![]() 14 de noviembre de 2013 |
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Escolios* de Nicolás Gómez Dávila |
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EscolioLa Iglesia actual excluye gentilmente del depósito revelado todo lo que la opinión pública condena. (T. II, p. 49)* * * [Por favor prescinda de lo siguiente si lo anterior es claro para usted, como de hecho deseo] Comentario (con perdón de don Nicolás y de los lectores): Nadie hay más condescendiente que quien no cree sino en el hombre, y que cree que el hombre es aquél ser cuyo bienestar constante y felicidad diaria son los mayores bienes del universo, bienes ante los cuales debe plegarse o abatirse toda otra consideración o realidad. Un hombre así por fuerza rinde culto a su bienestar personal y privado, satisfaciendo su deseo de vivir en paz, sin conflicto alguno. Eso es justamente el hombre de hoy, pero sobre todo el “católico” de este largo hoy, consecuencia de haber sido adoctrinado por una fe espuria expresada en documentos como Gaudium et spes, Dignitatis humanae y afines: ¡el hombre ha tomado conciencia de su dignidad!, ¡el hombre es por fin adulto!, ¡hay que trabajar para el hombre!, ¡la justicia y la igualdad son el fin del trabajo de la Iglesia!, etc., etc., etc. Adórese, pues, al ser humano: “la Iglesia también tiene el culto del hombre”, dijo Pablo VI —de infausta memoria— en tono laudatorio. Así, pues, lo que cualquier hombre crea, piense y diga, a menos que hiera los sentimientos de otro hombre, está bien. Por eso la “opinión pública” ha llegado a ser lo que “es”: un fantasma inexistente hábilmente usado por algunos y ante el cual todos se postran y nadie contradice: ni la “iglesia”. Antes era Ella (por la autoridad y la asistencia de Dios) la que condenaba: es decir, Dios mismo. Hoy el juez condenatorio es esa “opinión pública”: el hombre. “Gentilmente” suena a fina ironía: ¿qué puede haber de gentil (fino, gallardo, delicado) en ocultar la Verdad, en callar la Verdad, en tergiversar lo enseñado por Dios para nuestra salvación? (¡Hasta a la suplantación de sor Lucía llegaron!). Esa gentileza diabólica, esa amistad fingida, esa amabilidad sibilina es odio puro del maligno, seducción vil, falsedad satánica. Que es así se ve claramente en que los apóstatas sonríen, se hacen amigos de herejes y de idólatras, y manifiestan una rabia insana contra los católicos que pretenden ser fieles a la revelación divina y conservar lo recibido. Por último, un detalle de ortografía (que no es asunto baladí): el uso inveterado de la mayúscula, quizás, hacía imposible a don Nicolás quitárselo a la palabra “iglesia”, pero estoy seguro de que él no creía que la que llamaba “Iglesia actual” fuera la Iglesia de Cristo: él sabía bien que la sal había perdido su sabor y ya solo servía para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. |
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Sobre esta edición de los escolios y escolios publicados Sobre Nicolás Gómez Dávila |
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| * Según la Real Academia Española de la Lengua, escolio (del lat. scholĭum, y este del gr. σχόλιον, comentario) es el sustantivo masculino para designar una «nota que se pone a un texto para explicarlo». | |


