Diálogo con ayuda y plagio (homenaje Les Luthiers)
COMEDIA MUSICAL
Cuando le propusieron al joven Christian Bocacorta que compusiese la letra y la música, e incluso representase un papel en una Comedia Musical basada en la traición de algunos jerarcas religiosos de la Tradición Católica, Christian pidió consejo a su venerado maestro, el profesor Arnaldo Pocavida. Este fue el diálogo:
Pocavida: Muchacho, se han compuesto hermosas partituras para Comedias Musicales; pero debes tener en cuenta que aún en un género menor, como el de la Comedia Musical, se puede notar la calidad del compositor y de los intérpretes…; te aconsejo, pues, que rechaces el ofrecimiento. Salvo que ya no te quede ni un resto de dignidad.
Christian: Nada lo impide entonces, Maestro; puedo aceptar participar en la obra.
Por otra parte, su padre, que se oponía a la carrera artística de su hijo, le escribió:
«Hijo mío, te pido que abandones la música. Es posible que sean mis prejuicios los que me impiden ver tu vocación; pero, por desgracia, no me impiden oír lo que compones.»
En este punto Christian se vio obligado a optar entre su familia y la música, y eligió la música…, para desgracia de ambas.
Terminó de componer su Comedia Musical y, para evitar más conflictos con su familia, se dispuso a firmarla con un pseudónimo que impidiese reconocerlo, incluso por el mejor investigador: Christian Bocalarga.
Como obró en conformidad al pseudónimo… su padre no tardó en enterarse, y le mandó otra carta en la que le decía:
«Hijo mío, si usas ese pseudónimo todos sabrán, no sólo que soy el padre del compositor, sino también que soy el padre de un imbécil.»
Christian reconoció que, esta vez, su padre tenía razón; y se cambió el pseudónimo: mantuvo su nombre en la obra, pero la firmó como Enrico García. Esto solucionó, momentáneamente, el problema con su familia, pero le acarreó demandas penales de treinta y siete familias de apellido García…, con lo cual Enrico se empobreció…
A continuación ofrecemos la letra del DIÁLOGO TELEFÓNICO, que integra el Cuadro Primero del Segundo Acto de la Comedia Musical de Christian Bocacorta, perdón de Empobrecido García, que lleva el siguiente sugestivo título:
El Superior General y un puñado de Jerarcas religiosos tratan de retornar a Roma con precarios argumentos, en medio de un mar de mentiras y trampas, desafiando a la doctrina, a los tradis, y a los modernistas, ante la azorada mirada de los bobos de los cuales está plagada esa, su Congregación.
Nadie pudo convencer al joven compositor que la extensión del título era más bien propia de una síntesis de la obra…. Por eso a nadie le extraño que, cuando se le solicitara un resumen del argumento a modo de gacetilla, Christian escribiese la siguiente descripción:
Resumen del argumento: «Adiós, a la Tradición.»
SEGUNDO ACTO
CUADRO PRIMERO
DIÁLOGO TELEFÓNICO
Christian: Hola… Oui… Pásame con el Jefe, s’il vous plaît… Oui, espero.
El Jefe: Allo… Christian…
Christian: Hola Jefe, en qué menudo lío estoy metido por su culpa…
El Jefe: Ma faute ?
Christian: Y sí… Acá me están pegando palos por los cuatro wines, Jefe…
El Jefe: Sí…, ya me he enterado; en Francia también hablan bastante sobre este asunto… Permítame sugerirle…, tómese unos días, váyase a algún lado, descanse…
Christian: Pero… ¿Y qué les digo a los fieles y a los sacerdotes?
El Jefe: No sé… Dígales que tiene un casamiento…
Christian: Se van a dar cuenta…
El Jefe: No si les dice que usted es el novio… Con la sorpresa, usted tendrá un margen, aunque escaso, suficiente para escapar…
Christian: Ah… ¡Qué buena idea!… No lo había pensado…
El Jefe: No me extraña…
Christian: ¿Qué dijo…?
El Jefe: …. Digo…, que… ¿si no me extraña, usted?, querido Christian… Je je
Christian: ¡Ah!… Sí, Jefe; la verdad es que en mi situación… extraño todo, Jefe; a mi mamá, a mi perro…, y hasta a usted, Jefe…
El Jefe: Tranquilo Christian… Todo esto pasará pronto. Mis cálculos…, nuestros cálculos no nos engañan, y pronto nos sacaremos de encima a todos esos imbéciles recalcitrantes, y Roma nos recibirá exultante…
Christian: Pero, Jefe…, los que mandé que fueran a la Catedral, ahora están como locos. Y eso sí que es culpa suya…
El Jefe: Explíqueles…
Christian: ¡¿Qué les voy a explicar…?! De lo único que estos entienden es de cálculos renales… Primero los hago ir a la Catedral a rezar el Rosario (ya rezaron tres Cruzadas de no sé ya cuántos millones de Rosarios…); después clarinié que fueron unos estúpidos estériles; luego usted me hizo decir que el pueblo judío no cometió el deicidio… Y ahora… Esos tipos no son estúpidos (a pesar de que lo dije…) y creen que los judíos sí son deicidas… No podemos… Non possumus… Son muchos errores… Van a hacer un Syllabus con ellos… Ya tuve que cambiar de domicilio como cuatro veces… Uno de ellos me mando un mensajito al teléfono que dice: «No se cruce en mi camino»… ¡¡¡Me van a matar!!!
El Jefe: Christian, Christian, ¡¡¡Christian!!! Usted no se preocupe; soy consciente de su situación…
Christian: ¿Y con eso, qué gano? ¿De qué me sirve? Por otra parte, los de la Radio, los resistentes, los de la línea media… hasta los de la línea un cuarto… están desencadenados… me tienen «alquilado»… me sacuden todos los días, todos los días, todos los días… y recién van cuatro… Esos locos me la van a seguir toda la vida. El único que me defiende es el Hermindo…
El Jefe: ¿QUIÉN?
Christian: Es de diez, aunque tiene una banda en los ojos… Hermindo, un muchacho que se cree todo lo que le digo… Pero el día que se avive…, ese también… Cuando se la caiga la banda…, ¡me va a matar!
El Jefe: Tranquilo… ninguno de esos mató a nadie.
Christian: ¡No! ¡Claro!… ¡YO VOY A SER EL PRIMERO! Además, en este país me odian ya… ¿Cómo les explico que, en realidad, todo esto que dije es nada más que una estrategia suya, Jefe…? Nadie entiende nada… Ni los sacerdotes… Aunque, es cierto, que nada dicen… Ya se acostumbraron… Pero estoy como un cordero rodeado de lobos…
El Jefe: Christian, usted lo acaba de decir… Ya se acostumbraron… No está rodeado de lobos, está rodeado de BOBOS… A ver si se calma un poco. Todos esos son tontos, que no entienden que «todo esto es política», no saben nada… Déjelos, cuando se den cuenta, nosotros ya estaremos en Roma; y usted, mi querido Christian, estará a mi lado, como uno de mis principales asesores…
Christian: Suena lindo…
El Jefe: Imagínese… Las oficinas que tendremos en la Casa Santa Marta…, cuando manejemos un Dicasterio. Sueñe… Piense en grande Christian, que ya falta muy poco… ¡Ahhh! Y no se olvide de aprender, de una buena vez, a tomar mate…; le va a ser muy útil…
Christian: Bueno, Jefe… Me deja un poco más tranquilo… Lo dejo, entonces…, tengo que cortar…, porque escuché pasos en el pasillo y no quiero que me encuentren. Nadie sabe dónde estoy…
El Jefe: Listo, Christian, tranquilo… No se olvide de pedirles a los fieles que recen muchos Rosarios por NUESTRAS intenciones… Usted me entiende… Y no se olvide lo del mate…
Christian: Sí, Jefe… Sí consigo que alguno que me escuche antes de pegarme, se lo voy a pedir… Gracias. Adieu.
Click…
Del otro lado…
Schmid: ¿Quién era, Jefe?
El Jefe: Uno de esos bobos que estamos usando para cumplir con nuestros objetivos. Bocacorta… buen muchacho… Una lástima…
Schmid: ¿Ya aprendió a tomar mate? Yo puedo entrar en el próximo acto, porque lo uso como un oboe…
El jefe: Si… pero no sople…
