ANEXO A LOS ESPECIALES
SOBRE BELLEZA Y ARTE
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5ª TROMPETA Y 3ª COPA
Y vi y oí
La voz de un águila volando
Por la mitad del cielo
Y diciendo con grande voz: –
«Guay, guay, guay
De los habitantes de la tierra
A la voz de los Tres Angeles
Que han de clarinear.»
Lo que viene ya es del Anticristo: herejías totales en todo sentido, la Guerra de los Continentes, la Parusía.
Y el Ángel Quinto clarineó –
Y ví una estrella del cielo
Que cayó a la tierra –
Y se le dio la llave del pozo del infierno –
Y se levantó un humazo
Del pozo del infierno
Como la humareda de una chimenea
Y del humo del pozo
Salieron langostas sobre la tierra.
El Profeta explica el oscurecimiento del sol y de la luna (el conocimiento de Dios y de Cristo) de la Tuba anterior por la caída de una «estrella del cielo». Holzhauser dice que fue el Emperador Valente, protector de los arríanos (!) y Eizaguirre opina más plausiblemente fue Lutero. Yo diría más bien Calvino, el teorizador teológico del protestantismo, al cual en gran parte debe la herejía su triunfo sobre un tercio de Occidente. Poco importa quién fue: la humareda oscureció el conocimiento de Dios.
Y del humo del pozo
Salieron langostas sobre la tierra –
Y se les dio potestad
Como los escorpiones de la tierra –
Y prohibido les fue
Dañasen la gramilla de la tierra
Y todo lo verde
Y ningún árbol –
Sino sólo a los hombres
Que no tienen el sello de Dios
Sobre las frentes –
Y dióseles que no los mataran
Más los atormentaran cinco meses: –
Y el tormento dellas como el tormento
De los escorpiones
Cuando pican al hombre –
Y en aquellos meses
Buscarán la muerte los hombres
Y no la hallarán –
Y desearán morirse
Y huirá dellos la muerte.
El «enciclopedismo» de los sedicentes «filósofos» del siglo XVIII; o sea el naturalismo religioso que empezó por el deísmo y se prolonga en el actual modernismo: la peor herejía que ha existido, pues encierra en su fino fondo la adoración del hombre en lugar de Dios, la religión del Anticristo. Manuel Kant escribió su tratado de La religión dentro de los confines de la razón pura, diciendo que con eso por fin el hombre había llegado a su mayoría de edad (Mündigkeit).
En realidad es sujetar a Dios bajo la razón del hombre y hacer a su pobre intelecto supremo y absoluto: de hecho, aunque no formalmente, eso hacían los deístas ingleses, rechazando todo misterio y midiendo la religión por el caletre del hombre. [34] Todo eso nació del Protestantismo. Cinco meses – de años – son 150 años.
El tormento que el veneno desos sofistas brillantes, hábiles y perversos causó, lo conocemos: dura hoy día. Propagaron, junto con la frivolidad intelectual, la angustia, el temor y la desesperación pagana. El pesimismo actual – Schopenhauer – data dellos.
Aunque Voltaire y Diderot fueron personalmente optimistas –aunque no el Cándido ciertamente – y vividores o calaveras, el Pesimismo actual, que tanto combatió Chesterton, viene dellos. Los románticos franceses, sobre todo, prosiguieron el culto de la muerte, de la tristeza y la desesperanza, que culmina en Baudelaire; por no nombrar al desdichado Lautréaumont. Basta leer Rollá de Alfred de Musset para poder aplicar al siglo pasado las palabras del Profeta, que «deseaban la muerte y la muerte huía dellos», pues deseaban una muerte «romántica». Pero ese veneno no afectó a «todo lo verde», a los que tenían el signo de Dios sobre, la frente – a los cristianos practicantes. Al contrario, reverdeció la poesía y arte católicos en esos días.
Y el aspecto de las langostas
Como el aspecto de los caballos
Aparejados para la guerra –
Y en la cabeza dellos
Como coronas
Como de oro – [35]
Y los rostros dellas
Como rostros de hombre
Y la cabellera dellas
Como cabellera de mujer –
Y los dientes dellas
Como dientes de leones –
Y llevaban corazas
Como corazas de hierro –
Y el sonido de sus alas
Como el sonido de carros y caballos
Corriendo a la guerra –
Y llevaban colas como de escorpión
Y aguijones –
Y en las colas está su potestad
Como el sonido de carros y caballos
De atormentar a los hombres
Cinco meses – [de años].
Buen símbolo de la manga de sofistas que atormentó al mundo más de un siglo, validos de la llamada «libertad de prensa», que es la patente del sofista. De la Revolución Francesa a la Gran Guerra del 39 corren unos 150 años; y en ese tiempo vigió la «libertad de prensa», que son las «alas que hacen estruendo» de los sofistas. Desde la Gran Guerra, se acabó la libertad de prensa: los Gobiernos y los Consorcios Capitalistas se incautaron fuertemente del famoso «cuarto poder del Estado», el periodismo. Los sofistas que se desencadenan al fin del siglo XVIII se parecen realmente a caballos de guerra y a grandes carros bélicos: ver por ejemplo en La Révolution Française, de Pierre Gaxotte, el poder extraordinario que tuvieron en esa sociedad corrompida, el ruido que hacían, el «rostro de hombre» razonable y sabio que tenían, los meretricios femeninos de la gracia y el brillo literario, y la pornografía: de hecho, son considerados causa principal del descarrío de la Revolución de 1789 [36] la cual comenzó bien, y después se envenenó.
Y el Tercer Ángel volcó su Redoma
sobre los ríos
Y las vertientes de las aguas –
Y se volvieron sangre
Los ríos y las vertientes –
Y oí al Ángel de las Aguas
Diciendo: –
«Justo eres
Tú, el que Eres y el que Era
Tú, el Pío
Que esto juzgaste –
Porque vertieron de los Profetas la sangre
Ahora deben beber sangre: –
En esto, justo has sido.»
Esta plaga representa la corrupción de nuestra cultura; della han de beber los hombres para vivir. La cultura no es un lujo ni un divertimiento: ella es necesaria, es el tajamar contra la barbarie, siempre latente en el hombre. La Religión necesita de la cultura verdadera: la religión católica es una religión cultural, no primitiva; por eso ella conservó la cultura antigua durante el Bajo Imperio y los Siglos de Hierro amenazada. Hombres religiosos se hacían monjes para copiar manuscritos, no sólo de Cicerón y Virgilio, pero ¡de Petronio!
San Benito, padre de los monjes de Occidente, inventó una Orden y una Regla admirables: vio que era necesario algunos hombres se dedicasen al estudio, y otros trabajasen manualmente para mantenerlos; y otros, a la tarea intermedia de copiar y conservar el depósito de la antigua cultura, amenazado por los bárbaros del Norte; cubriendo así los tres puntos vitales de la civilización europeas; [56] y al mismo tiempo cantasen todos juntos el oficio divino, y enseñasen la agricultura a los belicosos bárbaros, y toda cultura, junto con los cuatro Evangelios.
Vemos hoy cómo se corrompe la cultura; que se le puede aplicar lo que Tácito dijo de la de su tiempo: «al corromper y ser hecho corrompido, a eso llaman cultura». Mucha música y poca lógica, decía mi tío el cura teníamos ahora los argentinos: esteticismo y no razón; y ese esteticismo no para acarrear el puro goce estético sino para divertir, distraer … hacer reír – como bestias, ver los sainetes del Teatro Porteño –; en suma, disipar; cuando no para afrodisiar. Dicen con ufanía que los argentinos somos muy dados a la música y aptos a ella, aunque no haya surgido aquí todavía ningún Mozart; pero a mí me da mala espina lo que afirma el doctor Soílier en su Psychiatrie, que los idiotas e imbéciles característicamente son aficionados a la música. Y lo malo es que a mí también la música me gusta; y también a los Santos del cielo, según parece por San Juan.
La Bestia deforme del Apokalypsis, que todos decían era impintable, e incluso se reían de San Juan (Goethe y Renán, por ejemplo), de haberla imaginado, resulta que ahora el llamado «arte moderno» pinta cosas que la recuerdan y aun la empeoran. Y callo de otras corrupciones más profundas, de la filosofía, de la enseñanza, de la literatura «espiritual» o devota.
Y existe una relación entre este veneno que corre hoy a ríos, y la sangre derramada de los profetas; pues son los profetas en última instancia los que mantienen – o mantenían – sana la cultura; pues toda gran arte y gran filosofía tiene una raíz religiosa. Suprimen a los profetas, se pudre la cultura. Hay que ver la estofa de los profetas que ahora nos imparten cultura a mares desde los diarios, las revistas, la radio, la televisión, las novelas, las poesías y las cátedras. Hay que verlos, pero un rato no más, para conocerlos. Nadie puede abrevarse allí asiduamente, y sobrevivir.
Toda la «cultura» argentina está falsificada e intoxicada. Los veramente cultos están relegados; y aun hostigados, si tienen dones proféticos. Justo eres, Dios, en esto.
Si al más grande poeta del mundo le hubieran encargado hiciese un símbolo de la cultura envenenada, creemos hubiese exclamado: «¡Aguas vueltas sangre! ¡Ríos, arroyos, vertientes potables pero tóxicos! ¡Los íntimos veneros del espíritu objetivo contaminados por el error y el vicio! … »
Y oí al del Altar diciendo:
«Cierto, Señor, el Dios, el Pantocrátor
Justos veraces son los juicios tuyos.»
«El Veraz» es el epíteto de Jesucristo preferido por San Juan. Y es de notar que en todas esas Plagas se alaba a Dios en el cielo, no solamente de «justo» sino también de «pío» («ósios«).
