Tras el artículo de Osko, en el cual parece no estar muy de acuerdo con mi exposición sobre el tan traído y llevado «tema Bouchacourt», me veo en la obligación de hacer dos puntualizaciones:
1ª.- Que estoy absolutamente de acuerdo con su exquisita exposición del tema.
2ª.- Que el objeto de la mía, no fue otro que el utilizar la ironía, dadas las múltiples expulsiones de la Fraternidad de sacerdotes incómodos para las pretensiones acuerdistas y donde el caso más lacerante, si cabe, fue el del P. Basilio Méramo, quien por defender la ortodoxia y ser el primero que supo poner a tiempo el dedo en la llaga, se le defenestró. Defenestración que no se ha sabido valorar en su justa medida, precisamente por aquellos que tuvieron en su momento la obligación moral de apoyarlo y darle el valor y la importancia por el arrojo que mostró y que la ocasión y circunstancias exigían. Y que después, más tarde, se vieron obligados a defender los mismos principios por lo cuales él, fue expulsado injustamente.
Es obvio que habría que ser demasiado estulto, para no darse cuenta de que a Bouchacourt no lo van a expulsar, pues él sólo es la voz «de su amo» y evidentemente no se hubiese atrevido a afirmar lo que afirmó si no hubiese tenido la anuencia del jefe. Me imagino que tan tonto no es, él se debe y debe el cargo que ostenta, cual buen εφηβος, al amo que le da de comer y del que come en su mano.
Sin otro particular, mis felicitaciones a Osko, cuyo artículo yo también suscribo.
Andrés Carballo.
