PÍO XII Y LA FAMILIA CRISTIANA
Discursos de Su Santidad Pío XII a los recién casados ente los años 1939 y 1943
EL PATROCINIO DE LOS SANTOS APOSTOLES
28 de Junio de 1939
Si siempre venimos con íntimo gozo a vosotros, queridos recién casados, nos es particularmente grata la audiencia de hoy, que asume una solemnidad e importancia especial por el hecho de coincidir felizmente con la Vigilia de la festividad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo: fiesta de Roma ante todo, de esta Roma que la inefable disposición de Dios quiso designar como sede del primer Papa y de sus sucesores.
Pero fiesta también de toda la Iglesia, que esparcida por todas partes del mundo, conmemora el glorioso triunfo de aquel a quien Jesucristo nuestro Señor dijo las memorables palabras: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».
Habéis venido para pedir y recibir la bendición Apostólica: bendición verdaderamente apostólica, porque os la imparte el sucesor, aunque indigno, de Pedro. Lo que Jesucristo dispuso, dura aún; y Pedro, perseverando en aquella solidez de piedra que le fué comunicada, no deja el timón de la Iglesia que una vez empuñó.
Así ahora desempeña más poderosa y vigorosamente el cargo que se le confió, y ejercita todos los deberes de su oficio y de sus cometidos en Aquel y con Aquel por quien fué glorificado.
De esta Bendición Apostólica esperáis vosotros favores y gracias celestes, protecciones y ayudas sobre las nuevas familias que vais a fundar. Tened fe: el patrimonio y el ejemplo de Pedro y del Gran Doctor de las Gentes, San Pablo, serán valederos y eficaces para todos vosotros.
San León Magno (como otros Padres de la Iglesia) llega a llamar a los dos Santos Apóstoles, con estupenda imagen, los ojos del cuerpo místico cuya Cabeza es Cristo, ojos fúlgidos y esplendentes, ojos paternos y misericordiosos, ojos benignos y vigilantes, ojos que siguen nuestro camino espiritual, ojos que se vuelven hacia acá abajo para alentar y animar, y hacia arriba para interceder e implorar gracia a quien aún se fatiga en la tormenta peligrosa y dura de la vida.
Vosotros, amadísimos recién casados, conservad esta fe, y transmitidla incorrupta a los hijos que la Divina Providencia quiera concederos: conservad y transmitid esta esperanza en la protección de los Príncipes de los Apóstoles, y con ella la devoción y la adhesión inquebrantable, sea cualquiera su persona, al Vicario de Cristo, sucesor de San Pedro.
Recibid, pues, nuestra paterna Bendición, que os impartimos con afecto, extendiéndola a todas las personas y cosas queridas sobre las cuales deseáis que descienda largamente.
