo entonces.